Riqueza y pobreza

Documentales

Foto: eldocumentaldelmes.com

Según el diario ABC de España, y citando el último Informe de Intermon Oxfam, “Las 26 personas más acaudaladas del planeta concentraron el año pasado tanta riqueza como las 3.800 millones de personas más pobres, cuando en 2017 eran 43 y ya han transcurrido 10 años desde el inicio de la crisis económica global”.

Aunque no es un problema que comenzara ahora, probablemente nunca como en este siglo se ha hecho tan evidente la desigualdad en el reparto de la riqueza del mundo. Desde sus consolidación en el s. XVIII el sistema culpable de que esto suceda -el capitalismo- ha tenido quien denunciara este aspecto clave de su estructura, aunque las propuestas de solución para ello no siempre terminaron de la mejor manera (Unión Soviética dixit).

Sin embargo, aquella situación de desigualdad es completamente insostenible, tanto desde el punto de vista de quienes quieren un mundo más justo como de quienes creen que esto nos llevará al desastre más tarde o más temprano. En este abanico -que no pretende ser exhaustivo- hay teorías y propuestas de todos tipo: desde los que plantean el Socialismo hasta los partidarios de la Teoría del Decrecimiento.

Una de las propuestas que ha empezado a cobrar cada vez más fuerza a partir de fines del siglo pasado es la llamada Renta Básica Universal; que consiste -en muy pocas palabras- en el reparto de una suma fija de dinero a cada uno de los ciudadanos, por el sólo hecho de serlo. 

El documental Free Lunch Society (2017), del director Christian Tod, es el acercamiento más interesante que yo conozco respecto a este tema. Basado en entrevistas a aquellos que están motorizando esta iniciativa (desde empresarios liberales a militantes de base), a mi entender el documental tiene una virtud muy importante: aborda las cuestiones principales que pretenden invalidar esta propuesta. Estos son: que no hay dinero para ello, que fomentaría la vagancia social, que la economía se resentiría y, at last but not least, muestra tres ejemplos donde este experimento se ha aplicado: Alaska, USA y Namibia (!!!).

Para nada tengo claro si esta es la solución para conseguir un mundo más equitativo, pero este documental plantea una solución que no puede rebatirse simplemente con adjetivos descalificativos. 

JB Chorch

Web oficial: www.freelunchsociety.net 

La vida, la muerte y viceversa

Libros

Llegado a un punto en la vida creo que los pensamientos sobre la muerte y cómo vivir el tiempo restante empiezan a cobrar una presencia cada vez mayor. Y no lo digo en un sentido trágico. Creo que tiene –o debería tener- cierta naturalidad. Lo que sí creo que así se empieza a revertir algo que –al menos en Occidente- es justamente lo contrario: un ocultamiento de la caducidad de la vida, lo que conlleva una vida plagada en necesidades fútiles y sentimientos vacuos. Seguramente la sociedad de mercado y sus demandas comerciales no están lejos del origen de aquel “ocultamiento”.

En su libro “De vidas ajenas” –probablemente uno de mis favoritos y de los que más he regalado- Emmanuel Carrere toma este tema a partir de dos experiencias vividas en carne propia: unas vacaciones en Tailandia cuando el tsunami de 2004 donde muere la pequeña hija de un matrimonio amigo, y la muerte por cáncer de su cuñada, tiempo después. Con su pluma magistral describe los sentimientos suyos y de sus allegados en ambos momentos, lo que –dicho en un trazo grueso- le lleva a una conclusión contundente: la (mejor) vida de los enfermos terminales realmente comienza cuando deciden reconocer y enfrentar la enfermedad. La forma en que llega a esta conclusión es para mí sobrecogedora y aún hoy me estremece cada vez que recuerdo su lectura.

Ric Elias era un ejecutivo de marketing corriente cuando en enero de 2009 tuvo que hacer un viaje en el avión que realizó un aterrizaje forzoso en el río Hudson en Nueva York. En la charla de TED que dejo más abajo cuenta sus vivencias durante esa experiencia, la cual vivió en un asiento de la primera fila y en la que llegó a convencerse que iba a morir. En el vídeo de sólo cinco minutos cuenta esos terribles momentos y deja tres conclusiones que, adaptadas a la realidad de cada uno, deberían tomarse muy en cuenta.

JB Chorch

Rick Elias en TED: tres cosas que aprendí mientras mi avión se estrellaba

Naúfragos

Fotografías

En el noticiero del mediodía de ayer en la 1 de Televisión Española se informaba que el Mediterráneo “había devuelto” en Cádiz (España) el cadáver Nº 12 de una cáscara de nuez -familiarmente llamada patera- que transportaba 40 refugiados subsaharianos, entre ellos varios niños, que naufragó la semana pasada. Para complementar el dato se informaba que en el año ya habían muerto 652 personas tratando de cruzar el Mediterráneo. Y muchos miles (¿10, 20, 30 mil?…) desde que se empezaron a contar. (+info)

Fotos: Javier Bauluz y EFE

Ya he tocado varias veces el tema de los refugiados que huyen principalmente de un Africa desvastada por la explotación y el abandono (curiosa paradoja) de Occidente. Y confieso que me sigo preguntando si es un tema que amerite tanta dedicación en un blog como MdC, que pretende ser un “Lugar de recomendaciones”, un espacio donde algunas miradas sugieren a otros dónde y qué mirar. No tengo una respuesta clara a eso. Quizás por eso lo sigo haciendo, hasta encontrarla.

