Dios es una rana de la lluvia

Series

Pueden apuntar: empiezo a sentir que algunas series son como los buenos libros. Densidad en los personajes, secuencias de mínimos recursos, historias que importan por la forma en que están contadas. Esa vida que pasa. Rectify tiene ya ocho años y no había escuchado hablar de ella. Al empezar, no pude parar (como a la novela El Traductor, de Salvador Benesdra, que también terminé hoy) por la complejidad que atrapa sin darnos cuenta.

Lo primero que asocié al descubrirla fue The Wire: cuatro temporadas para profundizar con gestos imperceptibles lo que la vida hace con nosotros y nosotros con ella: cambiar. Ser otros siendo los mismos, modificados todo el tiempo y juzgados por las circunstancias.

La segunda pestaña de mi computadora empezando por la izquierda tenía meses. Hace uno me fijé qué había guardado, no tenía la menor idea. Se trataba de una nota donde mencionaban la serie. Algo debió haber llamado mi atención (no la suficiente para buscarla en ese momento, pero la mínima para no cerrar nunca la ventana). Dice Daniel Holden, el protagonista de este reparto coral, que Dios es una rana de la lluvia. La anoté para no olvidar que además de sutileza, la serie tiene tiene poesía. Interviene el misticismo, la sensualidad, la opresión y una atmósfera Lyncheana en más de un capítulo. Nadie me había hablado nunca de ella y no quiero cometer el mismo error con ustedes. Acabo de terminarla y sé que me va a costar mucho encontrar otra que despierte la misma admiración y agradecimiento (entra en el podio junto con The Wire y The Knick).

Marina Eleonora Rubio

Viceversa

Películas, Series

Aprendimos a pensar con más tiempo, a dudar de lo aprendido, de las frases hechas, del pudor que las equivocaciones nos provocan de noche, y en la cama. Yo también me movía incómoda, en mi adolescencia, cuando escuchaba la palabra feminismo. Todavía no entendía por qué lo personal es político; y, aunque quería (y quiero) cambiar el mundo, no había aprendido a cambiarme a mí misma. Era (y soy) una mujer fuerte. La indiferencia con que fui criada (no todo es amor) fortaleció mi sistema de supervivencia. Así es cómo asociaba la lucha feminista (tan mal entendida por mí durante esos ochenta en mi Rosario natal) con un reclamo de igualdad. Y decía (y digo) ‘no somos iguales, exigimos los mismos derechos’. (Ahora, además, veo también el peso del patriarcado en el hombre, en la esclavitud de esa fortaleza constante, de ese poder muchas veces no optativo). Hoy, estrenando otoño (o primavera) nada detiene el dorado constante en las hojas verdes de ayer (o el verdor repentino, en lo muerto hasta antes de ayer).

Todos los que vivimos el llamado ‘escándalo’ de la separación entre Woody Allen y Mia Farrow podemos repetir como la tabla del dos la versión de Allen sobre la denuncia de abuso contra su hija Dylan: una estrategia de Farrow para desacreditarlo por despecho sufrido (Woody, en pareja con Mia por más de doce años, confirmaba un vínculo sexual con una de las hijas de Mia, Soon Yi). Lectura simple (fácil, diría Cristina Morales) a los tiempos que corrían.

Pasó tanta agua sobre el río Kwai que ya podemos pensarlo de vuelta. Debemos pensarlo de vuelta. Como a todas las frases hechas y a las canciones viejas (no todas), como a los juegos y al color y forma de la ropa para nenes y para nenas de la infancia que nos formó. Para aprender a no repetir, animarnos a ver y a pensar si fuimos idiotas felices mirando películas sucias. 

Ahora que todo entró en revisión de la mano de las series, seamos bienvenidos al otro lado de la historia.

Era hora.

Marina Eleonora Rubio

El Arte de ver de John Berger

Arte, Biografías y entrevistas, Documentales, Películas, Vida y Sociedad

Imagen: hufftintonpost.co.uk

No conozco en profundidad la obra y el pensamiento de John Berger. Más aún, puedo decir que aún no he leído ninguno de sus libros.

Sin embargo, me pasa una cosa curiosa: cada vez que tuve ocasión de leer alguna cosa suya -por lo general artículos o ensayos breves, aunque también algunas reflexiones en forma de párrafos reproducidos por algún amigo- me ha resultado decididamente vivificante, como un shock de inteligencia y potencia vital . No puedo decir esto de mucha gente, más bien tendría que hacer magia para decir algún otro pensador similar.

