Music is in the air

Documentales, Música

Foto: Getty Images en wsj.com

Como la mayoría, escucho música desde mi adolescencia, cuando nos juntábamos con amigos a oír nuestros respectivos discos (vinilos, en esa época) y mostrar nuestras últimas adquisiciones.

En algún momento posterior descubrí el jazz y me hice muy fan, incluso buscando justificaciones a diestra y siniestra de porqué el jazz era la “música del futuro”. Aún conservo una colección de más de 200 vinilos de casi todos los estilos.

Años después descubrí el blues, antecesor y pariente pobre del jazz, y también me hice muy aficionado, cosa que aún se mantiene. Eso me llevó no sólo a escucharlo sino también a involucrarme en programas de radio, escribir algunos artículos periodísticos, fundar junto a otros aficionados y presidir durante cuatro años la Sociedad de Blues de Madrid e, incluso, hacer un documental sobre el género en Rosario, la ciudad de Argentina donde residí más de 20 años (el docu se llamó “Rosagasario blues” y puede verse aquí)

Essta relación intensa con la música siempre tuvo un lado “pendiente”, y es el de aprender a tocar algún instrumento. En mi casa nadie lo hacía (aunque mi padre era muy aficionado al tango y fue el que me inculcó el gusto por la música) y siempre me reprimí bastante eso de lanzarme y experimentar. Aún hoy sigo intentándolo, y no descarto alguna vez dominar la armónica.

Todo esto viene a cuento porque el hecho de “tener pendiente” lo de tocar me lleva a pensar mucho la relación con la música. Por eso este post, que acabaré con un documental de 1966 del gran pianista de jazz Bill Evans (a quién descubrí en aquellos primeros años del jazz) llamado La Mente Universal de Bill Evans, y donde conversa con su hermano Harry acerca de cómo es el aprendizaje, la improvisación y todo lo que involucra el proceso creativo.

Si no consigo que el documental os interese, al menos espero que -para quien no lo conozca- os anime a escuchar a Bill Evans. Una verdadera delicia.

JB Chorch

Imágenes hipnóticas

Cine y Series, Documentales, Fotografías, Links

No hace falta escribir mucho para explicar en qué consiste este post.

Está especialmente dirigido a quienes guste y hayan visto mucho cine, y se trata de gifs animados de películas, en especial de los últimos cincuenta años. Como ejemplo, dos pelis icónicas: Blade Runner y Metrópolis

Y ya está.

Abajo os dejo el enlace a la web. ¡A procastinar! 

JB Chorch

Tech Noir: gifs de película

¿Cómo no amarlo?

Documentales, Libros

Noam Chomsky. Crédito foto: Haymarket Books

Inabarcable. No alcanza la vida para leer, escuchar y pensar lo que Noam Chomsky propone. Y todo, pero todo, vale cada instante. 

Detesta a los intelectuales, dice fácil lo que sabe. Lo entrevistan desde conductores, producto de su crítica más elemental, hasta físicos cuánticos. Ante cada oportunidad, tira una nueva semilla al viento: repite incansablemente cómo debemos estar atentos a los modos de dominación que ejercen los medios. Estudió como pocos el lenguaje. En mis años de fanatismo lingüístico, intenté seguirlo. Intento todo por él. Logro poco, no puedo leer todo lo que escribe. Pero moriré en ese intento. 

Marina Eleonora Rubio

La manufactura del consentimiento: 

Dirigida por Mark Achbar, Peter Wintonick (1992) 

Chomsky & Krauss: An Origins Project Dialogue (2015)

Un tipo llamado Mark

Documentales

Empecé este post recomendando novelas largas. No una en particular, sino atreverse a leer novelas extensas. Escribía sobre la desidia, el miedo o la mala prensa que las acompañan. Era una oda a recorrer ese mundo mágico, como la montaña de Thomas Mann, el quijote de Cervantes, el incansable Ulises de Joyce; o la vida, entre la guerra y la paz, del conde Pierre de Tolstoi.

Estaba en eso cuando una pestaña del escritorio ( sí, los escritorios modernos tienen pestañas) llamó mi atención. La abrí. La noticia de un video sin editar, con sonido y música en alta definición, del momento de la caída de las torres gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, se estaba haciendo viral.  Me sorprendió que la noticia no tuviera análisis. Casi un titular y una bajada que presentaba el link a youtube. Más que un lanzamiento, parecía un video filtrado. Diecisiete años después. Como si las redacciones no hubieran tenido tiempo de analizar. Empecé el post con menos de un millón de reproducciones, ahora lleva cuatro.

No hay morbo, no hay sangre, casi no hay dolor. Son treinta minutos desde el momento en que Mark LaGanga, un camarógrafo de la cadena CBS, enciende la cámara hasta que la apaga, después del colapso de la segunda torre. No tiene voz en off. Como los buenos escritores, no cuenta, muestra lo que ve. 

Se detiene en una paloma, después de que la torre cae, y todo queda negro por minutos (negro y mudo). La paloma está tan aturdida como él, los dos frente a algo que no tienen capacidad de procesar. Polvo, destrucción de todo. Se me vino Michael Haneke a la cabeza y su truco de no contar en las películas lo siniestro que acontece.  

LaGanga deja la cámara encendida, camina y registra. Se mete en el lobby de una de las torres del World Trade Center, se cruza con bomberos, policías, zombies que arrastran lo que queda de su mañana. No grita ni cuando la torre se le viene encima. ¿Sorpresa o profesionalismo?

Lo miré sin preguntarme nada. Dejándome llevar por lo que él vio, mirando dónde él se detuvo, cuando ni él ni nadie de los que se cruzaba, entendía qué pasaba.

El valor del registro es poder:

https://www.youtube.com/watch?v=ECkExPzMANw

(ESTE NO ES EL LINK ORIGINAL)

Marina Eleonora Rubio

El toro por las astas

Documentales

Sólo fui una vez a una corrida de toros, hace más de veinte años ya, en lo que fue mi primer viaje a España. No entendí demasiado cómo eran las reglas del juego. Reconozco que el espectáculo logró cautivarme, tanto por su estética como por el comportamiento del público, que tanto vitoreaba al torero como lo vituperaba por “no respetar” al toro.

Sin embargo, nunca me convertí en un fan del asunto. Ni aún cuando vine a vivir a España, y tampoco sabía de las reglas que rigen las corridas. Más aún, nunca volví a una plaza de toros. No hubo una decisión consciente; a pesar de cierta seducción por el “arte del toreo” no reuní el entusiasmo suficiente para hacerlo.

Y así estuve durante muchos años hasta que vi el documental que os dejo al final del escrito. Se llama Tauromaquia, dura sólo 28 minutos y fue realizado por Jaime Alekos con el patrocinio de PACMA, el partido animalista de España. Su visionado fue un verdadero shock, tanto por su contenido como por su realización. Las consecuencias de verlo aún se están procesando dentro de mi. No puedo decir que me he convertido en un militante antitaurino activo, pero no tengo ninguna objeción a que se prohíba, como en muchos lugares del mundo y algunas ciudades españolas.

Sólo una cosa más para cerrar este post: el documental es tan impactante que en ningún momento necesita decir una palabra contra las corridas.

JB Chorch

Enlace al documental: Tauromaquia