Los misteriosos Bartleby

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¿Por qué deja alguien de hacer algo que se le da bien? El enigma se formula en uno de los relatos más conocidos de Herman Melville, “Bartleby the Scrivener: A Story of Wall Street”, y abundan las interpretaciones. Algunas se deben a Jorge Luis Borges, autor de una versión en español —“Bartleby, el escribiente”— que tal vez sea las más célebre de sus traducciones; aunque el propio Borges dejó escrito —en “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”— que “la solución del misterio siempre es inferior al misterio mismo”. Y el relato de Melville lo prueba: las interpretaciones van y vienen, pero el texto permanece.

El enigma también.

Siguiendo la pista de muchos Bartleby de la literatura, Enrique Vila Matas escribió un ensayo absolutamente recomendable; probablemente uno de los mejores “libros sobre libros” que se pueden encontrar. Partiendo de un enfoque completamente diferente, pero retomando el tema, Nick Hornby publicó hace casi diez años Juliet, Naked, una novela sobre un músico que, como tantos otros Bartleby, lleva décadas sin publicar. La reciente adaptación cinematográfica de esta historia mantiene en equilibrio varias de las temáticas presentes en el libro: el compromiso, el paso del tiempo, la paternidad/maternidad, las relaciones románticas, las crisis existenciales, las no-decisiones que nos marcan, … Ethan Hawke encarna al artista retirado, y su sola presencia hace que recordemos cosas que en el pasado nos gustaron; lo que desencadena una nostalgia muy importante para empatizar con la trama. La solución del misterio tiene un efecto parecido. Es decepcionante, hace desaparecer la magia y nos trae a un presente muy real. Lo que ocurre es que, curiosamente, ese ‘aterrizaje’ es bonito.

CV

Imagen de https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=31695451

¿Con quién se identifica un autor? Con los adverbios, naturalmente

Libros, Links, Literatura y Poesía

Una de las claves de El nombre de la rosa se enuncia cuando Adso, el anciano narrador, registra una revelación que tuvo siendo novicio: «De pronto comprendí que, a menudo, los libros hablan de otros libros; o sea, que es casi como si hablasen entre sí». Tras una frase como esta el lector se acuerda de Borges, hace una pausa para meditar e imagina los múltiples diálogos, las infinitas tertulias, mientras visualiza una cuarta dimensión que tiene una forma parecida a la de la Biblioteca de Babel.

Umberto Eco dejó escrito en su testamento que no quería que se celebrase ningún homenaje, ni nada similar, hasta pasados al menos diez años desde su fallecimiento. Despuntaba en Europa la primavera de 2016 cuando se supo, y ya habían comenzado a organizarse multitud de congresos, coloquios, seminarios y demás reuniones científicas destinadas a considerar, discutir, comentar, releer y analizar su obra. Asistí al freno en seco de uno de esos proyectos. Tanto aquellos que pensaban en el autor de El nombre de la rosa, o El péndulo de Foucault, como los que admiraban al especialista en semiótica, o al medievalista, debieron aceptar y callar. Cientos de personas en múltiples lugares mordiéndose la lengua. En cierto modo, una cuarta dimensión alternativa.

En sus Apostillas a El nombre de la rosa dijo que el autor debería morirse después de haber escrito su obra para allanarle el camino al texto. También muchas otras cosas que ayudan a comprender el deseo de esa década de luto silencioso. Además, explicó cuántos tipos hay de laberintos, cómo se concibe una historia o cuál es el proceso de definición del lector modelo. Es un texto breve, muy ameno, que probablemente interesa más a los que leyeron la novela cuando fue un best seller. Respetando las leyes del universo borgiano, no revela soluciones ni traiciona misterios; pero sí subraya lo más divertido de un recorrido largo y complejo, describiendo la composición como un proceso creativo con un final feliz.

CV

http://biblioteca.salamandra.edu.co/libros/Eco,%20Umberto%20-%20Apostillas%20a%20El%20Nombre%20de%20la%20Rosa.pdf

¿Cómo no amarlo?

Documentales, Libros

Noam Chomsky. Crédito foto: Haymarket Books

Inabarcable. No alcanza la vida para leer, escuchar y pensar lo que Noam Chomsky propone. Y todo, pero todo, vale cada instante. 

