Navego en Internet desde mucho antes de la existencia de las redes sociales, cuando Google era uno más, y no el amo y señor de las búsquedas, y existían otros buscadores tales como Altavista, Lycos, etc. (en este enlace podéis curiosear, si no los conocíais) y toda la comunicación interpersonal estaba centrada en el correo electrónico y en algunos chats muy básicos y primitivos.
Luego, con la llegada de las redes sociales y en especial Facebook, me subí con mucho entusiasmo a esa posibilidad (casi) infinita de poder conectar con amigos y familiares que hacía años no veía o vivían muy lejos. Y aunque con un amigo conversábamos mucho sobre el tema y especulábamos sobre la segura transformación comercial, en ese momento era la utopía comunicativa hecha realidad.
Así es que, luego de abrir mi perfil y ajeno a cualquier prevención, me sumé a los muchos que completaron la información con todos y cada uno de mis gustos y preferencias acerca de películas, música, lugares que visité, fotos de todo tipo y cada categoría que el Face me propusiera rellenar. Junto con ello –of course– el tiempo de estar conectado creció hasta niveles impensados, por no decir permanente.
Pero, desde hace un par de años, la relación empezó a cambiar. Sumado a un cansancio personal (intuyo que el de muchos más, pero no tengo datos para corroborarlo), comenzaron a aparecer (o, simplemente, yo les comencé a prestar más atención) informaciones sobre la creciente manipulación de aquellos datos generosamente cedidos a la plataforma y los cambios que esa exposición provocaba en la sociabilidad, alentado un ensimismamiento muy nocivo, caldo de cultivo ideal para las Fake news.
Todo ello fue provocando también una creciente aparición de artículos de expertos recomendando morigerar el tiempo de conexion, cuando no abandonar las redes, ya imposibles de cumplir aquella promesa de comunicabilidad.
En este momento estoy en un proceso de “retirada” temporal, intentando limitar mi exposición a accesos puntuales y a un uso promocional de mi actividad profesional, mientras leo con interés (y recopilo) todos los artículos que refieren a lo que me atrevo a llamar un “momento post Cambridge Analytics”, en relación a la denuncia por manipulación de datos de Facebook para la campaña que llevó al triunfo a Trump.
Comparto con vosotros la reflexion y algunos de esos artículos:
– Jaron Lanier, pionero de Internet, quiere que dejes las redes sociales
– Como enmendar la crisis de Facebook sin enfadar a nadie
– Víctor Sampedro: “Cada comunidad consume su propia mentira”
– Exconectados: se bajan de las redes sociales para ser más felices
JB Chorch
