Realismo radical

Libros

Cada vez que recomiendo a alguien que lea Lectura Fácil, me pregunta cuál libro.

Insisto.

Insiste.

La genialidad del libro de Cristina Morales empieza por su título. Lo sabe. Sabe cómo hacer que lo agarres y no puedas soltarlo hasta la parada del colectivo, hasta que se te cae sobre el pecho a las dos de la madrugada, hasta que empieza a llover y se te ha mojado entero.

La tercera novela de esta escritora granadina es un cross a la mandíbula. Como las obras maestras, no importa de qué trata la historia, sino desde qué lugar decide contarla. Pero siempre alguien insiste, así que aquí va: cuatro mujeres con diferente grado de discapacidad narran en primera persona sus vicisitudes en un piso tutelado por la Generalitat de Cataluña.

La autora no utiliza ningún convencionalismo para cada una de esas voces, que priva de estratagemas (valga la coincidencia) morales: reconoce nuestra capacidad de disfrutar la ironía. Ejerce la libertad que extrañamos en la escritura (la editorial Seix Barral le había pedido que modificara partes que involucraban con nombre y apellido a personas e instituciones, eje del realismo radical de la autora, y claro, ella se negó) con humor. Así, sin adjetivos. Ese humor producto de la realidad, forma activa de resistencia y acción.

Gracias Cristina.

Marina Eleonora Rubio

El crimen en el origen. La paciente silenciosa

Libros

Al principio fue el crimen. No es una cita literal de ningún texto iniciático pero bien podría serlo. Rómulo mató a Remo, Caín mató a Abel, Cronos devoró a sus hijos y sobre su sangre se construyeron las civilizaciones. En el origen del hombre, y de la mujer, está la destrucción, de uno de mismo o del otro. Así lo entendieron las narraciones mitológicas y sobre ellas construyó el psicoanálisis su relato.

Alex Michaelides ha escrito un libro sobre el crimen desde su concepción en el pensamiento. Aquí no hay huellas, pistolas humeantes, ni coartadas irrefutables. El auténtico detective, ya lo decía el legendario Hércules Poirot, de cuya creadora el autor se confiesa admirador, estudia la psique, la naturaleza humana que conduce a matar. El policía aquí es un psicoanalista que trata de llegar a la mente de una paciente, una pintora enmudecida tras el asesinato de su marido. Psicoanálisis sin palabras, comunicación a través del arte y el relato mitológico como metáfora del trastorno.

El thriller psicológico nos enfrenta a nuestros monstruos. Como el psicoanálisis, nos hace hurgar en nuestros orígenes, ahí donde habita lo peor y lo mejor de nosotros mismos. Todos somos destructores y redentores en potencia. Y a cada uno le corresponde al menos un papel.

Bea

CHAOS: Charles Manson, the CIA and The Secret History of the Sixties

Libros, Política y Economía, Vida y Sociedad

Abstract: Un libro de reciente aparición llamado «Caos: Charles Manson, la CIA y la Historia Secreta de los 60», de Tom O’Neill retoma -medio sigo después- el sonado caso del asesinato de Sharon Tate, entonces pareja del director Roman Polanski, junto a otras ocho personas, por parte de una banda liderada por Charles Manson. En el libro O’Neill indaga las conexiones de Manson con altos estamentos del gobierno americano y numerosas actuaciones dedicadas a impedir que esas conexiones lleguen a conocerse públicamente.

In August 1969 the slaughter of nine people in Los Angeles including the pregnant actress Sharon Tate could be considered the coup de grace of the anti-war, peace & love movement of the Sixties. Leading up to that time, US citizens flinched again and again beginning with the assassination of President John F. Kennedy in Nov. 1963, Malcolm X in February 1965, Martin Luther King in April 1968 and Robert F. Kennedy in June 1968.
Official myths of these events prevailed.

