Hablando en lenguas

Cine y Series, Documentales, Música

A veces siento que ya se nos murieron todos. Pero no. Todavía nos queda David Byrne (y Madonna, claro). Su nombre me trae a Bowie, el despliegue escénico a Prince, la elegancia a Cohen, y su genialidad, a Freddie Mercury. Solo por nostalgia, ya que Byrne es indivisible y sólo se parece a él mismo.

Igual no vamos a hablar ahora de American Utopia, su último trabajo, sino de la gira ‘Hablando lenguas’ que Talking Heads, la banda que lideraba Byrne, presentó en 1983. El director de cine Jonathan Demme (otro geniecillo) grabó una de las mejores películas de conciertos de la historia en medio de esa gira. Se llama ‘Stop making sense’ y no es ni película ni concierto: es un acto de magia y fuego.

El escenario está vacío. David Byrne entra con un radiograbador, suenan los primeros acordes de Psycho Killer. Nada menos. Lo que sigue es una obra maestra. La forma en que Byrne suma cada tema, el modo en que entra la batería, en que se suman los músicos. Como la trama de una novela, el concierto crece también en narrativa. En luces y sombras. En sutileza y baile. Byrne hace un dueto memorable con un velador de pie. Su cabeza se empequeñece con un cambio de vestuario: “Quería que mi cabeza pareciera más pequeña y la forma más fácil de hacerlo era hacer que mi cuerpo fuera más grande, porque la música es muy física y, a menudo, el cuerpo la entiende antes que la cabeza”.

Todos brillan. Todos bailan. Todos cantan felices.

Marina Eleonora Rubio

Detrás de una gran mujer

Biografías y entrevistas, Danza y Teatro, Series

La foto (de HBO) que promociona la serie Fosse-Verdon resume el titulo de esta recomendación. Bob Fosse fue el esposo de Gwen Verdon por once años, y, juntos, realizaron algunas películas fundamentales como Cabaret y All That Jazz. De la mano de la actual revisión feminista, esta serie repasa tanto la producción de las obras de Fosse como el vínculo entre el director y la bailarina. 

Nota: Algunos cruces de diálogo (especialmente del personaje de Verdon) son de una fuerza deliciosa, y solo por esas líneas vale la pena ver cada episodio.

Marina Eleonora Rubio

Magnani aperta

Biografías y entrevistas, Danza y Teatro

Iba a llamar a esta crónica ‘Dos mujeres’, en alusión a Anna Magnani y Arantxa de Juan, esa otra loba de la escena capaz de provocar en su piso de Madrid un terremoto interpretativo a la altura de la diva romana. Pero el título remite claramente al papel que una joven Sofía Loren le arrebató a la consagrada Anna, y presiento que a esta última no le hubiera hecho ninguna gracia, cuando el sarcasmo no está a la altura, mejor no hacerlo.

Magnani aperta es un monólogo de dos horas al que la actriz, y ahora también guionista y directora, Arantxa de Juan ha dedicado casi tres años de estudio y redacción y al que presta su propia casa, para mostrarnos los últimos días de la diva italiana. La acción comienza en el dormitorio de una moribunda Magnani, en su piso romano sitiado por paparazis. Tras un amargo despertar acompañamos a la protagonista de Roma, città aperta hasta el salón, y compartimos con ella el repaso a una vida de gloria y soledad, esperando a un hijo que nunca llega, y aceptando finalmente el brazo de su amigo Roberto, el mismo al que años atrás arrojó un plato de espagueti a la cabeza, que acude para dirigirla por última vez en su paseo hacia la muerte. En el ínterin la vemos cantar contra Musollini, gritar a los buitres que aguardan su final desde la calle, trepar a una mesa como una fiera en celo engañada por su amante, ser vanidosa y cercana, diosa y maternal, Magnani frente a Nannarella, con esa versatilidad de la mujer italiana para entregarse con igual talento a la pasión amorosa y a la devoción familiar. Magnani / De Juan llora su tristeza de niña abandonada, celebra su Óscar arrebatado a la mismísima Katherine Hepburn, despotrica contra el ‘iceberg sueco’ que le robó a Rossellini… y a cada uno de sus movimientos cansados nos inunda con la rotunda sensualidad de una mujer madura.

