Imágenes: JB Chorch
Mi segundo post en el blog sobre Prince y su Sign of the Times de 1987 marca mi admiración total hacia artista de Minneapolis, por lo que el título que encabeza este blog no es baladí ni una ligereza por mi parte. Me parece que es la mejor manera de hacer honor a la artista que quiero recomendaros y que se llama Judith Hill.
Había sabido de su actuación en la Sala Clamores de Madrid unos días antes (aquí una magnífica crónica de esa noche), pero al no poder ir -ni haber escuchado casi nada de su música- mi presencia para verla en el Festival Enclave de Agua de Soria (España) era casi virginal.
Sobrenatural, fue el primer calificativo que me vino a la cabeza. La verdad es que no sé en qué medida aquella virginidad había marcado mi percepción pero si recuerdo que con mis amigos Eva y David estábamos absolutamente extasiados, casi en trance diría, disfrutando del concierto. En resumen, nos «rompió la cabeza».
Soy de la idea de que hay artistas y géneros que son más para escenarios pequeños e íntimos, y otros que despliegan todo su potencial en los grandes foros. Sin dudas, Judith Hill es de las segundas. Si destacó en una sala como Clamores, en el Enclave directamente brilló hasta el infinito. Con una banda que desbordó precisión y groove (ver al artículo citado para el detalle de sus integrantes), como si hubieran tocado toda la vida juntos -y estando pa y ma en ellas esta afirmación no es superficial-, creando el caldo de cultivo para Judith desbordara la escena cantando, bailando y tocando guitarra y piano magníficamente.
En fin, creo que si sigo escribiendo sólo me saldrá una sucesión sin ton ni son de calificativos elogiosos, empalagando totalmente el post. Si tenéis oportunidad de verla no lo penséis ni un segundo. En Europa estará nuevamente en noviembre; en el resto del mundo… investigad. Mientras tanto, como consuelo, su último videoclip, aunque soy plenamente consciente que apenas llega a ser un placebo.




