Tinder bizarro

Internet y RRSS

Desde mucho antes de separarme me intriga el mundo de Tinder. Esta prometedora aplicación ofrece a los ingenuos la solución al eterno problema de conseguir pareja, encontrar al amor de nuestras vidas, conocer gente, o simplemente rozarse con la posibilidad de coger – en el sentido argentino del término.

En la vida actual, quizás por obra de las fases lunares o algún otro humor inmanejable, hay días que podemos tener la sensación de que nadie tiene tiempo o ganas de conocer gente nueva. El Tinder, o la Tinder, facilita el encuentro. Uno selecciona entre un montón de perfiles de gente cercana geográficamente los que le resultan atractivos y descarta los que no le gustan. Una cruz o un corazón resumen nuestra posición ante unas cuantas fotos de cada participante. Esto da lugar a un mundo de situaciones asombrosas, fascinantes y atractivas, quizás a pesar suyo.

Existen muchos prejuicios sobre estas nuevas opciones de la tecnología, y no falta el que, o la que, con orgullo, prejuicio y pudor encubierto, exalta lo fortuito del encuentro tradicional.

Pero para qué elegir si podemos tenerlo todo? Podemos disfrutar de Tinder, y aún así no lograremos escapar de los encuentros y desencuentros que nos proponga la vida real.

Y, gracias a tinder.bizarro, generosx y popular usuarix de Instagram, incluso si estamos en una relación fielmente monógama podremos disfrutar de una cuidada selección de lo más divertido de Tinder.

Acá el perfil:

https://www.instagram.com/tinder.bizarro/

Diego

The junket

Internet y RRSS

¿Qué tienen en común Dan Stevens, John Keats y una cuajada? La respuesta se encuentra en una palabra: junket.

La receta consiste en añadir cuajo a la leche azucarada, ligeramente templada, y después enfriarla. Aunque junket puede ser también un dulce de cualquier tipo, una cesta para llevar pescado, un pícnic o una excursión. Los editores de The Junket, una publicación online cuatrimestral que reúne ensayos, relatos breves y poesía, se inspiraron en la polisemia del vocablo para presentar sus objetivos: “materiales modestos que son trabajados con cuidado antes de llevarlos a una vida errante y bulliciosa”. También en Junkets, el apodo con el que John Keats firmaba sus cartas a Leigh Hunt, remitiendo a una broma sobre el acento cockney con el que pronunciaba su propio nombre. En una de ellas el poeta describía el acto de escribir como una constante marcha cuesta arriba. Disfrazar lo tortuoso de su composición es, para los editores de The Junket, una característica de la escritura.

The Junket comenzó a publicarse en octubre de 2011 y se interrumpió cinco años más tarde, en el número 17. El navegante desorientado que somos muchos en Internet, que ve en la pantalla una ventana a un mundo inmenso con reglas desconocidas, no sabe durante cuánto tiempo podrá asomarse a este pequeño y discreto no-lugar. Mientras siga siendo posible, aquí va una recomendación para visitar esta isla silenciosa que tiene algo de utopía. Su estética, su tipografía y sus colores transmiten la sensación de paz con la que se lee en una mañana de domingo en el campo.

Destacar alguno de los textos sería ir en contra de la armonía del conjunto; pero puede señalarse, como mera curiosidad, que uno de sus colaboradores fue Dan Stevens, actor conocido por Downton Abbey, La bella y la bestia y Legión. Una muestra de que, donde menos se espera, aparece un escritor.

CV

Los colores de Borges

Documentales, Libros

La gente se imagina al ciego encerrado en un mundo negro, dice Borges en esta conferencia. La suya no fue una ceguera oscura: había azul, rojo, pero sobre todo, amarillo, el color que lo acompañó hasta el final. 

La conferencia que recomiendo a continuación es ‘La Ceguera’, pronunciada por él entre junio y agosto de 1977, en el Teatro Coliseo de Buenos Aires. Un lujo escucharlo hablar de su ‘modesta ceguera personal’, como le gustaba decir, que nunca le impidió ver el universo que lo inspiró y nos regaló para siempre.

