En España yo creo no está muy bien visto llegar de improviso de visita a la casa de alguien, aunque seas amigo. Es un espacio absolutamente privado que sólo se comparte si hay invitación previa -a una fiesta o una cena, las más habituales- pero jamás debe entenderse como un permiso para continuar haciéndolo. Eso sí, después, lo más probable que el “encuentro” se traslade a otra parte. ¿Dónde? Si, a un bar.
Es el espacio de socialización por excelencia de los residentes y punto de atracción de cientos de miles de jóvenes de toda Europa que llegan a la península ibérica en busca del alcohol barato.
Es una cosa única lo que se vive en cualquier gran ciudad española -aunque de forma especial en Madrid- lo de salir “de cañas” y hacer varias paradas en distintos locales. No es un lugar de paso sino que la vida transcurre en los bares, y parte central del ser español. Tanto, que la voz popular dice que “la revolución llegará cuando la mayoría de los españoles no puedan escaparse a tomar una trago al bar”.
Algo de todo esto, y un poco más, es lo que cuenta el filósofo Santiago Alba Rico en la nota que hoy os recomiendo. Salud!
JB Chorch
