Relatos y emociones

Libros, Links, Literatura y Poesía

Me reconozco ferviente y apasionado seguidor de lo que -tanto en cine como en literatura- se suele denominar como no-ficción. Como yo lo entiendo se denomina así a las obras que se valen de los recursos narrativos de ambos mundos y donde los relatos se basan en hechos reales, pero que se diferencian de aquellas producciones que también utilizan elementos de la realidad -reportajes televisivos, ensayos históricos, documentales de naturaleza, entrevistas, biografías, etc- y que se centran principalmente en informar sobre un hecho. Dicho de otra manera, son aquellos trabajos donde la historia, o información, está supeditada a los recursos formales -cinematográficos y/o literarios- utilizados para contarla. Los dos referentes actuales (hay muchos más) de esta forma de entender la no-ficción para mi son Emanuelle Carrere en literatura y Errol Morris en cine, de los que ya he hablado de ellos en este blog (y volveré a hacerlo, seguramente).

No he leído más que tres o cuatro libros de Paul Auster pero tengo la intuición de que suele transitar muchas veces por el camino de la no-ficción. Estoy convencido de ello desde que vi la peli su Smoke, realizada a medias con Wayne Wang. Aunque es una película de ficción, esta impregnada de ese espíritu que yo busco en las obras de no ficción, y creo que eso puede apreciarse en el fragmento que enlazo en el título. De la misma manera creo que el libro que encabeza el post también transita con ese espíritu.

“Creia que mi padre era Dios” no está escrito por Auster, sino que son historias reales escritas por oyentes de un programa de radio donde el escritor participó durante más de un año. El plan original de Auster era leerlas en el programa (y lo fue haciendo), pero como recibió más de 4 mil decidió hacer una selección y eligió 179, que son las que componen el libro. Los autores pertenecen a distintas edades, condiciones sociales, razas o religiones, y los temas tratados son de los más diversos: de la pornografía a la espiritualidad; de la amistad a la guerra; del odio al amor, de la ilusión al desencanto, de la vulgaridad a lo sublime.

Todas las historias están narradas en primera persona y tienen una fuerza tal -fruto de su autenticidad- que muchas de ellas han logrado emocionarme hasta las lágrimas.

Al fin y al cabo, creo que de eso se trata.

JB Chorch

Algunos relatos a modo de ejemplo

El toro por las astas

Documentales

Sólo fui una vez a una corrida de toros, hace más de veinte años ya, en lo que fue mi primer viaje a España. No entendí demasiado cómo eran las reglas del juego. Reconozco que el espectáculo logró cautivarme, tanto por su estética como por el comportamiento del público, que tanto vitoreaba al torero como lo vituperaba por “no respetar” al toro.

Sin embargo, nunca me convertí en un fan del asunto. Ni aún cuando vine a vivir a España, y tampoco sabía de las reglas que rigen las corridas. Más aún, nunca volví a una plaza de toros. No hubo una decisión consciente; a pesar de cierta seducción por el “arte del toreo” no reuní el entusiasmo suficiente para hacerlo.

Y así estuve durante muchos años hasta que vi el documental que os dejo al final del escrito. Se llama Tauromaquia, dura sólo 28 minutos y fue realizado por Jaime Alekos con el patrocinio de PACMA, el partido animalista de España. Su visionado fue un verdadero shock, tanto por su contenido como por su realización. Las consecuencias de verlo aún se están procesando dentro de mi. No puedo decir que me he convertido en un militante antitaurino activo, pero no tengo ninguna objeción a que se prohíba, como en muchos lugares del mundo y algunas ciudades españolas.

Sólo una cosa más para cerrar este post: el documental es tan impactante que en ningún momento necesita decir una palabra contra las corridas.

JB Chorch

Enlace al documental: Tauromaquia

Los multimillonarios, la tecnología y una serie

Artículos, Música, Series, Tecnologías, Vida y Sociedad

En este post voy a hacer una triple recomendación, por el precio de una.

Douglass Rushkoff es un profesor y escritor, colaborador habitual del Times y del New York Times, además de psiconauta y activista del cyberpunk. Lo traigo a colación porque la semana pasada leí un artículo suyo -a la sazón mi primera recomendación- donde habla de un tema que siempre tengo en mi cabeza: ¿Cómo piensan los ricos y multimillonarios? ¿tienen alguna clase de preocupación por esas cuestiones que nos preocupan a muchos de los simples mortales, como la desigualdad y la pobreza, el cambio climático y el deterioro ambiental, o los millones de personas que viven hacinados en campos de refugiados, por citar sólo algunas?

