Ética y estética en las nuevas generaciones

Biografías y entrevistas, Música

Recuerdo que unos 25 años atrás -más o menos lo que se considera una generación- un psicólogo con el que hacía terapia (discípulo de Pichón Riviere, padre de la denominada Psicología social) afirmaba que, a su entender, uno de los problemas principales de la sociedad moderna era lo que llamaba “brecha generacional”; una brecha que veía crecer cada vez más y que significaba que las nuevas generaciones no sólo rompían los vínculos con sus antecesores con mayor énfasis, sino que ese vínculo no volvía a recomponerse y provocaba una creciente disgregación social.

En esos momentos dicha afirmación me parecía poco consistente y no muy interesante. Mis preocupaciones estaban entonces estaba más centradas en las cuestiones ideológicas más clásicas, o duras, como forma de explicar los fenómenos sociales. Ahora, “una generación” después, me siento con más amplitud de miras como para reconsiderar algunas cuestiones, esta incluida.

Esta reflexión me vino inmediatamente a la cabeza cuando leí el articulo sobre Tomasa del Real y el Neoperreo. No puedo decir que me gusta ese tipo de música -descendiente directo del reggaeton, que me gusta poco y nada- ni su estética, sino más bien lo contrario. Pero me ocurrió una cosa extraña al leer los argumentos de Teresa para hacer lo que hace y defenderlo de críticas (entre otras de alimentar la bestia machista, cosa que hasta ella mismo reconoce): ahora que he pasado la cincuentena veo con cierto asombro la manera de razonar y argumentar de esa generación anterior y causa cierta admiración, por su desparpajo y falta de prejuicios.

No sé si convenceré a muchos de esta perspectiva, aunque me conformaría con saber cuánto de esas distintas lecturas estarán atravesados por la edad de cada uno de los lectores.

JB Chorch

Cuando falta el agua

Cine y Series, Películas

La foto que ilustra el post, corresponde el afiche que promociona la película ‘El sabor de la sandía’, mejor traducida también como ‘Una nube errante’. A los dos minutos y medio del comienzo, sucede esta escena. La película, vale mencionar para quienes hayan asumido que se trata de una porno, obtuvo el premio de la crítica en el Festival de Berlín en 2005, y, en el mismo certamen, el Oso de Plata a la contribución artística (esto para quienes necesiten trocar la perturbación que provoca la imagen por la tranquilidad que suponen las instituciones).

Dirigida por Tsai Ming-liang, un director taiwanés del que habría que ver todas sus obras, reencuentra en esta cinta a dos personajes de películas anteriores. Los cruza para enfrentarnos al desasosiego, a la quietud de esos planos eternos que gritan lo solo que estamos, para enseñarnos a ver de una forma que muchos todavía no vieron. Erotismo en el planteo, cabalga por musicales delirantes de un planteo formal impecable, y lo mejor: no se apoya en ningún eufemismo para sopapearnos.

Atreverse al cine taiwanés (y coreano), es uno de los mejores atrevimientos posibles. No hay condescendencia con el espectador. Y eso es algo que siempre agradezco.

Marina Eleonora Rubio

Un cuento diferente

Cine y Series, Películas

Moll vive en la isla de Jersey, trabaja como guía en un autobús turístico, canta en el coro de la iglesia, es pelirroja, nunca se maquilla y suele vestirse de azul. Su padre está enfermo, su madre es estricta, sus hermanos la ignoran. El día que cumple veintisiete años decide escaparse de su fiesta para ir a bailar. Lleva un vestido amarillo y, horas más tarde, junto a un bosque, un cazador la salva de las garras de uno de esos lobos que abundan en las discotecas y los pubs. A partir de ese momento Moll no sabrá si se ha enamorado de un príncipe encantado o de un lobo de verdad.

Tras tantos cuentos clásicos —y tantas versiones— y tras tantas películas de suspense en las que la heroína no sabe si la quieren de veras o la quieren matar —aún no me ha quedado claro qué intenciones tenía Cary Grant con Joan Fontaine en Sospecha— es sorprendente, y muy gratificante, que una historia nos atrape como cuando éramos niños, transportándonos a un universo reconocible y captando toda nuestra atención. Quizá es porque entendemos muy bien a la protagonista y compartimos su necesidad de descubrir si ha de identificarse con Cenicienta, Caperucita, Bella o el monstruo. Si es víctima pasiva o heroína activa. Si es causa o pretexto de la trama. O cómo rellenar esos silencios —intensos y acertados— en los que se apaga la voz del narrador.