Es por ello que no resultó un esfuerzo ponerme a ver un documental suyo, máxime si lleva como nombre «El Arte de ver» y está hecho por la BBC. Bueno, quizás aquí se da una situación similar con los documentales de la BBS: tienen una factura tal que pocas veces he acabado decepcionado luego de ver alguno.

El documental de marras es una pieza sencilla, que no trata de mostrar toda la vida de JB sino su forma de ver y su relación con las imágenes, lo que le permite estructurar la narración de manera muy certera y construir un repaso muy creativo sobre el pensamiento de Berger. Así, pueden pasar por la película tanto sus colaboradores más cercanos, como su traductor, así como sus dos hijos. Una maravilla que os recomiendo.

Entrevista con el demonio

Artículos, Cine y Series, Documentales, Links, Películas, Política y Economía

Este artículo fue escrito en marzo de 2019 para el sitio indiecinema.es, habida cuenta nuestra -la de la gente del sitio y la mía- admiración por Errol Morris y nuestra ansiedad por el hecho de que su último documental –American Dharma– aún no tenía fecha de estreno. Al día de hoy (07.11.2020) tampoco la tiene pero si es noticia el personaje a que hace referencia la cinta –Steve Bannon– ya que su cuenta en Twitter fue suspendida porque en un vídeo pidió que el Dr. Anthony Fauci y el Director del FBI, Christopher Wray, debían ser decapitados y expuestos en una pica públicamente.

En la actualidad hay dos cuestiones que están generando todo tipo de controversias en boca de periodistas, políticos y opinólogos en general: las llamadas Fake News y la irrupción de nuevos partidos llamados de derecha populista. Esas cuestiones están marcando la agenda mediática y quizás no pueda explicarse lo segundo sin el uso destacado de las primeras.

Steve Bannon es el principal ideólogo de esa nueva derecha en Estados Unidos – llamada alt right – y probablemente el mayor responsable de haber logrado lo que parecía imposible: llevar a Trump a la presidencia del “gran país del norte”. Con un uso magistral de las redes sociales y su articulación con la parte más conservadora del aparato mediático, Bannon es considerado el alma mater de este movimiento, que tiene su reflejo en todo el mundo, desde Europa a Latinoamérica.

De ahí que entrevistar quien se considera el cerebro maquiavélico de la derechización del mundo haya generado tanto expectativas como rechazo en muchos sectores. El culpable de ello es Errol Morris.

Para quien no conozca al susodicho y su trayectoria, aquí unas líneas de su extensa bio. Nacido en un pueblo de New York en 1948, Morris es un director de documentales que combina magistralmente una alta carga de dosis política con una estética que articula los mejores recursos del cine. Su filmografía se extiende por más de cuatro décadas, pero ganó cierta fama cuando a raíz de la investigación para su documental “The Thin Blue Line” (1988), sobre el Corredor de la Muerte en USA, un reo se salvó de morir al demostrarse su inocencia. Su consagración definitiva le llegó al recibir el Oscar por el documental “The Fog Of The War” (2003), un descomunal retrato del ex Secretario de Defensa de Nixon durante Vietnam: Robert McNamara. Además de realizar otro documental impresionante sobre Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa de Bush (h) y artífice de la Guerra de Irak –“The Unknown Known” (2013)-, su carrera está salpicada por la realización de comerciales y otros trabajos por encargo (a los que volveremos en algún otro momento) como las series realizadas para la cadena ESPN o para el NYT.

La entrevista (o las, porque se trata de varias) de marras se plasmó en el documental “American Dharma”, que se estrenó el año pasado en Venecia -causando la misma conmoción que todas sus últimas producciones- y que sufre la extraña paradoja de no tener distribución seis meses después de su estreno.

Esta situación, unida a la actualidad y espesor del personaje[i]-quien además se declara admirador del cineasta- y las críticas de algunos sectores que reprochan cierta “blandura” del documental en el trato hacia Bannon, han motivado una proliferación de artículos que intentaré resumir para situar el caso y –objetivo oculto- poner mi granito de arena para que esa distribución se concrete.