Detesta a los intelectuales, dice fácil lo que sabe. Lo entrevistan desde conductores, producto de su crítica más elemental, hasta físicos cuánticos. Ante cada oportunidad, tira una nueva semilla al viento: repite incansablemente cómo debemos estar atentos a los modos de dominación que ejercen los medios. Estudió como pocos el lenguaje. En mis años de fanatismo lingüístico, intenté seguirlo. Intento todo por él. Logro poco, no puedo leer todo lo que escribe. Pero moriré en ese intento. 

Marina Eleonora Rubio

La manufactura del consentimiento: 

Dirigida por Mark Achbar, Peter Wintonick (1992) 

Chomsky & Krauss: An Origins Project Dialogue (2015)

Mi lucha

Libros, Literatura y Poesía

Enrique Santos Discépolo, músico, dramaturgo y actor argentino, escribió el tango Uno (de los más famosos del mundo) en mil novecientos cuarenta y tres. «La lucha es cruel y es mucha», regala entre sus versos. Del sur al infierno: anteponerle a «lucha» el pronombre posesivo singular de la primera persona, lleva de narices a Hitler. Pero un regalo maravilloso nos trajo este nuevo siglo: Karl Ove y su novela a gran escala de seis tomos.

«Mi lucha» es ahora también una obra cosida de recuerdos milimétricos y constantes, de tiempo recuperado y extasiado, de la mejor tradición de escritura de no ficción, que prefiero llamar autobiográfica, junto con Marcel Proust (a quien le debemos todo) y Emmanuel Carrèrre. La primera persona desnuda, el preciosismo de cada imagen, esa flecha que guía al viento.

Karl Ove Knausgård, el mejor amigo de todos:

Marina Eleonora Rubio

Relatos y emociones

Libros, Links, Literatura y Poesía

Me reconozco ferviente y apasionado seguidor de lo que -tanto en cine como en literatura- se suele denominar como no-ficción. Como yo lo entiendo se denomina así a las obras que se valen de los recursos narrativos de ambos mundos y donde los relatos se basan en hechos reales, pero que se diferencian de aquellas producciones que también utilizan elementos de la realidad -reportajes televisivos, ensayos históricos, documentales de naturaleza, entrevistas, biografías, etc- y que se centran principalmente en informar sobre un hecho. Dicho de otra manera, son aquellos trabajos donde la historia, o información, está supeditada a los recursos formales -cinematográficos y/o literarios- utilizados para contarla. Los dos referentes actuales (hay muchos más) de esta forma de entender la no-ficción para mi son Emanuelle Carrere en literatura y Errol Morris en cine, de los que ya he hablado de ellos en este blog (y volveré a hacerlo, seguramente).

No he leído más que tres o cuatro libros de Paul Auster pero tengo la intuición de que suele transitar muchas veces por el camino de la no-ficción. Estoy convencido de ello desde que vi la peli su Smoke, realizada a medias con Wayne Wang. Aunque es una película de ficción, esta impregnada de ese espíritu que yo busco en las obras de no ficción, y creo que eso puede apreciarse en el fragmento que enlazo en el título. De la misma manera creo que el libro que encabeza el post también transita con ese espíritu.

“Creia que mi padre era Dios” no está escrito por Auster, sino que son historias reales escritas por oyentes de un programa de radio donde el escritor participó durante más de un año. El plan original de Auster era leerlas en el programa (y lo fue haciendo), pero como recibió más de 4 mil decidió hacer una selección y eligió 179, que son las que componen el libro. Los autores pertenecen a distintas edades, condiciones sociales, razas o religiones, y los temas tratados son de los más diversos: de la pornografía a la espiritualidad; de la amistad a la guerra; del odio al amor, de la ilusión al desencanto, de la vulgaridad a lo sublime.

Todas las historias están narradas en primera persona y tienen una fuerza tal -fruto de su autenticidad- que muchas de ellas han logrado emocionarme hasta las lágrimas.

Al fin y al cabo, creo que de eso se trata.

JB Chorch

Algunos relatos a modo de ejemplo