With the Charles Manson epic, Los Angeles Prosecutor Vincent Bugliosi controlled the narrative for decades with his book “Helter Skelter: The True Story of the Manson Murders” written with Curt Gentry and published in 1974. Now perhaps Bugliosi’s version isn’t true after all.
Tom O’Neill alters popular history in his groundbreaking 2019 book “CHAOS Charles Manson, the CIA and the Secret History of the Sixties.” O’Neill, a magazine writer, was assigned a story on the 30th anniversary of the murders – and got lost in a maze for 20 years as the story got stranger and bigger. Much of the book relays O’Neill’s personal confessions, doubts and struggles for the truth.
O’Neill’s presentation seems a bit shy in that he lets Hollywood royalty affiliated with Manson off the hook – but then again, nobody would talk to him. And why would they? Craig Hammond AKA “Gray Wolf” who brokered communications with outsiders to Manson in prison told O’Neill that Manson brought his girls to orgies for the Hollywood elite.
The genius of O’Neill’s book is that he does not have a grand theory of what happened – therefore he cannot be called “a conspiracy theorist.” This term was created by the CIA in 1967 as revealed by a New York Times Freedom of Information request in 1976:

O’Neill presents us with a trivial low-level criminal – Charles Manson – who is invited to San Francisco’s Haight Ashbury, the hippie capital of the USA. Coincidentally, the Haight Ashbury Free Clinic – where Manson frequently hung out – just happened to be a center of government-funded experiments with LSD and speed. After Manson’s arrest for the Tate-LaBianca murders, there was a burglary at the Haight Ashbury Free Clinic and all the files pertaining to the drug experiments were missing – the only files stolen.
In 1975, Idaho Democratic Senator Frank Church launched an investigation into CIA activities via The Church Committee, which revealed MKULTRA mind control experiments to the public.

Manson went to San Francisco as a small time hustler and emerged a psychotic and violent chief of misrule, adept at hypnotizing his acolytes and likely was hypnotized himself. CIA mind control expert Louis Jolyon “Jolly” West is connected here – he’s the same guy who was allowed into prison to interview Lee Harvey Oswald’s assassin Jack Ruby, who lost his mind shortly after that encounter in his prison cell.

Despite being a federal prison parolee, Manson was never re-arrested for a series of other crimes leading up to the Tate-LaBianca murders. O’Neill offers proofs Manson was “protected” by judges and his parole officer to name a few. Retired District Attorney Lewis Watnick believed Manson to be a federal informant.
More perspective may be held in the taped confessions Manson henchman Tex Watson made to his attorney – but alas, they are not available. O’Neill writes “For reasons I can’t understand, district attorneys, law enforcement agencies, federal bureaus and other outposts of officialdom continue to suppress these files, even as they claim they have nothing to hide.”

Readers may want to explore more on the manipulated Sixties after reading this book. More in-depth studies will come up on search engines such as DuckDuckGo rather than from extremely limited Google algorithms.

Katina Dunn

Un antes y un después

Libros

En casa no teníamos una gran biblioteca, pero los libros que tenían que estar, estaban. Hermann Hesse, Roberto Arlt, Herbert Marcuse, Haroldo Conti, Macedonio Fernández, Los cuatro jinetes del apocalipsis, la colección completa de Transformaciones del Centro Editor de América Latina. Eso había leído cuando lo conocí. Yo tenía diecisiete; él, veintitrés. Dijo: ‘«hay un antes y un después de Faulkner» y desapareció para siempre de mi vida. Tapa dura y letras mínimas, colección «Los libros del mirasol», editorial Compañía General Fabril, 1961. Lo encontré en la librería de usados de San Lorenzo 983, en Rosario. Una mancha roja y pinceladas amarillas bajo el título «El sonido y la furia».

