Que se rompa pero que no se doble

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En Argentina, la frase ‘que se rompa pero que no se doble’ remite a un hecho muy particular: la escribió el expresidente Leandro Alem como testamento político hace ciento veintidós años. Fue en su nota de suicidio, que dejó sobre el escritorio bajo las palabras: para publicar. Su partido de desmoronaba, y él, que sentía que había entregado todo, terminó con su vida.

El resto del mundo desconoce a Alem pero no a la frase. La vi sobrevolar la película ‘Wild’, y hace un par de semanas, y me volvió a abrazar en la serie ‘Sharp Objects’. No es casual. Ambas comparten la dirección de Jean-Marc Vallée, un canadiense que se apropia de la frase en cada obra que escribe o dirige. En esta miniserie, basada en la novela homónima de Gillian Flynn, nos lo recuerda en cada escena. 

Editada como obra maestra, la actriz Amy Adams protagoniza a una periodista con problemas emocionales que no sabemos hasta dónde puede romperse o doblarse: tiene que investigar un par de asesinatos en su lugar de origen, esos pueblos norteamericanos hechos a medida para hacerse polvo. 

Marina Eleonora Rubio