Distopías futuras o… ¿Presentes distópicos?

Documentales, Internet y RRSS, Series, Tecnologías

Esta recomendación será la más efímera que he hecho hasta ahora, ya que viene con fecha de caducidad y limitada a una zona geográfica. Luego del 12 de noviembre de 2019, esto pasará a ser nada más que un rectángulo negro en la pantalla.

Pero no deja de tener cierta justicia poética.

Estoy hablando de un documental de televisión en torno a los creadores de Black Mirror realizado por la cadena pública franco alemana Arte TV, que en España (y buena parte de Europa) puede verse directamente en la web www.arte.tv.

En el documental, los creadores Charlie Brooker y Annabel Jones cuentan las referencias en donde se inspiran para crear la serie, y aprovechan para hablar de tecnología, distopía y diversos presagios sobre un futuro no muy lejano. Con acierto, el documental aprovecha para hablar y mostrar otras cosas relacionadas.

Muy inquietante todo…

Especial Black Mirror

PD: Ah, y es el post Nº 200 del blog. Una casualidad ideal para conspiranoicos…

O historia universal de la infamia

Internet y RRSS, Libros

Como el libro de Jorge Luis Borges, sí. 

Es que nuestra historia, la de los humanos de esta tierra, es un compendio de infamias. Y Yuval Noah Harari lo describe (y resume) muy bien. En ‘Sapiens’, une cada punto de la constelación de pasos que fuimos dando apoyado en la ironía de la supuesta distancia del observador. No es fácil la tarea que se propuso, pero sí su lectura: fluye cual río embravecido.

Como casi todo en la vida, es mejor llegar al libro virgen de expectativas. Así me pasó y así espero que les pase.

Alerta spoilers: no se disgusten entrando al website del autor https://www.ynharari.com/es/

Marina Eleonora Rubio

Facebook & me

Internet y RRSS

Navego en Internet desde mucho antes de la existencia de las redes sociales, cuando Google era uno más, y no el amo y señor de las búsquedas, y existían otros buscadores tales como Altavista, Lycos, etc. (en este enlace podéis curiosear, si no los conocíais) y toda la comunicación interpersonal estaba centrada en el correo electrónico y en algunos chats muy básicos y primitivos.

Luego, con la llegada de las redes sociales y en especial Facebook, me subí con mucho entusiasmo a esa posibilidad (casi) infinita de poder conectar con amigos y familiares que hacía años no veía o vivían muy lejos. Y aunque con un amigo conversábamos mucho sobre el tema y especulábamos sobre la segura transformación comercial, en ese momento era la utopía comunicativa hecha realidad.

Así es que, luego de abrir mi perfil y ajeno a cualquier prevención, me sumé a los muchos que completaron la información con todos y cada uno de mis gustos y preferencias acerca de películas, música, lugares que visité, fotos de todo tipo y cada categoría que el Face me propusiera rellenar. Junto con ello –of course– el tiempo de estar conectado creció hasta niveles impensados, por no decir permanente.

Pero, desde hace un par de años, la relación empezó a cambiar. Sumado a un cansancio personal (intuyo que el de muchos más, pero no tengo datos para corroborarlo), comenzaron a aparecer (o, simplemente, yo les comencé a prestar más atención) informaciones sobre la creciente manipulación de aquellos datos generosamente cedidos a la plataforma y los cambios que esa exposición provocaba en la sociabilidad, alentado un ensimismamiento muy nocivo, caldo de cultivo ideal para las Fake news.

Todo ello fue provocando también una creciente aparición de artículos de expertos recomendando morigerar el tiempo de conexion, cuando no abandonar las redes, ya imposibles de cumplir aquella promesa de comunicabilidad.

En este momento estoy en un proceso de “retirada” temporal, intentando limitar mi exposición a accesos puntuales y a un uso promocional de mi actividad profesional, mientras leo con interés (y recopilo) todos los artículos que refieren a lo que me atrevo a llamar un “momento post Cambridge Analytics”, en relación a la denuncia por manipulación de datos de Facebook para la campaña que llevó al triunfo a Trump.

Comparto con vosotros la reflexion y algunos de esos artículos:

Jaron Lanier, pionero de Internet, quiere que dejes las redes sociales

Como enmendar la crisis de Facebook sin enfadar a nadie

Víctor Sampedro: “Cada comunidad consume su propia mentira”

Exconectados: se bajan de las redes sociales para ser más felices

JB Chorch

En la piel de un refugiado

Fotografías, Internet y RRSS

Foto: Fernando del Berro

El problema de los refugiados me toca tanto que seguramente entro en la categoría de los “buenistas”, nombre despectivo con que se designa en España – y probablemente en toda esta Europa cada vez más presa de la xenofobia – a todo aquel que expresa abiertamente y sin matices su preocupación por aquellos que intentan cruzar el Mediterráneo para escapar del horror de sus países.

Se calcula que son más de 60 millones, y creciendo, las personas que en todo el mundo huyen de su tierra de origen, ya sea por calamidades climáticas, por guerras, persecusión política o, simplemente, por hambre, en búsqueda de un poco de paz y tranquilidad.

No estoy seguro si mi preocupación deriva de que yo mismo soy un emigrado (aunque en condiciones que no admiten comparación con aquellos que, simplemente, huyen) o de un grado de conciencia que no puede mirar hacia otro lado. Lo que si sé que esas razones, más otras – ahora no visibles o identificables – me llevan inevitablemente a intentar ponerme en su lugar, aunque no se me escapa que eso no deja de ser un mero ejercicio de abstracción porque tal nivel de sufrimiento es irreproducible.

Sin embargo, este medio hace posible una aproximación a esas vivencias y, de alguna manera, ponerse en la piel de un refugiado y de las decisiones que se ve obligado a tomar. Decisiones que marcan su cotidianeidad como muy pocas veces un europeo – y los que se denominan occidentales, en general – deben enfrentar. Entrad al enlace de más abajo y luego me contáis.

JB Chorch

En la piel de un refugiado

Tinder bizarro

Internet y RRSS

Desde mucho antes de separarme me intriga el mundo de Tinder. Esta prometedora aplicación ofrece a los ingenuos la solución al eterno problema de conseguir pareja, encontrar al amor de nuestras vidas, conocer gente, o simplemente rozarse con la posibilidad de coger – en el sentido argentino del término.

En la vida actual, quizás por obra de las fases lunares o algún otro humor inmanejable, hay días que podemos tener la sensación de que nadie tiene tiempo o ganas de conocer gente nueva. El Tinder, o la Tinder, facilita el encuentro. Uno selecciona entre un montón de perfiles de gente cercana geográficamente los que le resultan atractivos y descarta los que no le gustan. Una cruz o un corazón resumen nuestra posición ante unas cuantas fotos de cada participante. Esto da lugar a un mundo de situaciones asombrosas, fascinantes y atractivas, quizás a pesar suyo.

Existen muchos prejuicios sobre estas nuevas opciones de la tecnología, y no falta el que, o la que, con orgullo, prejuicio y pudor encubierto, exalta lo fortuito del encuentro tradicional.

Pero para qué elegir si podemos tenerlo todo? Podemos disfrutar de Tinder, y aún así no lograremos escapar de los encuentros y desencuentros que nos proponga la vida real.

Y, gracias a tinder.bizarro, generosx y popular usuarix de Instagram, incluso si estamos en una relación fielmente monógama podremos disfrutar de una cuidada selección de lo más divertido de Tinder.

Acá el perfil:

https://www.instagram.com/tinder.bizarro/

Diego