El toro por las astas

Documentales

Sólo fui una vez a una corrida de toros, hace más de veinte años ya, en lo que fue mi primer viaje a España. No entendí demasiado cómo eran las reglas del juego. Reconozco que el espectáculo logró cautivarme, tanto por su estética como por el comportamiento del público, que tanto vitoreaba al torero como lo vituperaba por “no respetar” al toro.

Sin embargo, nunca me convertí en un fan del asunto. Ni aún cuando vine a vivir a España, y tampoco sabía de las reglas que rigen las corridas. Más aún, nunca volví a una plaza de toros. No hubo una decisión consciente; a pesar de cierta seducción por el “arte del toreo” no reuní el entusiasmo suficiente para hacerlo.

Y así estuve durante muchos años hasta que vi el documental que os dejo al final del escrito. Se llama Tauromaquia, dura sólo 28 minutos y fue realizado por Jaime Alekos con el patrocinio de PACMA, el partido animalista de España. Su visionado fue un verdadero shock, tanto por su contenido como por su realización. Las consecuencias de verlo aún se están procesando dentro de mi. No puedo decir que me he convertido en un militante antitaurino activo, pero no tengo ninguna objeción a que se prohíba, como en muchos lugares del mundo y algunas ciudades españolas.

Sólo una cosa más para cerrar este post: el documental es tan impactante que en ningún momento necesita decir una palabra contra las corridas.

JB Chorch

Enlace al documental: Tauromaquia

Fantasía lusitana

Documentales

Fantasia Lusitana (en portugués sin acento en la i, pero se pronuncia como si lo tuviese) es un documental de 2010. Se realizó a partir de imágenes de archivo y se centra en el Portugal de la Segunda Guerra Mundial; o, más exactamente, en el contraste entre la imagen de un país pacífico y neutral, creada por la propaganda estatal, y la evidencia de un gobierno que simpatizaba con el alemán, el italiano y el español, que preparaba Lisboa para defenderse de los ataques aéreos, que restringía a la población el acceso a alimentos y bienes esenciales, y que veía a millares de personas llegar a sus puertos para tratar de salir de Europa.

Aunque su narrativa es irregular y adolece de demasiados vacíos, y aunque no está disponible (o yo no he conseguido localizar) una versión subtitulada en español, creo que merece la pena asomarse a esta película y contemplar con atención siquiera algún fragmento, especialmente a partir del minuto 34.

Las voces en off de Hanna Schygulla, Rudiger Vogler y Christian Patey leen textos de Erika Mann, Alfred Döblin y Antoine de Saint-Exupéry (la hija de Thomas Mann, el autor de Berlin Alexanderplatz y el de El principito) mientras se suceden las imágenes de una Lisboa casi irreconocible, con calles plagadas de personas, cafés atestados y colas infinitas. Los refugiados, en su mayoría ansiosos por subir a cualquier barco que los llevase a América, se diferencian apenas en las ropas y en los nombres de los que ahora nos muestra la televisión.

Portugal quiso creer y hacer creer que era un paraíso ajeno a todo, un puerto libre, un oasis desde el que escapar. Las imágenes muestran más bien un purgatorio, pero en la memoria colectiva esa proyección de lo irreal ha quedado, de algún modo, grabada. Pensemos, por ejemplo, en el despegue de aquel avión en el que Ilsa y Victor Laszlo dejaron Casablanca rumbo a Lisboa. ¿Qué sería de ellos?

CV

Los multimillonarios, la tecnología y una serie

Artículos, Música, Series, Tecnologías, Vida y Sociedad

En este post voy a hacer una triple recomendación, por el precio de una.

Douglass Rushkoff es un profesor y escritor, colaborador habitual del Times y del New York Times, además de psiconauta y activista del cyberpunk. Lo traigo a colación porque la semana pasada leí un artículo suyo -a la sazón mi primera recomendación- donde habla de un tema que siempre tengo en mi cabeza: ¿Cómo piensan los ricos y multimillonarios? ¿tienen alguna clase de preocupación por esas cuestiones que nos preocupan a muchos de los simples mortales, como la desigualdad y la pobreza, el cambio climático y el deterioro ambiental, o los millones de personas que viven hacinados en campos de refugiados, por citar sólo algunas?

