Viaje a lo mejor de la memoria

Gastronomía

El olfato, garantía sin retorno al suburbio del pasado, con el negroni vive un poco perdido. La furia que le regala el campari lo distrae. La ginebra arrima poderío, y el vermouth, pide carta para dejarse ver. Cuando la piel de una naranja estalla sobre el vaso, no hay reversa: atraviesa como flecha la paz de cualquier cementerio. 

Yo lo tomaba con mi abuelo Ucraniano, de sombrero y bastón. Con él aprendí las reglas básicas: siempre en barras, a media tarde, y en vaso ancho. 

El uso del sorbete está prohibido, la charla en exceso debe evitarse. 

Abstenerse los tibios de espíritu, para ellos el infierno de la whiscola.

Ingredientes cocktail Negroni

  • Hielo
  • 30ml de Ginebra
  • 30ml de Vermouth dulce
  • 30ml de Campari
  • Soda (opcional)
  • 1 rodaja de naranja

Marina Eleonora Rubio

photo: LIZZIE MUNRO

Usera: Chinatown en Madrid

Gastronomía

Cuando uno vive en el madrileñísimo barrio de Cuatro Caminos corre el riesgo de considerar que su zona, junto con el no menos popular Lavapiés, son lo más exótico del paisanaje castizo y limitar los días a las muchas distracciones que ofrece el centro de la capital. Solo si tienes suerte, tal vez un día, alguien con más curiosidad que tú te saque de la tan trillada zona de confort de una ciudad que, tras catorce años, crees conocer mínimamente, y te conduzca hasta el magnífico barrio de Usera, un auténtico Soho madrileño junto al río Manzanares.

Para dos paletos mesetarios, la experiencia de comer en un auténtico restaurante chino constituye toda una práctica de riesgo y no por la calidad de los materiales sino por nuestra ignorancia del protocolo alimentario. En las antípodas del fast food de rollitos de primavera y cerdo agridulce, en el restaurante Mr. DouLao (Calle Olvido 46) es el cliente el que debe hervir los ingredientes en caldo -para ello las mesas disponen de placas de calor artificial-, procedimiento en el que la camarera (que comparte su espanto con los comensales chinos y la vergüenza ajena con una familia europea bastante más mundana que nosotros) se ve en la obligación de instruirnos tras vernos engullir carne cruda.

Y después del almuerzo, paseo por el barrio. Un modelo de escaparate despierta especialmente nuestro interés. Filas de manos y agarrotados dedos de plástico nos señalan tras la vitrina de muchos negocios. Tardamos unos segundos en descifrar su utilidad, estas réplicas de aire gore funcionan como inocentes soportes de práctica para futuras esteticistas que ejercerán labores de manicura y pedicura en los numerosos centros de belleza regentados por chinos y distribuidos por toda la ciudad.

A última hora las prisas nos impiden disfrutar de las delicias que nos tientan tras el cristal de algunas dulcerías. Omisión providencial: a la salida del barrio, la sed o el hambre nos obligan a detenernos en una tasca de aspecto inofensivo y nombre poco disuasorio: la Oliva. Solo al fijar la vista en sus paredes reparamos en la particularidad del recinto, fotos del dictador Franco y su familia adornan el local regentado por un ciudadano chino entusiasta de la figura del general. A nuestro lado, un grupo de policías nacionales disfrutan alegremente de un cafecito de media tarde. Queremos pensar que ellos, como nosotros, también llegaron allí por casualidad.

Bea

Ña Serapia

Gastronomía

Así: se llama Ña Serapia y es una verdadera gema en medio del caos porteño. Bueno, tanto caos no. Ña Serapia está enfrente del Parque Las Heras, uno de los pulmones que Buenos Aires tiene desde 1962, cuando cerró la Penitenciaría Nacional que ocupaba todo el predio (y se demolió, claro).

Es mínima, ruidosa, repleta de todo. Como un armadillo, un almanaque de Molina Campos o una guitarra, cuelga la fotografía que el artista Marcos López le sacó al bachero histórico del lugar, Héctor. La misma que se expuso en Nueva York o Berlín, está al lado de un pingüino de tinto. Nos mira mientras miramos a Héctor que nos pregunta qué queremos comer.

Si el día que van a visitar esta gema hay pastel de carne, no lo duden. Regálense eso en esta vida. No hay garantías de que haya otra. 

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Av. Gral. Las Heras 3357, C1425ASK CABA

Marina Eleonora Rubio

La tertulia

Gastronomía, Links

Hoy, como siempre, voy a ser parcial. Y a dejarme llevar por fechas y emociones. Hay un bar en Granada – España-, más que bar un barrio, una comunidad, llamado La Tertulia. Cumple treinta y siete años, y si lo hubiese calculado un poco, solo un poco, habría cruzado el atlántico a nado para brindar en su barra, como corresponde.

Era común escuchar el cante de Enrique Morente, ver sentados a Goytosolo, Gelman o Benedetti, parados en la barra a Sabina, Goyeneche o Pugliese. Incluso en Nueva Zelanda, sentada cara al cielo en el pasto leyendo una novela de Luis García Montero, me crucé con ella, con ‘la tertulia’, entre sus páginas, y con Tato, el argentino que le dio vida, la acunó y la puso de pie. 

Si andan por tierras granadinas, entren. Digan que es en mi nombre y avisen por acá. Esa noche invito yo.

http://tertuliagranada.com

Marina Eleonora Rubio