Gracias Tarantino

Cine y Series

Ante el despilfarro de imágenes planas, tontas y absurdas en todo tipo de pantallas, la llegada de ‘Érase una vez en Hollywood», la última película de Quentin Tarantino, es un regalo infinito.

Una obra completa en todos los sentidos posibles. Compleja, deliciosa.

Parábola del capitalismo con actuación sobre la actuación misma. Cita al cine con cine y televisión, a los hechos con historia y ficción, a lo inefable con violencia y humor. Todo eso en Los Ángeles, la ciudad de sus sueños de infancia (otra vez la referencia a la referencia) y del sueño americano, y con un alud de decisiones formales que provocan una cinestesia irrefrenable. Cambia de géneros (suspenso, drama, comedia, terror) en una secuencia. No piensa a sus personajes desde funcionales antagonismos. Nos obliga, como hizo Oliver Hirschbiegel con la película ‘La caída, a mirar un solo costado.

Es para ver varias veces y disfrutar el juego simultáneo de pliegues, metáfora, recursos y guiños, en clave de sátira viciada de esa américa medievalista cowboy.

Como extras: el tiempo de descanso para asentar cada giro, la secuencia gore
naivety, y ese final como promesa de otro mundo que nunca llegará.

Recordar: Tarantino no es Ken Loach. No hay que pedirle peras al olmo.

Marina Eleonora Rubio