Un basurero de seres humanos

Política y Economía, Radio y TV, Videos

Tengo una duda recurrente cada vez que quiero «recomendar» cosas como la del post de hoy: ¿tiene sentido mostrar una de las situaciones más denigrantes de la actualidad sin, al menos, sugerir algún tipo de solución? ¿no contribuye eso a generar más escepticismo?

No tengo una respuesta clara. Sólo me da algo de tranquilidad pensar que los que lean este post (y miren el vídeo) son personas inteligentes y que su mejor juicio no depende de las «soluciones» que yo pueda sugerir.

Dicho esto, y como el vídeo está en inglés, dejo algunas referencias claves: se trata de un reportaje de la BBC -la televisión pública británica- sobre el llamado «Peor campo de refugiados del mundo»: el de la isla de Lesbos, en Grecia. En él malviven más de 7 mil refugiados, aunque su capacidad no llega a 3 mil. Allí la gente tiene que hacer colas de tres horas para recibir comida, pasar todo un día con sólo una botella de agua y compartir entre 70 personas cada sanitario. La atención sanitaria está a tono con esto.

No hay que ser muy perspicaz para advertir los problemas de convivencia que esto provoca, con peleas habituales entre sus habitantes, especialmente entre gente de distintos orígenes (Siria, Afganistán, Etiopía, etc.) obligada a convivir en estas condiciones. Aún así, eso no es lo peor. El reportaje fue motivado porque empezaron a darse casos de niños de 10 años intentando suicidarse. No creo que haga falta agregar nada más.

Naúfragos

Fotografías

En el noticiero del mediodía de ayer en la 1 de Televisión Española se informaba que el Mediterráneo “había devuelto” en Cádiz (España) el cadáver Nº 12 de una cáscara de nuez -familiarmente llamada patera- que transportaba 40 refugiados subsaharianos, entre ellos varios niños, que naufragó la semana pasada. Para complementar el dato se informaba que en el año ya habían muerto 652 personas tratando de cruzar el Mediterráneo. Y muchos miles (¿10, 20, 30 mil?…) desde que se empezaron a contar. (+info)

Fotos: Javier Bauluz y EFE

Ya he tocado varias veces el tema de los refugiados que huyen principalmente de un Africa desvastada por la explotación y el abandono (curiosa paradoja) de Occidente. Y confieso que me sigo preguntando si es un tema que amerite tanta dedicación en un blog como MdC, que pretende ser un “Lugar de recomendaciones”, un espacio donde algunas miradas sugieren a otros dónde y qué mirar. No tengo una respuesta clara a eso. Quizás por eso lo sigo haciendo, hasta encontrarla.

Y paso directamente a mi post de hoy, ahorrando a los lectores la lectura de mis palabras para usarla en la recomendación, ya que no es más un artículo de la revista La Marea firmado por Patricia Simón (periodista freelance) y con fotografías de Javier Bauluz (primer español que recibió un Pulitzer), donde describen hasta doler el estómago en qué consiste esa fatal combinación de náufrago y migrante.

JB Chorch

Enlace al artículo: Cuando los naufragos son migrantes

En la piel de un refugiado

Fotografías, Internet y RRSS

Foto: Fernando del Berro

El problema de los refugiados me toca tanto que seguramente entro en la categoría de los “buenistas”, nombre despectivo con que se designa en España – y probablemente en toda esta Europa cada vez más presa de la xenofobia – a todo aquel que expresa abiertamente y sin matices su preocupación por aquellos que intentan cruzar el Mediterráneo para escapar del horror de sus países.

Se calcula que son más de 60 millones, y creciendo, las personas que en todo el mundo huyen de su tierra de origen, ya sea por calamidades climáticas, por guerras, persecusión política o, simplemente, por hambre, en búsqueda de un poco de paz y tranquilidad.

No estoy seguro si mi preocupación deriva de que yo mismo soy un emigrado (aunque en condiciones que no admiten comparación con aquellos que, simplemente, huyen) o de un grado de conciencia que no puede mirar hacia otro lado. Lo que si sé que esas razones, más otras – ahora no visibles o identificables – me llevan inevitablemente a intentar ponerme en su lugar, aunque no se me escapa que eso no deja de ser un mero ejercicio de abstracción porque tal nivel de sufrimiento es irreproducible.

