La vida, la muerte y viceversa

Libros

Llegado a un punto en la vida creo que los pensamientos sobre la muerte y cómo vivir el tiempo restante empiezan a cobrar una presencia cada vez mayor. Y no lo digo en un sentido trágico. Creo que tiene –o debería tener- cierta naturalidad. Lo que sí creo que así se empieza a revertir algo que –al menos en Occidente- es justamente lo contrario: un ocultamiento de la caducidad de la vida, lo que conlleva una vida plagada en necesidades fútiles y sentimientos vacuos. Seguramente la sociedad de mercado y sus demandas comerciales no están lejos del origen de aquel “ocultamiento”.

En su libro “De vidas ajenas” –probablemente uno de mis favoritos y de los que más he regalado- Emmanuel Carrere toma este tema a partir de dos experiencias vividas en carne propia: unas vacaciones en Tailandia cuando el tsunami de 2004 donde muere la pequeña hija de un matrimonio amigo, y la muerte por cáncer de su cuñada, tiempo después. Con su pluma magistral describe los sentimientos suyos y de sus allegados en ambos momentos, lo que –dicho en un trazo grueso- le lleva a una conclusión contundente: la (mejor) vida de los enfermos terminales realmente comienza cuando deciden reconocer y enfrentar la enfermedad. La forma en que llega a esta conclusión es para mí sobrecogedora y aún hoy me estremece cada vez que recuerdo su lectura.

Ric Elias era un ejecutivo de marketing corriente cuando en enero de 2009 tuvo que hacer un viaje en el avión que realizó un aterrizaje forzoso en el río Hudson en Nueva York. En la charla de TED que dejo más abajo cuenta sus vivencias durante esa experiencia, la cual vivió en un asiento de la primera fila y en la que llegó a convencerse que iba a morir. En el vídeo de sólo cinco minutos cuenta esos terribles momentos y deja tres conclusiones que, adaptadas a la realidad de cada uno, deberían tomarse muy en cuenta.

JB Chorch

Rick Elias en TED: tres cosas que aprendí mientras mi avión se estrellaba

The Kominsky Method

Series

La tercera entrada del diccionario de la RAE para la voz ‘recomendar’ reza “aconsejar algo a alguien para bien suyo”. Poético, con un deje arcaico.

Como en el caso de las autoridades parafrasear es seguir sus indicaciones, para el bien de quien lea esto le aconsejo que vea El método Kominsky. Es ‘otra’ serie de televisión concebida para y producida por Netflix, pero no se parece a ninguna. Ocho episodios de poco más de veinte minutos en los que se ríe y llora alternativamente, o al mismo tiempo, desde el primero. Aunque gran parte de los creadores, productores, actores y cameos son conocidos, lo hacen tan bien que eso se olvida al instante. Las metas que debieron plantearse al inicio del proyecto tampoco son evidentes. Lo que probablemente demuestra que las alcanzaron. Es posible que se propusiesen representar, con ambición y humildad, algo tan amplio y complejo como la vida. Eso que los mortales valoramos tanto, de lo que dependemos tanto, y que tanto nos cuesta comprender.  

CV

En un principio, fue The Wire

Series

No recomendé todavía la ciudad de Baltimore (y no me explico por qué) aunque ver The Wire, es empezar a amarla. Pocos saben que tengo el mapa de la ciudad con los puntos más representativos de la serie, esa que se hizo clásica solo con la emisión de su primer capítulo. Pero Baltimore es solo la excusa. 

Pasemos a la serie. Ser ‘la mejor serie de la historia’ estos días no significa mucho, coexisten miles en esa categoría. Los que creen haber visto una, deberían ver The Wire. Si algo la define, es la sutileza (algo que los creadores seriales fueron perdiendo en pos de de tramas complejas, efectos especiales superlativos, giros inesperados y bla bla).

