La mejor serie policíaca es un programa de arte

Arte

La mayoría asociamos a las hermanas Brontë con un pequeño pueblecito de Yorkshire, tenemos idea de que Charlotte hizo una especie de erasmus en Bruselas y recordamos la terrorífica descripción en Jane Eyre del internado de Lancashire en el que estuvieron de niñas. Lo que pocos sabíamos hasta hace casi nada es que en la pared de la iglesia de Tunstall, cercana a ese internado, cuelga un cuadro italiano del siglo XVI que había sido donado apenas unos años antes de que las Brontë pasasen por allí. Con el paso del tiempo fue formándose una pátina que ocultó tanto las figuras como la historia del lienzo. Hasta que a los encargados de esa iglesia se les ocurrió llamar a un programa de la BBC.

Fake or Fortune? se dedica a descubrir tesoros (y falsificaciones) de la mano de tres personajes que hablan como los malos de Disney, se pegan unos viajes envidiables y explican de una manera muy clara (y entretenida) cómo funciona el mundo del arte. Cada episodio es una síntesis del trabajo detectivesco que un equipo (probablemente enorme) desarrolla durante meses para identificar un Pollock, un Rembrandt, una acuarela de Homer o un dibujo de Gauguin. Asusta (y emociona un poco) lo que puede llegar a pagarse por algunas obras. Se entiende que la gente sueñe con haber encontrado un boleto de lotería ganador entre los trastos de un mercadillo. Y se quiere, aunque eso sea aún más utópico, ser uno de esos especialistas que se acerca con una lupa y, tras examinar la obra, sabe si es o no del autor.

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Un Londres borrascoso

Series

A pesar de que mis esfuerzos por recomendar Penny Dreadful no sirvieron para que nadie me hiciese caso —que si me da miedo, que si hay mucha sangre, que si la vi cenando—, y aunque todavía me choca de vez en cuando descubrir que hay cosas que a mí me hechizan y a muchos otros les repelen —pienso en Annihilation, en Melancholia—, realmente creo que es bueno compartir el entusiasmo. Por ello, y porque varios amigos la han visto y les ha gustado, aquí va una lanza por Taboo, serie de ocho episodios que Tom Hardy —ese actor que parece una bomba de relojería— produjo y protagonizó a partir de una historia escrita por su padre. Se estrenó a principios de 2017 y al parecer (léase lo siguiente con tono entusiasta) va a tener una segunda temporada.

En el año 1814 un hombre atormentado regresa a un Londres grisáceo que recuerda a un Mordor en el que la Compañía de las Indias sería la Torre Oscura y su presidente Sauron. Las visiones que le persiguen, sus tatuajes y el modo en que se mueve, habla y mira llevan a pensar que ha perdido la cordura. En realidad, él sabe lo que el espectador desconoce, y poco a poco se lo irá revelando como quien reparte por entregas las piezas de un puzle. Bailes, duelos, piratas, una África oscura y una América lejana; un amor prohibido; secretos mal ocultados; astilleros malolientes envueltos en la bruma; personajes dickensianos.

Si alguien alguna vez se ha preguntado qué hizo Heathcliff en los tres años en los que estuvo fuera de Yorkshire, Taboo ofrece una posible respuesta.

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A Very English Scandal

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Marsham Court es un edificio en estilo art déco que fue construido en 1937 en Westminster (Londres). Además de con un conocido bar-restaurante, cuenta con ciento cuarenta y siete pequeños apartamentos. De uno de ellos fue propietario Jeremy Thorpe (1929-2014), líder del partido liberal a fines de los años sesenta y, en la década siguiente, protagonista de un escándalo político y sexual que acabó con su carrera. A Very English Scandal es el título de la miniserie de la BBC que lo relata, y de la novela de John Preston en la que se basa. Además de una cuidada ambientación, que revela que Marsham Court no es el único lugar de Inglaterra que apenas ha cambiado en ocho décadas, la producción tiene algunas otras marcas de la casa: una buena historia, ritmo narrativo y excelentes interpretaciones, con Hugh Grant y Ben Whishaw en los papeles principales. Con todo, lo más destacable es el modo en que cuenta una oscura, compleja y un tanto absurda historia de ambición, chantaje e intento de asesinato manteniendo en todo momento un tono irónico, que en el espectador se traduce en una constante sonrisa. Sus tres episodios son algo así como una taza de té con un scone caliente en una húmeda tarde de otoño. Se saborean, se disfrutan, y ponen de muy buen humor.

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