Dolor y resignación en la prosa de Alice Munro

Libros, Literatura y Poesía

Antes de comenzar me gustaría pedir perdón a los lectores de este blog, a los que imagino bastante más cultos e instruidos que yo, por presentar como descubrimiento (para mí lo ha sido) a una autora como Alice Munro, premio Nobel de Literatura en 2013 y probablemente la mejor cuentista canadiense de todos los tiempos. Mi vida querida apareció en mi ebook este verano, producto probablemente de alguna recomendación olvidada y de una tendencia a la compra compulsiva por internet. Diez cuentos y cuatro piezas más que, tal y como nos explica la autora, no son exactamente cuentos sino que conforman una unidad “autobiográfica de sentimiento”.

Ya sea en la ficción o en fragmentos sobre su vida, lo que más llama mi atención de la literatura de Munro es la maestría en la normalidad, la falta de estridencia con la que presenta situaciones límites, acontecimientos desgarradores que sacuden a los personajes sin derrotarlos. Los hombres y las mujeres (sobre todo las mujeres) de Mi vida querida
transitan por sus vidas con la misma naturalidad con la que la prosa de la autora nos conduce por sus historias de dolor y pérdida. No se desgarran, no luchan, a no ser que entendamos la batalla como resignación para poder seguir vivas. El descubrir que el amor de tu vida es en realidad tu chantajista, el asistir como cómplice al ahogamiento de tu hermana, el ser plantada y deportada hacia ninguna parte en el día de tu boda… podrían ser el origen de una tragedia contemporánea, pero en la pluma de Munro asumen la carga de las miserias cotidianas. Tal vez por eso muchos de sus cuentos muestran a sus personajes tiempo después del conflicto, sobreviviendo en la mediocridad de la vida
diaria.

La prosa de Alice Munro, sus personajes, son cualquier cosa menos mediocres, la vida probablemente lo sea, pero hallazgos como el de este libro, la hacen mucho más transitable.

Bea

El toro por las astas

Documentales

Sólo fui una vez a una corrida de toros, hace más de veinte años ya, en lo que fue mi primer viaje a España. No entendí demasiado cómo eran las reglas del juego. Reconozco que el espectáculo logró cautivarme, tanto por su estética como por el comportamiento del público, que tanto vitoreaba al torero como lo vituperaba por “no respetar” al toro.

Sin embargo, nunca me convertí en un fan del asunto. Ni aún cuando vine a vivir a España, y tampoco sabía de las reglas que rigen las corridas. Más aún, nunca volví a una plaza de toros. No hubo una decisión consciente; a pesar de cierta seducción por el “arte del toreo” no reuní el entusiasmo suficiente para hacerlo.

Y así estuve durante muchos años hasta que vi el documental que os dejo al final del escrito. Se llama Tauromaquia, dura sólo 28 minutos y fue realizado por Jaime Alekos con el patrocinio de PACMA, el partido animalista de España. Su visionado fue un verdadero shock, tanto por su contenido como por su realización. Las consecuencias de verlo aún se están procesando dentro de mi. No puedo decir que me he convertido en un militante antitaurino activo, pero no tengo ninguna objeción a que se prohíba, como en muchos lugares del mundo y algunas ciudades españolas.

Sólo una cosa más para cerrar este post: el documental es tan impactante que en ningún momento necesita decir una palabra contra las corridas.

JB Chorch

Enlace al documental: Tauromaquia

Fantasía lusitana

Documentales

Fantasia Lusitana (en portugués sin acento en la i, pero se pronuncia como si lo tuviese) es un documental de 2010. Se realizó a partir de imágenes de archivo y se centra en el Portugal de la Segunda Guerra Mundial; o, más exactamente, en el contraste entre la imagen de un país pacífico y neutral, creada por la propaganda estatal, y la evidencia de un gobierno que simpatizaba con el alemán, el italiano y el español, que preparaba Lisboa para defenderse de los ataques aéreos, que restringía a la población el acceso a alimentos y bienes esenciales, y que veía a millares de personas llegar a sus puertos para tratar de salir de Europa.

Aunque su narrativa es irregular y adolece de demasiados vacíos, y aunque no está disponible (o yo no he conseguido localizar) una versión subtitulada en español, creo que merece la pena asomarse a esta película y contemplar con atención siquiera algún fragmento, especialmente a partir del minuto 34.

