En la piel de un refugiado

Fotografías, Internet y RRSS

Foto: Fernando del Berro

El problema de los refugiados me toca tanto que seguramente entro en la categoría de los “buenistas”, nombre despectivo con que se designa en España – y probablemente en toda esta Europa cada vez más presa de la xenofobia – a todo aquel que expresa abiertamente y sin matices su preocupación por aquellos que intentan cruzar el Mediterráneo para escapar del horror de sus países.

Se calcula que son más de 60 millones, y creciendo, las personas que en todo el mundo huyen de su tierra de origen, ya sea por calamidades climáticas, por guerras, persecusión política o, simplemente, por hambre, en búsqueda de un poco de paz y tranquilidad.

No estoy seguro si mi preocupación deriva de que yo mismo soy un emigrado (aunque en condiciones que no admiten comparación con aquellos que, simplemente, huyen) o de un grado de conciencia que no puede mirar hacia otro lado. Lo que si sé que esas razones, más otras – ahora no visibles o identificables – me llevan inevitablemente a intentar ponerme en su lugar, aunque no se me escapa que eso no deja de ser un mero ejercicio de abstracción porque tal nivel de sufrimiento es irreproducible.

Sin embargo, este medio hace posible una aproximación a esas vivencias y, de alguna manera, ponerse en la piel de un refugiado y de las decisiones que se ve obligado a tomar. Decisiones que marcan su cotidianeidad como muy pocas veces un europeo – y los que se denominan occidentales, en general – deben enfrentar. Entrad al enlace de más abajo y luego me contáis.

JB Chorch

En la piel de un refugiado

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