El post de hoy va de Google, filtros, burbujas virtuales, negocios, resistencia y felicidad. Ah, y todo aderezado con el visionario libro “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.
¿Como se combina esto? Me encantaría poder explicarlo – al menos como yo lo entiendo- pero, como si esto fuera la radio, el (mi) tiempo es escaso, así que los remito a un artículo que lo hace maravillosamente bien.
Un pensador italiano, Paul Virilio, sostiene –grosso modo– que la característica principal de la modernidad es la velocidad como elemento creciente que distingue a todos los procesos cotidianos. Esta conceptualización a mi me sirve para pensar algunas cosas y -probablemente de forma vana- dar un poco más de sentido a la incertidumbre y los cambios permanentes de la sociedad actual.
No hace más de una década que surgieron las redes sociales, y aún menos los llamados smartphones o “teléfonos inteligentes”. Aunque existe aún la tentación de mirar, y usar, inocentemente la combinación de aquellos dos “inventos” de este siglo, hay gente que viene advirtiendo que eso no es posible. Quizás en un principio, pero ya no.
Somos vigilados, no tiene sentido no reconocerlo. Vigilados como nunca lo hemos estado. Pero no en un sentido político, que también, sino también por una maraña de intereses muy concretos que pueden usar esos -nuestros- datos de formas non sanctas, por calificarlas de alguna manera.
Marta Peirano, investigadora y escritora especializada en el tema seguridad y privacidad, lo explica con meridiana claridad en la charla que dio en TED Madrid hacer un par de años y que podéis ver íntegra en el vídeo. Otra vez, como se dice en España: el que avisa no es traidor.
Aunque en todas las épocas hubo gente conspirando -o simplemente gente con poder, especialmente a nivel planetario- intentando llevar el cauce de la historia hacia sus intereses particulares, no creo en las llamadas teorías conspiranoicas. O, al menos, no las creo como explicación última de las cosas (a veces) inexplicables que suceden. Creo que deberían darse tantas condiciones para validarla como teoría legitima, que finalmente la inutilizan como explicación razonable.
Todo este párrafo previo viene a cuento del artículo que más abajo os dejo, y que pretendo (que a lo mejor no lo consigo, vamos…) que sea entendido en clave no conspiranoica sino como una descripción/análisis muy interesante del campo donde se está desarrollando actualmente la “III Guerra mundial” (en comillas porque es una definición de los autores). Esto es, el campo de Internet y las nuevas tecnologías. Y junto con ello, toda la parafernalia de nuevos nombres para describirla, como hackers, ciberataques, Deep Web, trolls, malware, wall rooms, etc.
En resumen, tanto si lográis escapar del abrazo de las conspiraciones, como no lo logréis, estoy seguro que encontraréis el artículo muy sugerente e ¿inquietante?.