The Wire no. Es una serie sobre policías que persiguen delincuentes. El argumento más trillado de la historia. ¿Qué tiene de diferente entonces? Que los personajes parecen personas. Que la historia no va sobre los personajes sino sobre el sistema. Que el protagonista no es una persona sino una comunidad. Que las historias pasan como nos pasan a nosotros las contradicciones, los conflictos y la insatisfacción. 

David Simon, su creador, hizo lo más difícil: trabajar con matices mínimos, centrarse en historias simples, escapar de victorias y redenciones dramáticas. 

Eso sí, dedíquenle tiempo. No es una serie para apurarse. No se puede adelantar: cada escena importa (inclusive cuando algún personaje, cansado, se queda dormido, porque eso le pasa a las personas con sueño).

Marina Eleonora Rubio

Los misteriosos Bartleby

Cine y Series, Libros, Literatura y Poesía, Películas

¿Por qué deja alguien de hacer algo que se le da bien? El enigma se formula en uno de los relatos más conocidos de Herman Melville, “Bartleby the Scrivener: A Story of Wall Street”, y abundan las interpretaciones. Algunas se deben a Jorge Luis Borges, autor de una versión en español —“Bartleby, el escribiente”— que tal vez sea las más célebre de sus traducciones; aunque el propio Borges dejó escrito —en “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”— que “la solución del misterio siempre es inferior al misterio mismo”. Y el relato de Melville lo prueba: las interpretaciones van y vienen, pero el texto permanece.

El enigma también.

Siguiendo la pista de muchos Bartleby de la literatura, Enrique Vila Matas escribió un ensayo absolutamente recomendable; probablemente uno de los mejores “libros sobre libros” que se pueden encontrar. Partiendo de un enfoque completamente diferente, pero retomando el tema, Nick Hornby publicó hace casi diez años Juliet, Naked, una novela sobre un músico que, como tantos otros Bartleby, lleva décadas sin publicar. La reciente adaptación cinematográfica de esta historia mantiene en equilibrio varias de las temáticas presentes en el libro: el compromiso, el paso del tiempo, la paternidad/maternidad, las relaciones románticas, las crisis existenciales, las no-decisiones que nos marcan, … Ethan Hawke encarna al artista retirado, y su sola presencia hace que recordemos cosas que en el pasado nos gustaron; lo que desencadena una nostalgia muy importante para empatizar con la trama. La solución del misterio tiene un efecto parecido. Es decepcionante, hace desaparecer la magia y nos trae a un presente muy real. Lo que ocurre es que, curiosamente, ese ‘aterrizaje’ es bonito.

CV

Imagen de https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=31695451

Naúfragos

Fotografías

En el noticiero del mediodía de ayer en la 1 de Televisión Española se informaba que el Mediterráneo “había devuelto” en Cádiz (España) el cadáver Nº 12 de una cáscara de nuez -familiarmente llamada patera- que transportaba 40 refugiados subsaharianos, entre ellos varios niños, que naufragó la semana pasada. Para complementar el dato se informaba que en el año ya habían muerto 652 personas tratando de cruzar el Mediterráneo. Y muchos miles (¿10, 20, 30 mil?…) desde que se empezaron a contar. (+info)

Fotos: Javier Bauluz y EFE

Ya he tocado varias veces el tema de los refugiados que huyen principalmente de un Africa desvastada por la explotación y el abandono (curiosa paradoja) de Occidente. Y confieso que me sigo preguntando si es un tema que amerite tanta dedicación en un blog como MdC, que pretende ser un “Lugar de recomendaciones”, un espacio donde algunas miradas sugieren a otros dónde y qué mirar. No tengo una respuesta clara a eso. Quizás por eso lo sigo haciendo, hasta encontrarla.

Y paso directamente a mi post de hoy, ahorrando a los lectores la lectura de mis palabras para usarla en la recomendación, ya que no es más un artículo de la revista La Marea firmado por Patricia Simón (periodista freelance) y con fotografías de Javier Bauluz (primer español que recibió un Pulitzer), donde describen hasta doler el estómago en qué consiste esa fatal combinación de náufrago y migrante.

JB Chorch

Enlace al artículo: Cuando los naufragos son migrantes