Relatos y emociones

Libros, Links, Literatura y Poesía

Me reconozco ferviente y apasionado seguidor de lo que -tanto en cine como en literatura- se suele denominar como no-ficción. Como yo lo entiendo se denomina así a las obras que se valen de los recursos narrativos de ambos mundos y donde los relatos se basan en hechos reales, pero que se diferencian de aquellas producciones que también utilizan elementos de la realidad -reportajes televisivos, ensayos históricos, documentales de naturaleza, entrevistas, biografías, etc- y que se centran principalmente en informar sobre un hecho. Dicho de otra manera, son aquellos trabajos donde la historia, o información, está supeditada a los recursos formales -cinematográficos y/o literarios- utilizados para contarla. Los dos referentes actuales (hay muchos más) de esta forma de entender la no-ficción para mi son Emanuelle Carrere en literatura y Errol Morris en cine, de los que ya he hablado de ellos en este blog (y volveré a hacerlo, seguramente).

No he leído más que tres o cuatro libros de Paul Auster pero tengo la intuición de que suele transitar muchas veces por el camino de la no-ficción. Estoy convencido de ello desde que vi la peli su Smoke, realizada a medias con Wayne Wang. Aunque es una película de ficción, esta impregnada de ese espíritu que yo busco en las obras de no ficción, y creo que eso puede apreciarse en el fragmento que enlazo en el título. De la misma manera creo que el libro que encabeza el post también transita con ese espíritu.

“Creia que mi padre era Dios” no está escrito por Auster, sino que son historias reales escritas por oyentes de un programa de radio donde el escritor participó durante más de un año. El plan original de Auster era leerlas en el programa (y lo fue haciendo), pero como recibió más de 4 mil decidió hacer una selección y eligió 179, que son las que componen el libro. Los autores pertenecen a distintas edades, condiciones sociales, razas o religiones, y los temas tratados son de los más diversos: de la pornografía a la espiritualidad; de la amistad a la guerra; del odio al amor, de la ilusión al desencanto, de la vulgaridad a lo sublime.

Todas las historias están narradas en primera persona y tienen una fuerza tal -fruto de su autenticidad- que muchas de ellas han logrado emocionarme hasta las lágrimas.

Al fin y al cabo, creo que de eso se trata.

JB Chorch

Algunos relatos a modo de ejemplo

¿Quién es esa chica?

Documentales, Links

Es Anna. La sexta hija de Freud, y sobrina de Edward Bernays (a quien conocimos en el primer capítulo de ‘El Siglo del YO’, la genialidad producida por la BBC en 2002 y dirigido por Adam Curtis).

¿Por qué esta foto carnet? Anna es una de las protagonistas del segundo capítulo de la serie: La fabricación del consentimiento.

Después de la segunda guerra mundial pasaron muchas cosas, ¿no?

Pasen y vean:

Marina Eleonora Rubio

La tertulia

Gastronomía, Links

Hoy, como siempre, voy a ser parcial. Y a dejarme llevar por fechas y emociones. Hay un bar en Granada – España-, más que bar un barrio, una comunidad, llamado La Tertulia. Cumple treinta y siete años, y si lo hubiese calculado un poco, solo un poco, habría cruzado el atlántico a nado para brindar en su barra, como corresponde.

Era común escuchar el cante de Enrique Morente, ver sentados a Goytosolo, Gelman o Benedetti, parados en la barra a Sabina, Goyeneche o Pugliese. Incluso en Nueva Zelanda, sentada cara al cielo en el pasto leyendo una novela de Luis García Montero, me crucé con ella, con ‘la tertulia’, entre sus páginas, y con Tato, el argentino que le dio vida, la acunó y la puso de pie. 

Si andan por tierras granadinas, entren. Digan que es en mi nombre y avisen por acá. Esa noche invito yo.

http://tertuliagranada.com

Marina Eleonora Rubio

La palabra inmigrante se hereda

Artículos, Links, Política y Economía, Vida y Sociedad

No es un libro, esta vez invito a la lectura de un artículo que, para colmo, tiene ya cuatro años. He recomendado muchos libros en mi vida, y también muchos artículos. Éste es uno de ellos, porque, como los libros clásicos, no ha perdido vigencia. Aunque a diferencia de los libros, sí espero que esta nota la pierda:

Opinión | La palabra “inmigrante” se hereda

Marina Eleonora Rubio