(Y aquí podría ir el enlace al tráiler, pero este es uno de esos casos en los que parece haber sido hecho por alguien que no ha visto la película, o que no quiere que otros la vayan a ver)

CV

Tensiones nostálgicas

Vida y Sociedad

Confieso que desde que nuestra compañera Cova “abrió la veda” sobre la cuestión de las ilusiones perdidas, el fracaso y la nostalgia, entre otros temitas (ver su maravilloso post del pasado 29 de agosto) me he sentido compelido a seguir por ese camino y explorar esos sentimientos, uniéndolos a la razón de ser de este blog: una (o más) recomendación donde anclarlos. Aquí va el primer intento…

El primer punto, una frase: “La experiencia es un peine que te dan…cuando ya te estás quedando pelado”. Pertenece a un mítico boxeador argentino, Oscar “Ringo” Bonavena, quien se caracterizaba por un estilo muy básico pero muy contundente (y no estoy hablando de su manera de boxear) y cuya vida casi merecería un post dedicado. La preguna del millón que me asalta es: ¿hay vida después de la caída del cabello? Miles de experiencias -nunca mejor dicho- lo demuestran.

El segundo punto, un artículo que leí hace muy poco, en otro blog muy interesante llamado Yorokobu. El artículo de marras se llama “TODAVIA puedes hacer la gran obra de tu vida…” y se puede leer aquí. En el se viene a decir -interpretación muy libre- que no hay edad para intentar arañar eso que se llama trascendencia. Seguimos participando…

Tercer punto, algo de teoría política. El año pasado me invitaron a la presentación de un libro llamado “Ahora”, de un grupo francés denominado Comité Invisible. La charla me resultó muy sugerente y aún tengo pendiente de comprarlo, pero buscando en Internet encontré una reseña del mismo que, creo, está muy bien para hacerse una idea de su intención. En resumidísimas cuentas, el planteo sería: el sistema actual, redes sociales incluidas, ha logrado una sofisticación tal que nos está impidiendo vivir el presente. Ahí lo dejo, con la intriga suficiente para leer el artículo completo aquí.

Llegado a este punto no se me escapa que me ha quedado un post de lo más optimista, muy a pesar mío. Quizás son esas tensiones y contradicciones de las que habla Cova en el post citado. Así se quedará entonces, dejando para alguno próximo la incursión por el “lado oscuro”. Más aún, lo dejaré con un album que me marcó cuando lo escuché en su momento y que -seguro que no casualmente- el pasado fin de semana volví a escuchar y disfrutar -con una nostalgia que me desconocía- después de muchisímo tiempo.

JB Chorch

Universos paralelos

Varios

Se dice que una de las virtudes de los libros de Harry Potter es posibilitar el escapismo: asumiéndonos dóciles y predispuestos muggles, descubrimos de la mano de la narradora un mundo mágico al que se accede a través de andenes ocultos, puertas que abren calles y cartas entregadas por lechuzas. Luego vamos a Londres y vemos lugares como King’s Cross o Charing Cross Road con otros ojos, pensamos durante unos segundos que la magia existe y está en la literatura, sonreímos y seguimos con nuestra vida sintiéndonos un poco mejor; porque hemos recordado que, si la realidad se vuelve demasiado árida, siempre tendremos ventanas de escape.

A muchas de esas ventanas se llega hoy navegando por la red, y en una sencilla travesía se puede descubrir que J.K. Rowling eligió para ilustrar la última edición de Animales fantásticos a Olivia Lomenech Gill, una artista que vive en el norte de Inglaterra y se viste con ropas bretonas que hace ella misma. En su web pueden verse algunas de sus obras: dibujos y acuarelas en diferentes soportes, estampas a la antigua, esculturas de caballos. En Instagram, en donde apenas tiene mil y pico seguidores, comparte el día a día en una campiña idílica. Bocetos de animales, tartas caseras, ropa blanca en el jardín, flores de manzanilla, pan recién comprado, niños que juegan al fútbol, la luz entrando en un estudio de madera, … Una ventana por la que asomarse a un cotidiano bucólico, en el que las mayores preocupaciones se concentran en un huerto ecológico. Porque a veces no apetece escapar a Hogwarts sino a una de esas vidas alternativas que nunca nos decidimos a tener.

CV