Tras la obra, la actriz y guionista nos ofrece un coloquio, y alguna anécdota que no pudo intercalar en el monólogo, como que Rossellini se negó a que un maquillador profesional arreglara el cadáver de su amiga y fue él mismo el que la pintó y cubrió sus canas con rímel negro para que, en su despedida, la romana estuviera a la altura de su leyenda. Nos hace partícipes de las dificultades de montar la pieza y de cómo su interés por la diva fue convirtiéndose en obsesión y acabó ‘imbuyéndose’ de la Magnani, guerreando, como hubiera hecho ella, para encarnarla. El espectador observa el programa de la obra, a un lado Arantxa, al otro Anna. Y ya no percibe la diferencia.

La obra volverá a representarse en Madrid, calle Desengaño, en septiembre de 2019. 

www.magnaniaperta.com

O historia universal de la infamia

Internet y RRSS, Libros

Como el libro de Jorge Luis Borges, sí. 

Es que nuestra historia, la de los humanos de esta tierra, es un compendio de infamias. Y Yuval Noah Harari lo describe (y resume) muy bien. En ‘Sapiens’, une cada punto de la constelación de pasos que fuimos dando apoyado en la ironía de la supuesta distancia del observador. No es fácil la tarea que se propuso, pero sí su lectura: fluye cual río embravecido.

Como casi todo en la vida, es mejor llegar al libro virgen de expectativas. Así me pasó y así espero que les pase.

Alerta spoilers: no se disgusten entrando al website del autor https://www.ynharari.com/es/

Marina Eleonora Rubio

El crimen como acertijo

Libros

Siempre he pensado que la novela de misterio y la novela negra tienen poco en común. Esta afirmación puede resultar algo categórica teniendo en cuenta que en ambas el asesinato es el tema central, la policía un personaje habitual y la resolución del crimen el objetivo deseable. Por lo demás, la novela de misterio, aquella que tiene a mi venerada Agatha Christie como tótem supremo, está más cerca del acertijo infantil que de la sordidez de los garitos prohibidos, los policías corruptos y el tráfico de seres humanos. En esta clase de relatos, el orden perfecto de un micromundo se ve alterado por la irrupción del crimen. Una vez desenmascarado el asesino, el equilibrio es restituido y la comunidad recupera la armonía. La novela de misterio sumerge al lector en el caos de la incertidumbre, de la que emerge al final de la narración como Alicia despierta del sueño. Es un juego de lógica, una adivinanza, un acertijo de Lewis Carroll.

Los crímenes de Alicia de Guillermo Martínez, premio Nadal 2019, responde a estos cánones. Oxford, años 90, un grupo de académicos, autodenominados La hermandad de Lewis Carroll, se enfrenta a una serie de crímenes que parecen vinculados a la extraña desaparición de unas páginas en los diarios del autor británico. Un profesor de lógica y su discípulo tratarán de llegar al asesino a través de la resolución de ese otro misterio acaecido en la época victoriana, un tiempo que penalizaba casi cualquier contacto sexual pero que aceptaba con ingenua complacencia la fascinación de un adulto por las niñas.

La novela de misterio no suele ser realista, los muertos no huelen, los vivos son inmutables como los sospechosos de un Cluedo… Pero, cuando es buena, su conclusión deja en el lector un sentimiento de consumación, de placidez. Tras la lectura de Los crímenes de Alicia, tenemos la sensación de estar de vuelta de un viaje al mundo invertido a través del espejo. Y de haberlo disfrutado. Nada más. Y nada menos. Objetivo alcanzado. Misterio resuelto.

Bea