Me centraré en cuatro de esos artículos, por la importancia de los medios que los contienen y por la diversidad de opiniones que vierten. Ellos son: “Five Misconceptions of Errol Morris’s American Dharma and Why It’s Still Without Distribution[ii], publicado el 05.12.2018 en Filmmaker Magazine; “American Dharma’ Review: Errol Morris’ Steve Bannon Documentary Is the Most Disturbing Movie of the Year — Venice”[iii], apareció en Indie Wire el 05.09.2018; “’American Dharma’ Reviewed: Errol Morris Lets Steve Bannon Off the Hook”[iv], publicado el 01.10.2018 en The New Yorker; y “Errol Morris Defends Decision to Make Steve Bannon Documentary”[v], escrito para Variety el 5.09.2018.

Imagen de izquierdaweb.com

El primero de ellos, de Anthony Kaufman, intenta buscar el porqué de la falta de distribución del documental en cinco malentendidos que podría haber alrededor de la película de Morris, a saber: uno, negando que sea parte de una trilogía –lo que “rebajaría” su interés- junto a los retratos de McNamara y Rumsfeld que cito más arriba, ya que no le asigna la misma importancia a Bannon que aquellos otros dos ex Secretarios de Defensa; dos, rebatiendo que la cinta tuviera malas críticas, en especial por ser “demasiado blanda” con el personaje, de las que cita solo un crítico importante (veremos que entre las críticas también está la de The New Yorker) versus una mayoría favorable al documental; tres, el autor no cree que Morris dejara a Bannon “libre de culpa”, señalando que la forma de Morris de desarmar los argumentos de Bannon son siempre sutiles y con armas muy propias del cine -«¿Iba a hacer más feliz a la gente si le pegaba con un ladrillo?», bromeó el director en otra entrevista-; cuatro, ligado al punto anterior, Kauffman desmonta la idea de que los distribuidores no quieren American Dharma porque “no persigue a Bannon de forma más firme”, afirmando que esa severidad no es muy comercial hoy en día, en especial en el público de Morris; y cinco, el artículo rebate la idea de que el documental haya perdido vigencia, afirmando que el mismo es “es –y no es- un placer político” gracias a los debates cinéfilos atemporales entre Morris y Bannon, y las (a veces increíbles) interpretaciones de este de algunos filmes clásicos.

El artículo Indiewire fue firmado por Eric Kohn y se centra en ver cómo hace Morris para desmontar todas y cada una de las perversas argumentaciones de su oponente. Así, Kohn llega a la conclusión de que es la película “más perturbadora del año” porque, a pesar de considerar que Morris sale vencedor en la mayoría de las batallas, también cree que hay cuestiones donde las argumentaciones de Bannon no triunfan, pero quedan sin una respuesta contundente. Pone como ejemplo de esto la visión supremacista del entrevistado, a raíz de los incidentes de Charlottesville, donde un grupo racista blanco atacó violentamente una manifestación con gente mayoritariamente de color.  Además, el artículo destaca el esfuerzo de Morris por buscar el trasfondo filosófico del pensamiento bannoniano y rebatirlo en ese mismo terreno, como cuando hablan del personaje Falstaff de Shakespeare – asimilándolo a Bannon y su devoción por Trump – cuando el personaje del escritor inglés ayuda primero y luego se siente traicionado por Enrique IV. El artículo enumera algunos méritos cinematográficos del documental, para luego cerrar remarcando la necesidad de pensar lo que está pasando en la situación política a partir de esta película, pero preguntándose si habrá mucha gente dispuesta a pagar el precio de pasar 90 minutos con un personaje tan tóxico.

El tercer artículo, escrito por Richard Brody, se muestra particularmente crítico con Morris, señalando que a pesar de sus buenas intenciones el desafío de Morris termina siendo inconsistente en su enfrentamiento con Bannon. El autor de la nota describe cómo el personaje utiliza el cine clásico hollywoodense (y en especial la película “Twelve O’Clock High”, de 1949) para estructurar su idea del mito americano –principalmente encarnado por hombres blancos, con carácter y sin miedo- y le reprocha a Morris el hecho de no contra argumentar mostrando otros ideales americanos que también proporciona el cine, como el “activismo de los derechos civiles”, o la misoginia, la persecución de personas de color o el antisemitismo de la política sostenida por Bannon. Y si bien le otorga a Morris ciertos aciertos confrontacionales con el personaje, como cuando habla del “Bannon bueno” y el “Bannon malo” para arrinconarlo, el articulista rechaza el entorno filosófico de muchas respuestas del director y finaliza señalando que la película es “un fracaso estético”, marcando que “aunque Morris es un analista reflexivo de la práctica documental, aquí sus métodos se pierden en sus intenciones” y “se hunde en el mismo lodo que dio lugar a los actuales atropellos políticos a la ley y la decencia que él mismo teme y desprecia”.

