
Al principio fue el crimen. No es una cita literal de ningún texto iniciático pero bien podría serlo. Rómulo mató a Remo, Caín mató a Abel, Cronos devoró a sus hijos y sobre su sangre se construyeron las civilizaciones. En el origen del hombre, y de la mujer, está la destrucción, de uno de mismo o del otro. Así lo entendieron las narraciones mitológicas y sobre ellas construyó el psicoanálisis su relato.
Alex Michaelides ha escrito un libro sobre el crimen desde su concepción en el pensamiento. Aquí no hay huellas, pistolas humeantes, ni coartadas irrefutables. El auténtico detective, ya lo decía el legendario Hércules Poirot, de cuya creadora el autor se confiesa admirador, estudia la psique, la naturaleza humana que conduce a matar. El policía aquí es un psicoanalista que trata de llegar a la mente de una paciente, una pintora enmudecida tras el asesinato de su marido. Psicoanálisis sin palabras, comunicación a través del arte y el relato mitológico como metáfora del trastorno.
El thriller psicológico nos enfrenta a nuestros monstruos. Como el psicoanálisis, nos hace hurgar en nuestros orígenes, ahí donde habita lo peor y lo mejor de nosotros mismos. Todos somos destructores y redentores en potencia. Y a cada uno le corresponde al menos un papel.
Bea
