
La Veronal es una compañía de danza que hay que fichar (podría recomendarles Voronia, la inmejorable obra que ya lleva cinco años girando por el mundo, pero sería sólo porque la vi anoche -de ahí son las imágenes que ilustran este post-).
La compañía no baila, se esparce sobre el escenario como moléculas. Se desplaza como el amor, llega a un punto y sorprende como un abrazo. Compone la esencia de la idea antes de la idea. Sabe contar. Y cuenta hasta en latín. Habla el lenguaje de los minions mejor que ellos mismos. Domina el código, la invención y la sorpresa. Reviven a Marceau y al breakdance en un mismo movimiento.
No. No es danza. No hemos inventado todavía una palabra (por suerte) que los defina. Que los encierre. La Veronal no necesita eso. Solo a Marcos Morau, su director, y al equipo completo, para que nos sigan regalando al mundo una obra por año.
Marina Eleonora Rubio