Y paso directamente a mi post de hoy, ahorrando a los lectores la lectura de mis palabras para usarla en la recomendación, ya que no es más un artículo de la revista La Marea firmado por Patricia Simón (periodista freelance) y con fotografías de Javier Bauluz (primer español que recibió un Pulitzer), donde describen hasta doler el estómago en qué consiste esa fatal combinación de náufrago y migrante.

JB Chorch

Enlace al artículo: Cuando los naufragos son migrantes

Music is in the air

Documentales, Música

Foto: Getty Images en wsj.com

Como la mayoría, escucho música desde mi adolescencia, cuando nos juntábamos con amigos a oír nuestros respectivos discos (vinilos, en esa época) y mostrar nuestras últimas adquisiciones.

En algún momento posterior descubrí el jazz y me hice muy fan, incluso buscando justificaciones a diestra y siniestra de porqué el jazz era la “música del futuro”. Aún conservo una colección de más de 200 vinilos de casi todos los estilos.

Años después descubrí el blues, antecesor y pariente pobre del jazz, y también me hice muy aficionado, cosa que aún se mantiene. Eso me llevó no sólo a escucharlo sino también a involucrarme en programas de radio, escribir algunos artículos periodísticos, fundar junto a otros aficionados y presidir durante cuatro años la Sociedad de Blues de Madrid e, incluso, hacer un documental sobre el género en Rosario, la ciudad de Argentina donde residí más de 20 años (el docu se llamó “Rosagasario blues” y puede verse aquí)

Essta relación intensa con la música siempre tuvo un lado “pendiente”, y es el de aprender a tocar algún instrumento. En mi casa nadie lo hacía (aunque mi padre era muy aficionado al tango y fue el que me inculcó el gusto por la música) y siempre me reprimí bastante eso de lanzarme y experimentar. Aún hoy sigo intentándolo, y no descarto alguna vez dominar la armónica.

Todo esto viene a cuento porque el hecho de “tener pendiente” lo de tocar me lleva a pensar mucho la relación con la música. Por eso este post, que acabaré con un documental de 1966 del gran pianista de jazz Bill Evans (a quién descubrí en aquellos primeros años del jazz) llamado La Mente Universal de Bill Evans, y donde conversa con su hermano Harry acerca de cómo es el aprendizaje, la improvisación y todo lo que involucra el proceso creativo.

Si no consigo que el documental os interese, al menos espero que -para quien no lo conozca- os anime a escuchar a Bill Evans. Una verdadera delicia.

JB Chorch

Facebook & me

Internet y RRSS

Navego en Internet desde mucho antes de la existencia de las redes sociales, cuando Google era uno más, y no el amo y señor de las búsquedas, y existían otros buscadores tales como Altavista, Lycos, etc. (en este enlace podéis curiosear, si no los conocíais) y toda la comunicación interpersonal estaba centrada en el correo electrónico y en algunos chats muy básicos y primitivos.

Luego, con la llegada de las redes sociales y en especial Facebook, me subí con mucho entusiasmo a esa posibilidad (casi) infinita de poder conectar con amigos y familiares que hacía años no veía o vivían muy lejos. Y aunque con un amigo conversábamos mucho sobre el tema y especulábamos sobre la segura transformación comercial, en ese momento era la utopía comunicativa hecha realidad.

Así es que, luego de abrir mi perfil y ajeno a cualquier prevención, me sumé a los muchos que completaron la información con todos y cada uno de mis gustos y preferencias acerca de películas, música, lugares que visité, fotos de todo tipo y cada categoría que el Face me propusiera rellenar. Junto con ello –of course– el tiempo de estar conectado creció hasta niveles impensados, por no decir permanente.

Pero, desde hace un par de años, la relación empezó a cambiar. Sumado a un cansancio personal (intuyo que el de muchos más, pero no tengo datos para corroborarlo), comenzaron a aparecer (o, simplemente, yo les comencé a prestar más atención) informaciones sobre la creciente manipulación de aquellos datos generosamente cedidos a la plataforma y los cambios que esa exposición provocaba en la sociabilidad, alentado un ensimismamiento muy nocivo, caldo de cultivo ideal para las Fake news.

Todo ello fue provocando también una creciente aparición de artículos de expertos recomendando morigerar el tiempo de conexion, cuando no abandonar las redes, ya imposibles de cumplir aquella promesa de comunicabilidad.

En este momento estoy en un proceso de “retirada” temporal, intentando limitar mi exposición a accesos puntuales y a un uso promocional de mi actividad profesional, mientras leo con interés (y recopilo) todos los artículos que refieren a lo que me atrevo a llamar un “momento post Cambridge Analytics”, en relación a la denuncia por manipulación de datos de Facebook para la campaña que llevó al triunfo a Trump.

Comparto con vosotros la reflexion y algunos de esos artículos:

Jaron Lanier, pionero de Internet, quiere que dejes las redes sociales

Como enmendar la crisis de Facebook sin enfadar a nadie

Víctor Sampedro: “Cada comunidad consume su propia mentira”

Exconectados: se bajan de las redes sociales para ser más felices

JB Chorch