“Enredados de tuit en tuit, de chat en chat, de mensaje en mensaje, apenas tenemos tiempo ni energía para hacernos preguntas, para pararnos, sentir o pensar por cuenta propia. Cualquier tecnología existencial exige retirarnos, dejar por un momento de ser interactivos y visibles. Y tal retiro choca hoy con uno de los fantasmas de la época: el miedo al silencio, a quedarse atrás. Por eso la obsesión es compartir, comunicar, participar, no estar nunca a solas con nada”.
Hace unos post atrás (05.02.2017), recomendaba un libro del filósofo Ignacio Castro Rey, «Roxe de Sebes», donde narraba la experiencia existencias de vivir mil días aislado en una montaña en Castilla y León (España). En el artículo al que pertenece la cita inicial, continúa en la línea abierta en el libro aquel, y señala con precisión quirúrgica todos los males que oculta – y/o fomenta – la tecnología y el deseo de conexión permanente.
Un visión crítica del “momento teconógico” actual, que quizás sea mucho más que un momento, y cualitativamente distinto de anteriores cambios tecnológicos.
JB Chorch