En el artículo citado (aquí el enlace) Rushkoff es invitado por un grupo de banqueros de inversión a hablar de escenarios futuros, especialmente ligados a la teconología. En ese encuentro el autor se da cuenta que esos multimillonarios son conscientes de los problemas por venir pero su solución dista mucho de la que podríamos pensar algunos de nosotros. En un parte dice que “eran conscientes de que necesitarían vigilantes armados para proteger sus instalaciones de las masas encolerizadas. ¿Pero, con qué iban a pagarles cuando el dinero ya no valiera nada? ¿Y qué impediría a su guardia armada elegir a su propio líder? Estos multimillonarios barajaban recurrir a cerraduras de combinación especiales para proteger el abastecimiento de alimentos, que sólo ellos controlarían. O poner a sus vigilantes algún tipo de collar disciplinario a cambio de su propia supervivencia. E incluso, crear robots capaces de servir como guardias o trabajadores, si es que daba tiempo a desarrollar la tecnología necesaria”. En síntesis, que si dejamos el futuro en sus manos la cosa no da para ser muy optimistas.

En el mismo artículo -y aquí la segunda recomendación- Rushkoff hace referencia a las series y películas que tratan estos temas distópicos, y en especial menciona una: Westworld. En esta -con algunos puntos en común con Blade Runner y que ya ha acabado su segunda temporada- los humanos construyen unos robots a su imagen y semejanza para satisfacer sus deseos más extraños -y oscuros- en una especie de campo de realidad virtual. La serie está impecablemente realizada y, en su desarrollo, las reflexiones filosóficas son permanentes, ya que como todas las buenas narraciones de ciencia ficción -desde la novela hasta el cine- se trata justamente de eso: imaginar un futuro para pensar el presente. Más abajo el trailer.

El futuro llegó hace rato, decían ya en 1988 Los Redonditos de Ricota, una de las bandas de rock más populares de Argentina. Una banda sonora perfecta como tercera recomendación para leer este post.

JB Chorch

Los colores de Borges

Documentales, Libros

La gente se imagina al ciego encerrado en un mundo negro, dice Borges en esta conferencia. La suya no fue una ceguera oscura: había azul, rojo, pero sobre todo, amarillo, el color que lo acompañó hasta el final. 

La conferencia que recomiendo a continuación es ‘La Ceguera’, pronunciada por él entre junio y agosto de 1977, en el Teatro Coliseo de Buenos Aires. Un lujo escucharlo hablar de su ‘modesta ceguera personal’, como le gustaba decir, que nunca le impidió ver el universo que lo inspiró y nos regaló para siempre.

Marina Eleonora Rubio

Harold Lloyd: La magia del (primer) cine

Cine y Series, Películas, Videos

Hace poco más de un año subí un post donde contaba -maravillado- mi admiración por los grandes cómicos del cine mudo y como conseguían realizar algunos de esos trucos con los que dejaban (y dejan) con la boca abierta. Si alguien no pudo leerlo o quiere recordarlo aquí el enlace al post.

Pero antes de (re)leerlo recomiendo que miréis el vídeo del enlace de más abajo, una secuencia memorable de “El hombre mosca”, película de 1923 del gran Harold Lloyd, uno de los referenciados en dicho post.

Como breve resumen -para todo lo demás, Wikipedia- Harold Lloyd (1893-1971) fue un actor cómico americano de los inicios del cine, que realizó 208 peliculas entre 1913 y 1947, y llegó a ser uno de los actores mejor pagados de incipiente industria hollywoodense.

A pesar de su calidad y productividad, Harold siempre estuvo un poco eclipsado por Chaplin y Keaton, dado que sus películas no se vieron tanto en televisión como las de estos (Lloyd era el propietario de las mismas y se negaba a que fueran cortadas por la publicidad). Sin embargo, su filmografía está repleta de maravillas que resisten cualquier comparación con los citados Chaplin y Keaton.

El siguiente fragmento es prueba fehaciente de ello. Cada vez que lo veo, además de apenas notar el uso de aquellos efectos tan primitivos, me corre un temblor por todo el cuerpo temiendo por el protagonista. La magia del (buen) cine.

JB Chorch

Harold Lloyd: el ascenso al reloj