A pesar de que mis esfuerzos por recomendar Penny Dreadful no sirvieron para que nadie me hiciese caso —que si me da miedo, que si hay mucha sangre, que si la vi cenando—, y aunque todavía me choca de vez en cuando descubrir que hay cosas que a mí me hechizan y a muchos otros les repelen —pienso en Annihilation, en Melancholia—, realmente creo que es bueno compartir el entusiasmo. Por ello, y porque varios amigos la han visto y les ha gustado, aquí va una lanza por Taboo, serie de ocho episodios que Tom Hardy —ese actor que parece una bomba de relojería— produjo y protagonizó a partir de una historia escrita por su padre. Se estrenó a principios de 2017 y al parecer (léase lo siguiente con tono entusiasta) va a tener una segunda temporada.
En el año 1814 un hombre atormentado regresa a un Londres grisáceo que recuerda a un Mordor en el que la Compañía de las Indias sería la Torre Oscura y su presidente Sauron. Las visiones que le persiguen, sus tatuajes y el modo en que se mueve, habla y mira llevan a pensar que ha perdido la cordura. En realidad, él sabe lo que el espectador desconoce, y poco a poco se lo irá revelando como quien reparte por entregas las piezas de un puzle. Bailes, duelos, piratas, una África oscura y una América lejana; un amor prohibido; secretos mal ocultados; astilleros malolientes envueltos en la bruma; personajes dickensianos.
Si alguien alguna vez se ha preguntado qué hizo Heathcliff en los tres años en los que estuvo fuera de Yorkshire, Taboo ofrece una posible respuesta.
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