La serie no trata de dinero. Ni de gente con dinero. No importa la discusión de la crítica sobre comedia o drama. ¿Qué pasa cuándo se tiene tanto que el límite solo depende de uno mismo? Eso es lo que importa y de lo que trata Succession, la serie de HBO que va por su segunda temporada.
Los pases de comedia como resultado del exceso abochornado. El despilfarro de lo amoral. Y la presencia siempre constante de los mass media como fondo de escenario (igual a Vietnam, ese tajo profundo y absurdo de los americanos).
Nada de eso. Como en The Wire (que la muerte perdone mi blasfemia), lo que importa es la supervivencia. En este caso, al derroche. El desarrollo de cada personaje ante sí mismo y la nada. No la trama. No la infamia del uno por ciento que domina el mundo. Sino el entresijo, también ordinario, de quienes están detrás.
Si alguien necesita ‘saber de qué trata’ esta serie, extraje esta descripción de Wikipedia: »Succession sigue a la familia Roy – Logan Roy y sus cuatro hijos – que controlan uno de los conglomerados de medios y entretenimiento más grandes del mundo. La serie rastrea sus vidas mientras contemplan lo que les deparará el futuro una vez que su anciano padre abandone la compañía».
Marina Eleonora Rubio
