Imagen: blog.rtve.es
Hay una opinión bastante extendida respecto a que lo más importante en un documental es su aspecto informativo y las imágenes, su cinematografía, no son más que el subproducto que se obtiene luego de conseguir lo primero. La consecuencia de esto, en la mayoría de las ocasiones, es que el aspecto formal y estético son sólo algo para “decorar” lo que se cuenta. Los documentales para televisión, y sus correlatos “de investigación”, suelen llevar al extremos estos preceptos.
Por suerte, cada tanto, aparecen joyitas que muestran todo el potencial creativo que es posible conseguir audiovisualmente en el mundo de lo real (que no significa objetividad en ningún caso, aclaremos). “La Once” (2014), de Maite Alberdi, es una de esas joyitas.
Con un trabajo de cámara maravilloso, intimista sin ser invasivo, basado en planos cortos y de detalle, consigue armar una narración muy fresca y ágil, mientras muestra unos personajes con todas sus contradicciones a flor de piel. Y, aunque muchas de esas contradicciones pueden generar rechazo, es casi imposible no empatizar con sus portadoras: seis mujeres de la alta -y conservadora- sociedad chilena que se juntan durante más de medio siglo a tomar el té por las tardes, llamado allí La Once, precisamente. Mérito de un gran trabajo de guión y de montaje, pero que no destacarían si la pieza en su conjunto -y desde su mismo origen- no se hubiera propuesto hacer que las formas hablen tanto, o más, del contenido que lo que hacen estas mujeres con sus palabras.
El documental creativo no es el hijo bobo del cine, e intentaré seguir subiendo ejemplos que lo demuestren.
JB Chorch
