La ruta epistolar

Documentales, Videos

Ya no llegan cartas. Solo algunas postales atraviesan el muro de facturas y servicios bajo la puerta. Como si siempre hubiera sido así: todo por teléfono. Como si el correo electrónico fuese el pasado más remoto que podamos recordar

Yo, que bailo reggaeton, todavía guardo cientos de cartas que nos mandábamos con Nicolás, el bañero del club que se fue a vivir a Suiza. O toda la correspondencia que nos escribimos con mi prima Laura, de Buenos Aires, cuando yo aún vivía en Rosario (y no nos dejaban usar el teléfono por más de cinco minutos). El sobre era de un papel finito, casi transparente, y tenía impreso en el costado superior izquierdo una franja con la leyenda ‘por avión’.

Pierre-Georges Latécoère, empresario francés, creó hace cien años una aerolínea para unir Francia a África y Sudamérica. Con la rusticidad de las avionetas de la época, cubrían las rutas de Toulouse hasta Santiago de Chile, y de ahí hasta Río Gallegos, en la Patagonia argentina. “Aeropostal” la llamaron, y unía pueblos y familias desde 1918. Primero con cartas y noticias y luego como línea de pasajeros. 

Cien años después, Yannick Cador realizó un informe de 25 minutos sobre esta aventura. Reconstruye los viajes por los pueblos que unía la aerolínea, nos regala el humor de su ironía, y rescata esta historia de un olvido perfecto:

https://www.arte.tv/es/videos/080796-000-A/100-anos-de-la-aeropostale/

Marina Eleonora Rubio

Los reinos

Cine y Series, Libros, Películas

Hace unos años leí la novela de Emmanuel Carrère ‘El Reino’, y hace apenas unos minutos vi la película de Rodrigo Sorogoyen, también llamada ‘El Reino’.  En el libro, Carrère nos sumerge en el barro de su pasado devoto para contar la historia del evangelio, en singular, con tiempo y una precisión casi histórica. Sorogoyen por su parte, desnuda el mecanismo de la fábrica política a partir de un guión muy verosímil. 

Los dispositivos de estas dos fuerzas de dominación, religión y política, operan con distinto ritmo: mientras la novela construye con calma, la película nos devora con ansia. Pero ambas responden al mismo interés: la supervivencia de estos reinos a costa de nuestra entrega.

La similitud en el título de ambas obras no es simple coincidencia. Es la representación de una estructura que nos encadena desde lo más vulnerable: una con la sujeción de la fe; la otra, con la urgencia de la necesidad. 

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Marina Eleonora Rubio

Música celestial: El ángel

Cine y Series, Películas

Descartada mi primera intención de escribir sobre Roma, (vendría a redundar en lo dicho por Marina, pero con un análisis bastante menos brillante que el suyo), me inclino por recomendarles otra de las películas más logradas de este año, al menos para mí. El ángel se sitúa en las antípodas del film de Cuarón, por género, por ritmo, por estética y sobre todo por su protagonista, Carlos Robledo Puch, personaje real, condenado a cadena perpetua en Argentina, por diez homicidios antes de cumplir los veintiuno. Si la Cleo de Roma es una criatura naturalmente buena, sin un discurso ético ni un razonamiento moral que la respalde (el amor es en ella una respuesta instintiva), el personaje de Carlitos es simple y llanamente malo, con una maldad que no es producto de sus circunstancias sociales, ni siquiera de un desorden mental, que el mismo niega, sino de una ausencia absoluta de empatía, y un regocijo sincero en el dolor del otro.

Los críticos han calificado la cinta como una mezcla entre Tarantino y Almodóvar (que es además productor). Yo, que soy más del director Manchego que del de Tenesse, me quedo con la estética de colores chillones y personajes feminizados y, por encima de cualquier otro logro del filme (incluso el de sus magníficos secundarios) con la banda sonora. Música pop de letras románticas y rimas facilonas acompañan los crímenes del protagonista. No entraré en el debate sobre la legitimidad de frivolizar la violencia y convertirla en un objeto de arte (o de comedia). Considero que esta película es bastante más que un relato ameno o pretendidamente kitsch sobre la vida de un asesino. La balada tontorrona de “Corazón contento” que el espectador escucha mientras el protagonista le vuela la cabeza a una de sus víctimas constituye, a mi modo de ver, la mejor representación externa de lo que sucede en el interior de la cabeza del sociópata. La mayoría de nosotros confrontamos eso tan abstracto que llaman la ‘voz de la conciencia’. Para el Ángel, sentimientos como la compasión, la culpa o la pena son algo así como música celestial.

Bea

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/angel/4822921/

Todos los caminos conducen a ROMA

Cine y Series, Películas

Alfonso Cuarón, cineasta mexicano director de la premiada Gravedad, inventó con Roma todo un género: la novela audiovisual (sugiero verla como se empieza un libro que nos recomiendan: sin necesidad de saber el argumento).

Quienes no la hayan visto, no pierdan un segundo que su paso por las salas de cine es veloz (y simbólico, para poder participar de premios y festivales, ya que compite con su propio estreno casi simultáneo en Netflix). 

Filmada en blanco y negro, fluye como agua. Cuarón construye una narración tan sólida como un plano secuencia inmenso, repleto de detalles y generoso de sutilezas (¿cómo no ver un homenaje a Abbas Kiarostami y a Roberto Rossellini?).

La película (¿o debería decir ‘la novela’?) teje con hilos de oro prejuicios que se da el gusto de derrumbar, para volverlos a construir, con cemento, en la escena siguiente (la primera y segunda visita al hospital son un ejemplo inverso perfecto).

En Roma todo es fractal, cada escena es más inmensa que el mar, ese que muestra de perfil en una secuencia memorable: nos hace viajar a nuestra infancia (¿quién no se vio con esa abuela yendo al cine?), nos interpela con la naturalidad amorosa que presenta esa vida de esclavitud, esa forma de aceptación, sin adjetivos, de la protagonista. Y nos muestra ese México igualito al de hoy, solo que sin celulares.

Marina Eleonora Rubio