En un principio, fue The Wire

Series

No recomendé todavía la ciudad de Baltimore (y no me explico por qué) aunque ver The Wire, es empezar a amarla. Pocos saben que tengo el mapa de la ciudad con los puntos más representativos de la serie, esa que se hizo clásica solo con la emisión de su primer capítulo. Pero Baltimore es solo la excusa. 

Pasemos a la serie. Ser ‘la mejor serie de la historia’ estos días no significa mucho, coexisten miles en esa categoría. Los que creen haber visto una, deberían ver The Wire. Si algo la define, es la sutileza (algo que los creadores seriales fueron perdiendo en pos de de tramas complejas, efectos especiales superlativos, giros inesperados y bla bla).

The Wire no. Es una serie sobre policías que persiguen delincuentes. El argumento más trillado de la historia. ¿Qué tiene de diferente entonces? Que los personajes parecen personas. Que la historia no va sobre los personajes sino sobre el sistema. Que el protagonista no es una persona sino una comunidad. Que las historias pasan como nos pasan a nosotros las contradicciones, los conflictos y la insatisfacción. 

David Simon, su creador, hizo lo más difícil: trabajar con matices mínimos, centrarse en historias simples, escapar de victorias y redenciones dramáticas. 

Eso sí, dedíquenle tiempo. No es una serie para apurarse. No se puede adelantar: cada escena importa (inclusive cuando algún personaje, cansado, se queda dormido, porque eso le pasa a las personas con sueño).

Marina Eleonora Rubio