Música celestial: El ángel

Cine y Series, Películas

Descartada mi primera intención de escribir sobre Roma, (vendría a redundar en lo dicho por Marina, pero con un análisis bastante menos brillante que el suyo), me inclino por recomendarles otra de las películas más logradas de este año, al menos para mí. El ángel se sitúa en las antípodas del film de Cuarón, por género, por ritmo, por estética y sobre todo por su protagonista, Carlos Robledo Puch, personaje real, condenado a cadena perpetua en Argentina, por diez homicidios antes de cumplir los veintiuno. Si la Cleo de Roma es una criatura naturalmente buena, sin un discurso ético ni un razonamiento moral que la respalde (el amor es en ella una respuesta instintiva), el personaje de Carlitos es simple y llanamente malo, con una maldad que no es producto de sus circunstancias sociales, ni siquiera de un desorden mental, que el mismo niega, sino de una ausencia absoluta de empatía, y un regocijo sincero en el dolor del otro.

Los críticos han calificado la cinta como una mezcla entre Tarantino y Almodóvar (que es además productor). Yo, que soy más del director Manchego que del de Tenesse, me quedo con la estética de colores chillones y personajes feminizados y, por encima de cualquier otro logro del filme (incluso el de sus magníficos secundarios) con la banda sonora. Música pop de letras románticas y rimas facilonas acompañan los crímenes del protagonista. No entraré en el debate sobre la legitimidad de frivolizar la violencia y convertirla en un objeto de arte (o de comedia). Considero que esta película es bastante más que un relato ameno o pretendidamente kitsch sobre la vida de un asesino. La balada tontorrona de “Corazón contento” que el espectador escucha mientras el protagonista le vuela la cabeza a una de sus víctimas constituye, a mi modo de ver, la mejor representación externa de lo que sucede en el interior de la cabeza del sociópata. La mayoría de nosotros confrontamos eso tan abstracto que llaman la ‘voz de la conciencia’. Para el Ángel, sentimientos como la compasión, la culpa o la pena son algo así como música celestial.

Bea

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/angel/4822921/

Todos los caminos conducen a ROMA

Cine y Series, Películas

Alfonso Cuarón, cineasta mexicano director de la premiada Gravedad, inventó con Roma todo un género: la novela audiovisual (sugiero verla como se empieza un libro que nos recomiendan: sin necesidad de saber el argumento).

Quienes no la hayan visto, no pierdan un segundo que su paso por las salas de cine es veloz (y simbólico, para poder participar de premios y festivales, ya que compite con su propio estreno casi simultáneo en Netflix). 

Filmada en blanco y negro, fluye como agua. Cuarón construye una narración tan sólida como un plano secuencia inmenso, repleto de detalles y generoso de sutilezas (¿cómo no ver un homenaje a Abbas Kiarostami y a Roberto Rossellini?).

La película (¿o debería decir ‘la novela’?) teje con hilos de oro prejuicios que se da el gusto de derrumbar, para volverlos a construir, con cemento, en la escena siguiente (la primera y segunda visita al hospital son un ejemplo inverso perfecto).

En Roma todo es fractal, cada escena es más inmensa que el mar, ese que muestra de perfil en una secuencia memorable: nos hace viajar a nuestra infancia (¿quién no se vio con esa abuela yendo al cine?), nos interpela con la naturalidad amorosa que presenta esa vida de esclavitud, esa forma de aceptación, sin adjetivos, de la protagonista. Y nos muestra ese México igualito al de hoy, solo que sin celulares.

Marina Eleonora Rubio

La mejor serie policíaca es un programa de arte

Arte

La mayoría asociamos a las hermanas Brontë con un pequeño pueblecito de Yorkshire, tenemos idea de que Charlotte hizo una especie de erasmus en Bruselas y recordamos la terrorífica descripción en Jane Eyre del internado de Lancashire en el que estuvieron de niñas. Lo que pocos sabíamos hasta hace casi nada es que en la pared de la iglesia de Tunstall, cercana a ese internado, cuelga un cuadro italiano del siglo XVI que había sido donado apenas unos años antes de que las Brontë pasasen por allí. Con el paso del tiempo fue formándose una pátina que ocultó tanto las figuras como la historia del lienzo. Hasta que a los encargados de esa iglesia se les ocurrió llamar a un programa de la BBC.

Fake or Fortune? se dedica a descubrir tesoros (y falsificaciones) de la mano de tres personajes que hablan como los malos de Disney, se pegan unos viajes envidiables y explican de una manera muy clara (y entretenida) cómo funciona el mundo del arte. Cada episodio es una síntesis del trabajo detectivesco que un equipo (probablemente enorme) desarrolla durante meses para identificar un Pollock, un Rembrandt, una acuarela de Homer o un dibujo de Gauguin. Asusta (y emociona un poco) lo que puede llegar a pagarse por algunas obras. Se entiende que la gente sueñe con haber encontrado un boleto de lotería ganador entre los trastos de un mercadillo. Y se quiere, aunque eso sea aún más utópico, ser uno de esos especialistas que se acerca con una lupa y, tras examinar la obra, sabe si es o no del autor.

CV

Boca a boca

Series

Cuando se cae el sistema, cuando nos perdemos justo la parte del programa donde recomiendan qué ver, cuando el calor (o el frío o el gobierno) hace colapsar el servicio de luz eléctrica, los trovadores de sugerencias nunca defraudan. Desde septiembre, la serie producida (y dirigida en algunos capítulos) por Michel Gondry y protagonizada (y producida) por Jim Carrey, empezó su circuito comercial y yo sin enterarme. Tuvo que ser una compañera de un taller al que asisto, quien entre blanco titanio y azul de prusia, me habló de Kidding. Ni bien llegar a casa la busqué. Ni bien la encontré, degusté su primera temporada sin el conocimiento de la crítica ni otra información que el título. 

Me gustaría que tuvieran la misma sensación, que se atrevan a los supuestos del comienzo y sin otro dato que la curiosidad, surfeen la experiencia de este nuevo encuentro de Carrey & Gondry.

Nota: como todo sabor adquirido, Jim Carrey gana con la constancia de verlo en pantalla y el paso del tiempo. Tanto, que ya es para mí como las aceitunas negras o el cabernet sauvignon.

Spoiler: 

Pero si no pudieron evitarlo, y siguieron leyendo pese a la advertencia, se encontrarán con una parábola de la autobiografía del actor. Y si no le dieron tiempo ni constancia a su risotada, éste es el momento de empezar: no hay risa con mayor tristeza en el mundo.

Marina Eleonora Rubio