Sin embargo, este medio hace posible una aproximación a esas vivencias y, de alguna manera, ponerse en la piel de un refugiado y de las decisiones que se ve obligado a tomar. Decisiones que marcan su cotidianeidad como muy pocas veces un europeo – y los que se denominan occidentales, en general – deben enfrentar. Entrad al enlace de más abajo y luego me contáis.

JB Chorch

En la piel de un refugiado

Fantasía lusitana

Documentales

Fantasia Lusitana (en portugués sin acento en la i, pero se pronuncia como si lo tuviese) es un documental de 2010. Se realizó a partir de imágenes de archivo y se centra en el Portugal de la Segunda Guerra Mundial; o, más exactamente, en el contraste entre la imagen de un país pacífico y neutral, creada por la propaganda estatal, y la evidencia de un gobierno que simpatizaba con el alemán, el italiano y el español, que preparaba Lisboa para defenderse de los ataques aéreos, que restringía a la población el acceso a alimentos y bienes esenciales, y que veía a millares de personas llegar a sus puertos para tratar de salir de Europa.

Aunque su narrativa es irregular y adolece de demasiados vacíos, y aunque no está disponible (o yo no he conseguido localizar) una versión subtitulada en español, creo que merece la pena asomarse a esta película y contemplar con atención siquiera algún fragmento, especialmente a partir del minuto 34.

Las voces en off de Hanna Schygulla, Rudiger Vogler y Christian Patey leen textos de Erika Mann, Alfred Döblin y Antoine de Saint-Exupéry (la hija de Thomas Mann, el autor de Berlin Alexanderplatz y el de El principito) mientras se suceden las imágenes de una Lisboa casi irreconocible, con calles plagadas de personas, cafés atestados y colas infinitas. Los refugiados, en su mayoría ansiosos por subir a cualquier barco que los llevase a América, se diferencian apenas en las ropas y en los nombres de los que ahora nos muestra la televisión.

Portugal quiso creer y hacer creer que era un paraíso ajeno a todo, un puerto libre, un oasis desde el que escapar. Las imágenes muestran más bien un purgatorio, pero en la memoria colectiva esa proyección de lo irreal ha quedado, de algún modo, grabada. Pensemos, por ejemplo, en el despegue de aquel avión en el que Ilsa y Victor Laszlo dejaron Casablanca rumbo a Lisboa. ¿Qué sería de ellos?

CV

Refugiados, la vergüenza de la UE

Política y Economía

La decisión de la Unión Europea en 2015 de cerrar “a cal y canto” sus fronteras y firmar un acuerdo con Turquía para hacer de gendarme y controlar la llegada de refugiados es una vergüenza que traiciona la misma historia del continente y debería sublevar a sus pueblos mucho más de lo que lo hace.

Más de 5 mil muertos por año desde 2015 intentando cruzar el Mediterráneo, maltratos y vejaciones en todas las fronteras para familias enteras que huían de la guerra y la destrucción de países (Siria, principalmente), reclusión en verdaderos campos de concentración “modernos” a quienes consiguieron pasar todo tipo de penurias para llegar, trata de niños con fines de prostitución (se calcula en 10 mil los casos de menores desaparecidos), son algunos de los horrores que aquella decisión ha provocado y que en algún momento -ojalá- pagarán los dirigentes que decidieron que esto sea así.

Como leí en algún lugar, a pesar del apoyo de la mayoría de la sociedad europea profesa a la causa de los regufiados haría falta un grado tal de concientización y movilización popular para revertirlo que una situación tan vergonzoza sigue en pie, incluso incumpliendo las cuotas que la misma UE se había fijado para recibir (por ejemplo, España se comprometió a recibir a 16 mil hasta setiembre de 2017, y a la fecha sólo lleva acogidos menos de 2 mil).

Creo que, además de todos los sufrimientos vividos por todos esos millones de personas obligadas a huir para no morir, aún les queda la última y peor losa para soportar: el olvido.

Este vídeo, realizado por una ONG en Lesbos, es para contribuir a que eso no pase.

JB Chorch