Cosas que se rompen

Series

El otro día me he enterado —de nuevo por el ¡Hola!— de la existencia de otro nuevo término creado para designar otra de esas cosas en las que no habíamos reparado hasta que les pusieron un nombre en inglés: la slow life. Aunque probablemente no es tan nuevo, y tampoco necesita que se explique mucho, para los que compartan mi despiste existencial diré que se trata, como estas dos palabras indican y los tiempos presentes sugieren, de huir de la aceleración constante causada por la vida moderna, con sus tecnologías y su megaconsumo, para encontrar la paz desacelerando. Ni madrugones, ni comida de franquicias, ni prisas, ni agobios. Y al parecer engloba toda una serie de aplicaciones slow (comida, cosmética, sexo,…).

Lo que me ha hecho pensar que estoy inclinada a ella es que me molestan mucho las entradas de dos series que merecen ser recomendadas: The Good Fight, el spin-off de The Good Wife, y Press, de la BBC. Tratándose de series que parecen haber sido pensadas para llamar la atención sobre lo frágil que es el mundo en que vivimos —en una a través de un bufete de abogados con especial peso de mujeres y afroamericanos en plena era Trump, en la otra desmontándose la premisa maniquea de que hay un buen y un mal periodismo— se entiende que en ambos casos se haya optado por hacer caer o explotar objetos. Son imágenes efectivas, muy obvias como metáforas y que, por tanto, cumplen bien su función de definir el mensaje; pero siempre me las salto. Observar a personajes de ficción peleando en este complejo presente es casi tan relajante como para un jubilado pasar la mañana pendiente de cómo avanza una obra. El que algo se caiga o explote, sin embargo, tiene otro efecto. Desasosiega.

CV