Hay muchas cosas que no se entienden durante la adolescencia, y muchas que se entienden mal. Yo no sabía todavía la diferencia. Leía, releía y volvía a empezar. Debe ser uno de los comienzos que más veces leí. No terminaba de entender qué pasaba. Por qué no entendía. Había un ruido, sí. Y un poco de furia. Le pregunté a mis amigos, nadie lo había leído. Todavía no existía internet para sacarse dudas. En la contraportada solo decía algo de un monólogo de Macbeth en el que estaba inspirado el título. Decidí avanzar. Olvidarme de entender. Tirarme de cabeza a las imágenes. De golpe todas las piezas encajaron. Algo hizo clic: ¡el narrador del comienzo tiene discapacidad intelectual! En palabras de Shakespeare, un idiota: «La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada». Macbeth, 5º acto, escena 5. Esa era la cita completa que el libro no citaba. La referencia. Y de ruido, no de sonido. Faulkner construyó desde ese verso una novela monumental: la decadencia de los Compson, una familia tradicionalista del sur profundo de Estados Unidos. Cada uno de los tres primeros capítulos está narrado a partir de la voz de tres hermanos: Benjy, de treinta y tres años, pero con una mentalidad de tres (como consecuencia de su discapacidad); Quentin, que estudia en Harvard y atraviesa una depresión profunda (en parte por el enamoramiento de su hermana Caddy); y Jason, el único frío y cínico de los hermanos. El capítulo cuarto lo lleva adelante el narrador omnisciente de la historia a través de la mirada de la matriarca Dilsey Gibson, la sirvienta negra que estuvo toda su vida al servicio de la familia Compson. Cada parte sucede en un día, pero el presente y los recuerdos se presentan en un mismo plano de continuidad. En la novela, de 1929, no existe un tiempo lineal, ni en los personajes ni en el relato. La historia se desarrolla con un fluir de hechos que no necesitan de ningún consenso para ser comprendidos.

Era verdad. Fue un antes y un después. Descubrí en ese clic que el único límite es el que nos autoimponemos. Que, en la literatura —como en todas las expresiones del arte— las posibilidades son tantas como queramos que sean. Los modos, las formas, los recorridos.

Lo terminé y le pegué una calcomanía para reconocerlo si alguna vez me lo volvía a cruzar. Los libros prestados son entes libres, no tienen la costumbre de volver. Se lo di a una amiga sin decirle nada de lo que para mí era ya un secreto místico. No quería privarla de la epifanía que viví cuando entendí lo que estaba leyendo.

Veinte años después llegó a mis manos ‘Las Primas’, esa gran novela de Aurora Venturini escrita a sus ochenta y cinco. Otra vez esa voz. Esa cadencia. Esa ruptura sintáctica. Me dieron ganas de volver a leer a Benjy, el hermoso idiota que iluminó mi vida. Quería la misma edición: chiquita, con rojo, amarillo y negro en la tapa. Ya vivía en Buenos Aires, la ciudad con más librerías por habitantes del mundo. Así que esta vez la encontré en una de las tantas de usado de avenida Corrientes. Lo que no encontré fue esa calcomanía del CUDAIO (Centro Único de Donación, Ablación e Implante de Órganos de Santa Fe) que le había dejado como huella. Si quien lee esto tiene ese libro, busque en la segunda hoja. Si encuentra la calcomanía, ahora conoce su historia.

Marina Eleonora Rubio

O historia universal de la infamia

Internet y RRSS, Libros

Como el libro de Jorge Luis Borges, sí. 

Es que nuestra historia, la de los humanos de esta tierra, es un compendio de infamias. Y Yuval Noah Harari lo describe (y resume) muy bien. En ‘Sapiens’, une cada punto de la constelación de pasos que fuimos dando apoyado en la ironía de la supuesta distancia del observador. No es fácil la tarea que se propuso, pero sí su lectura: fluye cual río embravecido.

Como casi todo en la vida, es mejor llegar al libro virgen de expectativas. Así me pasó y así espero que les pase.

Alerta spoilers: no se disgusten entrando al website del autor https://www.ynharari.com/es/

Marina Eleonora Rubio