En el artículo citado (aquí el enlace) Rushkoff es invitado por un grupo de banqueros de inversión a hablar de escenarios futuros, especialmente ligados a la teconología. En ese encuentro el autor se da cuenta que esos multimillonarios son conscientes de los problemas por venir pero su solución dista mucho de la que podríamos pensar algunos de nosotros. En un parte dice que “eran conscientes de que necesitarían vigilantes armados para proteger sus instalaciones de las masas encolerizadas. ¿Pero, con qué iban a pagarles cuando el dinero ya no valiera nada? ¿Y qué impediría a su guardia armada elegir a su propio líder? Estos multimillonarios barajaban recurrir a cerraduras de combinación especiales para proteger el abastecimiento de alimentos, que sólo ellos controlarían. O poner a sus vigilantes algún tipo de collar disciplinario a cambio de su propia supervivencia. E incluso, crear robots capaces de servir como guardias o trabajadores, si es que daba tiempo a desarrollar la tecnología necesaria”. En síntesis, que si dejamos el futuro en sus manos la cosa no da para ser muy optimistas.

En el mismo artículo -y aquí la segunda recomendación- Rushkoff hace referencia a las series y películas que tratan estos temas distópicos, y en especial menciona una: Westworld. En esta -con algunos puntos en común con Blade Runner y que ya ha acabado su segunda temporada- los humanos construyen unos robots a su imagen y semejanza para satisfacer sus deseos más extraños -y oscuros- en una especie de campo de realidad virtual. La serie está impecablemente realizada y, en su desarrollo, las reflexiones filosóficas son permanentes, ya que como todas las buenas narraciones de ciencia ficción -desde la novela hasta el cine- se trata justamente de eso: imaginar un futuro para pensar el presente. Más abajo el trailer.

El futuro llegó hace rato, decían ya en 1988 Los Redonditos de Ricota, una de las bandas de rock más populares de Argentina. Una banda sonora perfecta como tercera recomendación para leer este post.

JB Chorch

Harold Lloyd: La magia del (primer) cine

Cine y Series, Películas, Videos

Hace poco más de un año subí un post donde contaba -maravillado- mi admiración por los grandes cómicos del cine mudo y como conseguían realizar algunos de esos trucos con los que dejaban (y dejan) con la boca abierta. Si alguien no pudo leerlo o quiere recordarlo aquí el enlace al post.

Pero antes de (re)leerlo recomiendo que miréis el vídeo del enlace de más abajo, una secuencia memorable de “El hombre mosca”, película de 1923 del gran Harold Lloyd, uno de los referenciados en dicho post.

Como breve resumen -para todo lo demás, Wikipedia- Harold Lloyd (1893-1971) fue un actor cómico americano de los inicios del cine, que realizó 208 peliculas entre 1913 y 1947, y llegó a ser uno de los actores mejor pagados de incipiente industria hollywoodense.

A pesar de su calidad y productividad, Harold siempre estuvo un poco eclipsado por Chaplin y Keaton, dado que sus películas no se vieron tanto en televisión como las de estos (Lloyd era el propietario de las mismas y se negaba a que fueran cortadas por la publicidad). Sin embargo, su filmografía está repleta de maravillas que resisten cualquier comparación con los citados Chaplin y Keaton.

El siguiente fragmento es prueba fehaciente de ello. Cada vez que lo veo, además de apenas notar el uso de aquellos efectos tan primitivos, me corre un temblor por todo el cuerpo temiendo por el protagonista. La magia del (buen) cine.

JB Chorch

Harold Lloyd: el ascenso al reloj

Un mundo ¿feliz?

Internet y RRSS, Tecnologías, Vida y Sociedad

El post de hoy va de Google, filtros, burbujas virtuales, negocios, resistencia y felicidad. Ah, y todo aderezado con el visionario libro “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.

¿Como se combina esto? Me encantaría poder explicarlo – al menos como yo lo entiendo- pero, como si esto fuera la radio, el (mi) tiempo es escaso, así que los remito a un artículo que lo hace maravillosamente bien.

Avisados estáis. No tiene desperdicio.

JB Chorch

El filtro burbuja