Relatos y emociones

Libros, Links, Literatura y Poesía

Me reconozco ferviente y apasionado seguidor de lo que -tanto en cine como en literatura- se suele denominar como no-ficción. Como yo lo entiendo se denomina así a las obras que se valen de los recursos narrativos de ambos mundos y donde los relatos se basan en hechos reales, pero que se diferencian de aquellas producciones que también utilizan elementos de la realidad -reportajes televisivos, ensayos históricos, documentales de naturaleza, entrevistas, biografías, etc- y que se centran principalmente en informar sobre un hecho. Dicho de otra manera, son aquellos trabajos donde la historia, o información, está supeditada a los recursos formales -cinematográficos y/o literarios- utilizados para contarla. Los dos referentes actuales (hay muchos más) de esta forma de entender la no-ficción para mi son Emanuelle Carrere en literatura y Errol Morris en cine, de los que ya he hablado de ellos en este blog (y volveré a hacerlo, seguramente).

No he leído más que tres o cuatro libros de Paul Auster pero tengo la intuición de que suele transitar muchas veces por el camino de la no-ficción. Estoy convencido de ello desde que vi la peli su Smoke, realizada a medias con Wayne Wang. Aunque es una película de ficción, esta impregnada de ese espíritu que yo busco en las obras de no ficción, y creo que eso puede apreciarse en el fragmento que enlazo en el título. De la misma manera creo que el libro que encabeza el post también transita con ese espíritu.

“Creia que mi padre era Dios” no está escrito por Auster, sino que son historias reales escritas por oyentes de un programa de radio donde el escritor participó durante más de un año. El plan original de Auster era leerlas en el programa (y lo fue haciendo), pero como recibió más de 4 mil decidió hacer una selección y eligió 179, que son las que componen el libro. Los autores pertenecen a distintas edades, condiciones sociales, razas o religiones, y los temas tratados son de los más diversos: de la pornografía a la espiritualidad; de la amistad a la guerra; del odio al amor, de la ilusión al desencanto, de la vulgaridad a lo sublime.

Todas las historias están narradas en primera persona y tienen una fuerza tal -fruto de su autenticidad- que muchas de ellas han logrado emocionarme hasta las lágrimas.

Al fin y al cabo, creo que de eso se trata.

JB Chorch

Algunos relatos a modo de ejemplo

Dolor y resignación en la prosa de Alice Munro

Libros, Literatura y Poesía

Antes de comenzar me gustaría pedir perdón a los lectores de este blog, a los que imagino bastante más cultos e instruidos que yo, por presentar como descubrimiento (para mí lo ha sido) a una autora como Alice Munro, premio Nobel de Literatura en 2013 y probablemente la mejor cuentista canadiense de todos los tiempos. Mi vida querida apareció en mi ebook este verano, producto probablemente de alguna recomendación olvidada y de una tendencia a la compra compulsiva por internet. Diez cuentos y cuatro piezas más que, tal y como nos explica la autora, no son exactamente cuentos sino que conforman una unidad “autobiográfica de sentimiento”.

Ya sea en la ficción o en fragmentos sobre su vida, lo que más llama mi atención de la literatura de Munro es la maestría en la normalidad, la falta de estridencia con la que presenta situaciones límites, acontecimientos desgarradores que sacuden a los personajes sin derrotarlos. Los hombres y las mujeres (sobre todo las mujeres) de Mi vida querida
transitan por sus vidas con la misma naturalidad con la que la prosa de la autora nos conduce por sus historias de dolor y pérdida. No se desgarran, no luchan, a no ser que entendamos la batalla como resignación para poder seguir vivas. El descubrir que el amor de tu vida es en realidad tu chantajista, el asistir como cómplice al ahogamiento de tu hermana, el ser plantada y deportada hacia ninguna parte en el día de tu boda… podrían ser el origen de una tragedia contemporánea, pero en la pluma de Munro asumen la carga de las miserias cotidianas. Tal vez por eso muchos de sus cuentos muestran a sus personajes tiempo después del conflicto, sobreviviendo en la mediocridad de la vida
diaria.

La prosa de Alice Munro, sus personajes, son cualquier cosa menos mediocres, la vida probablemente lo sea, pero hallazgos como el de este libro, la hacen mucho más transitable.

Bea

Carrère, siempre Carrère

Literatura y Poesía

Hace unos post atrás, recomendé un libro –Limonov– elogiando el estilo particular de su autor: Emmanuel Carrère. Ahora os dejo una entrevista al mismo, donde el autor habla sobre la objetividad, la ficción y la verdad, tanto en relación a la literatura como al periodismo.

Aquí un pequeño fragmento, donde Carrère responde a una pregunta sobre su libro El Adversario donde habla de Jean-Claude Romand, quien asesinó a su mujer e hijos para preservar una identidad falsa que tenía: “Nuestra obligación es tratar de comprender, incluido aquello que resulta más monstruoso. En el juicio del caso Romand, el único desafío judicial, precisamente, era comprender, ya que no exístía la menor duda sobre lo ocurrido, pese a la inverosimilitud y la enorme extrañeza de los sucesos. Lo único que faltaba era comprender, tarea que no era nada sencilla.”

Espero haberte convencido de leer la entrevista completa.

JB Chorch

Entrevista completa