Hace unos años leí la novela de Emmanuel Carrère ‘El Reino’, y hace apenas unos minutos vi la película de Rodrigo Sorogoyen, también llamada ‘El Reino’. En el libro, Carrère nos sumerge en el barro de su pasado devoto para contar la historia del evangelio, en singular, con tiempo y una precisión casi histórica. Sorogoyen por su parte, desnuda el mecanismo de la fábrica política a partir de un guión muy verosímil.
Los dispositivos de estas dos fuerzas de dominación, religión y política, operan con distinto ritmo: mientras la novela construye con calma, la película nos devora con ansia. Pero ambas responden al mismo interés: la supervivencia de estos reinos a costa de nuestra entrega.
La similitud en el título de ambas obras no es simple coincidencia. Es la representación de una estructura que nos encadena desde lo más vulnerable: una con la sujeción de la fe; la otra, con la urgencia de la necesidad.

Marina Eleonora Rubio