Las voces en off de Hanna Schygulla, Rudiger Vogler y Christian Patey leen textos de Erika Mann, Alfred Döblin y Antoine de Saint-Exupéry (la hija de Thomas Mann, el autor de Berlin Alexanderplatz y el de El principito) mientras se suceden las imágenes de una Lisboa casi irreconocible, con calles plagadas de personas, cafés atestados y colas infinitas. Los refugiados, en su mayoría ansiosos por subir a cualquier barco que los llevase a América, se diferencian apenas en las ropas y en los nombres de los que ahora nos muestra la televisión.

Portugal quiso creer y hacer creer que era un paraíso ajeno a todo, un puerto libre, un oasis desde el que escapar. Las imágenes muestran más bien un purgatorio, pero en la memoria colectiva esa proyección de lo irreal ha quedado, de algún modo, grabada. Pensemos, por ejemplo, en el despegue de aquel avión en el que Ilsa y Victor Laszlo dejaron Casablanca rumbo a Lisboa. ¿Qué sería de ellos?

CV

Ña Serapia

Gastronomía

Así: se llama Ña Serapia y es una verdadera gema en medio del caos porteño. Bueno, tanto caos no. Ña Serapia está enfrente del Parque Las Heras, uno de los pulmones que Buenos Aires tiene desde 1962, cuando cerró la Penitenciaría Nacional que ocupaba todo el predio (y se demolió, claro).

Es mínima, ruidosa, repleta de todo. Como un armadillo, un almanaque de Molina Campos o una guitarra, cuelga la fotografía que el artista Marcos López le sacó al bachero histórico del lugar, Héctor. La misma que se expuso en Nueva York o Berlín, está al lado de un pingüino de tinto. Nos mira mientras miramos a Héctor que nos pregunta qué queremos comer.

Si el día que van a visitar esta gema hay pastel de carne, no lo duden. Regálense eso en esta vida. No hay garantías de que haya otra. 

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Av. Gral. Las Heras 3357, C1425ASK CABA

Marina Eleonora Rubio

Los multimillonarios, la tecnología y una serie

Artículos, Música, Series, Tecnologías, Vida y Sociedad

En este post voy a hacer una triple recomendación, por el precio de una.

Douglass Rushkoff es un profesor y escritor, colaborador habitual del Times y del New York Times, además de psiconauta y activista del cyberpunk. Lo traigo a colación porque la semana pasada leí un artículo suyo -a la sazón mi primera recomendación- donde habla de un tema que siempre tengo en mi cabeza: ¿Cómo piensan los ricos y multimillonarios? ¿tienen alguna clase de preocupación por esas cuestiones que nos preocupan a muchos de los simples mortales, como la desigualdad y la pobreza, el cambio climático y el deterioro ambiental, o los millones de personas que viven hacinados en campos de refugiados, por citar sólo algunas?

En el artículo citado (aquí el enlace) Rushkoff es invitado por un grupo de banqueros de inversión a hablar de escenarios futuros, especialmente ligados a la teconología. En ese encuentro el autor se da cuenta que esos multimillonarios son conscientes de los problemas por venir pero su solución dista mucho de la que podríamos pensar algunos de nosotros. En un parte dice que “eran conscientes de que necesitarían vigilantes armados para proteger sus instalaciones de las masas encolerizadas. ¿Pero, con qué iban a pagarles cuando el dinero ya no valiera nada? ¿Y qué impediría a su guardia armada elegir a su propio líder? Estos multimillonarios barajaban recurrir a cerraduras de combinación especiales para proteger el abastecimiento de alimentos, que sólo ellos controlarían. O poner a sus vigilantes algún tipo de collar disciplinario a cambio de su propia supervivencia. E incluso, crear robots capaces de servir como guardias o trabajadores, si es que daba tiempo a desarrollar la tecnología necesaria”. En síntesis, que si dejamos el futuro en sus manos la cosa no da para ser muy optimistas.

En el mismo artículo -y aquí la segunda recomendación- Rushkoff hace referencia a las series y películas que tratan estos temas distópicos, y en especial menciona una: Westworld. En esta -con algunos puntos en común con Blade Runner y que ya ha acabado su segunda temporada- los humanos construyen unos robots a su imagen y semejanza para satisfacer sus deseos más extraños -y oscuros- en una especie de campo de realidad virtual. La serie está impecablemente realizada y, en su desarrollo, las reflexiones filosóficas son permanentes, ya que como todas las buenas narraciones de ciencia ficción -desde la novela hasta el cine- se trata justamente de eso: imaginar un futuro para pensar el presente. Más abajo el trailer.

El futuro llegó hace rato, decían ya en 1988 Los Redonditos de Ricota, una de las bandas de rock más populares de Argentina. Una banda sonora perfecta como tercera recomendación para leer este post.

JB Chorch