Marina Eleonora Rubio

Harold Lloyd: La magia del (primer) cine

Cine y Series, Películas, Videos

Hace poco más de un año subí un post donde contaba -maravillado- mi admiración por los grandes cómicos del cine mudo y como conseguían realizar algunos de esos trucos con los que dejaban (y dejan) con la boca abierta. Si alguien no pudo leerlo o quiere recordarlo aquí el enlace al post.

Pero antes de (re)leerlo recomiendo que miréis el vídeo del enlace de más abajo, una secuencia memorable de “El hombre mosca”, película de 1923 del gran Harold Lloyd, uno de los referenciados en dicho post.

Como breve resumen -para todo lo demás, Wikipedia- Harold Lloyd (1893-1971) fue un actor cómico americano de los inicios del cine, que realizó 208 peliculas entre 1913 y 1947, y llegó a ser uno de los actores mejor pagados de incipiente industria hollywoodense.

A pesar de su calidad y productividad, Harold siempre estuvo un poco eclipsado por Chaplin y Keaton, dado que sus películas no se vieron tanto en televisión como las de estos (Lloyd era el propietario de las mismas y se negaba a que fueran cortadas por la publicidad). Sin embargo, su filmografía está repleta de maravillas que resisten cualquier comparación con los citados Chaplin y Keaton.

El siguiente fragmento es prueba fehaciente de ello. Cada vez que lo veo, además de apenas notar el uso de aquellos efectos tan primitivos, me corre un temblor por todo el cuerpo temiendo por el protagonista. La magia del (buen) cine.

JB Chorch

Harold Lloyd: el ascenso al reloj

Vacaciones en el sur de Encélado

Varios

En estos tiempos tan raros —en los que no sabemos hacia dónde vamos, pero parece haber referencias para todo— la NASA ha lanzado una colección de quince pósteres llamada Visions of the Future en la que se fantasea con la idea de pasar las vacaciones en lugares tan improbables como un observatorio sobre Venus, el pequeño Ceres, una Europa bajo hielo o el exoplaneta Kepler-16b. Aunque los creadores se inspiraron en las imágenes diseñadas por el gobierno estadounidense para anunciar los parques nacionales durante la Gran Depresión, la estética también recuerda a la de la ciencia-ficción de los cincuenta y los sesenta; y son tan bonitos que merece la pena darse una vuelta por la galería, se fantasee o no con vacaciones en o fuera de la Tierra.

El que aparece al inicio de este post es mi favorito y promociona una visita al sur de Encélado, la luna de Saturno. En la imagen se representan las llamadas “plumas” del hemisferio sur del satélite, una especie de géiseres que emanan de depósitos de agua líquida y que llegan a alcanzar más de cien quilómetros de longitud. La sonda Cassini confirmó que ese vapor de agua es el que genera el anillo E de Saturno, y también que existe un océano subsuperficial en Encélado. Este océano, las fuentes hidrotermales y la presencia de hidrógeno en el vapor han llevado a los científicos a pensar que podría haber enceladianos. De existir, quizá se trate apenas de microbios; pero no dejarían de ser vecinos en el Sistema. Los que ya casi no tenemos vecinos gracias a Airbnb acogemos con alegría la idea.

Para profundizar más allá de lo (mucho) que dice Wikipedia sobre Encélado, o bien para acompañar los pasos que siguió la sonda Cassini —una verdadera millennial, con Twitter, Facebook y demás—, puede echarse la tarde en la página de la NASA.  

Los pósteres de la colección Visions of the Future decoran las paredes de una habitación en Legión, una serie de FX basada en unos cómics de Marvel que me tiene fascinada. Pueden verse y descargarse —y después imprimirse y compartirse— en https://www.jpl.nasa.gov/visions-of-the-future/

CV