En el último artículo, escrito por Leo Barraclough, el periodista se centra en la defensa que hace el propio Morris de su trabajo al realizar este documental, justificándose en las “cosas perturbadoras” que están ocurriendo en Estados Unidos y en el mundo, y la “necesidad de entender mejor lo que están sucediendo”. El cineasta afirma que no podía quedarse callado ante este tema tan espinoso y que ha intentado “explorar la naturaleza de lo que [Bannon] llama populismo nacional, lo que significa, lo que significa para el mundo, lo que significa para mi país es absolutamente esencial». Morris concluye que con la cinta había conseguido hacer “algo diferente”, explorando el tema de una manera “más profunda e interesante”.

A modo de cierre, agregar que muchos de estos mismos debates han acompañado a Morris en sus películas, en especial desde «The Fog Of The War». Aquí la diferencia radicaría en que todas las críticas y alabanzas a su trabajo se ve amplificadas, probablemente porque -tanto en esta como en la que entrevista a Rumsfeld- se trataba de personajes que ya había salido de la vida pública y su peso en la misma era muy relativo, mientras que en el caso de Bannon se trata de alguien de mucho peso en la actualidad política y en el marco de una situación en la que muchos opinan que se está produciendo un cambio de paradigma a otro más inquietante y desesperanzador.

Claro que, en mi caso, se trata nada más que de meras especulaciones fruto de la ansiedad de no saber cuándo podremos ver “American Dharma” en España. Cualquier sugerencia será bien recibida.


[i] Bannon acaba de realizar un periplo por Europa con la idea de forjar un movimiento en alianza con los partidos emergentes que representan esa idea de “nueva derecha” en el viejo continente, como Salvino en Italia, Le Pen en Francia el mismo Vox en España (ver https://elpais.com/politica/2018/12/04/actualidad/1543949909_697562.html).

[ii] https://filmmakermagazine.com/106412-five-misconceptions-of-errol-morriss-american-dharma-and-why-its-still-without-distribution

[iii] https://www.indiewire.com/2018/09/american-dharma-review-errol-morris-steve-bannon-venice-tiff-2018-1202000889/

[iv] https://www.newyorker.com/culture/the-front-row/american-dharma-reviewed-errol-morris-lets-steve-bannon-off-the-hook

[v] https://variety.com/2018/film/news/errol-morris-steve-bannon-documentary-venice-film-festival-1202927375/

Realismo radical

Libros

Cada vez que recomiendo a alguien que lea Lectura Fácil, me pregunta cuál libro.

Insisto.

Insiste.

La genialidad del libro de Cristina Morales empieza por su título. Lo sabe. Sabe cómo hacer que lo agarres y no puedas soltarlo hasta la parada del colectivo, hasta que se te cae sobre el pecho a las dos de la madrugada, hasta que empieza a llover y se te ha mojado entero.

La tercera novela de esta escritora granadina es un cross a la mandíbula. Como las obras maestras, no importa de qué trata la historia, sino desde qué lugar decide contarla. Pero siempre alguien insiste, así que aquí va: cuatro mujeres con diferente grado de discapacidad narran en primera persona sus vicisitudes en un piso tutelado por la Generalitat de Cataluña.

La autora no utiliza ningún convencionalismo para cada una de esas voces, que priva de estratagemas (valga la coincidencia) morales: reconoce nuestra capacidad de disfrutar la ironía. Ejerce la libertad que extrañamos en la escritura (la editorial Seix Barral le había pedido que modificara partes que involucraban con nombre y apellido a personas e instituciones, eje del realismo radical de la autora, y claro, ella se negó) con humor. Así, sin adjetivos. Ese humor producto de la realidad, forma activa de resistencia y acción.

Gracias Cristina.

Marina Eleonora Rubio