¿Cómo no amarlo?

Documentales, Libros

Noam Chomsky. Crédito foto: Haymarket Books

Inabarcable. No alcanza la vida para leer, escuchar y pensar lo que Noam Chomsky propone. Y todo, pero todo, vale cada instante. 

Detesta a los intelectuales, dice fácil lo que sabe. Lo entrevistan desde conductores, producto de su crítica más elemental, hasta físicos cuánticos. Ante cada oportunidad, tira una nueva semilla al viento: repite incansablemente cómo debemos estar atentos a los modos de dominación que ejercen los medios. Estudió como pocos el lenguaje. En mis años de fanatismo lingüístico, intenté seguirlo. Intento todo por él. Logro poco, no puedo leer todo lo que escribe. Pero moriré en ese intento. 

Marina Eleonora Rubio

La manufactura del consentimiento: 

Dirigida por Mark Achbar, Peter Wintonick (1992) 

Chomsky & Krauss: An Origins Project Dialogue (2015)

En la piel de un refugiado

Fotografías, Internet y RRSS

Foto: Fernando del Berro

El problema de los refugiados me toca tanto que seguramente entro en la categoría de los “buenistas”, nombre despectivo con que se designa en España – y probablemente en toda esta Europa cada vez más presa de la xenofobia – a todo aquel que expresa abiertamente y sin matices su preocupación por aquellos que intentan cruzar el Mediterráneo para escapar del horror de sus países.

Se calcula que son más de 60 millones, y creciendo, las personas que en todo el mundo huyen de su tierra de origen, ya sea por calamidades climáticas, por guerras, persecusión política o, simplemente, por hambre, en búsqueda de un poco de paz y tranquilidad.

No estoy seguro si mi preocupación deriva de que yo mismo soy un emigrado (aunque en condiciones que no admiten comparación con aquellos que, simplemente, huyen) o de un grado de conciencia que no puede mirar hacia otro lado. Lo que si sé que esas razones, más otras – ahora no visibles o identificables – me llevan inevitablemente a intentar ponerme en su lugar, aunque no se me escapa que eso no deja de ser un mero ejercicio de abstracción porque tal nivel de sufrimiento es irreproducible.

Sin embargo, este medio hace posible una aproximación a esas vivencias y, de alguna manera, ponerse en la piel de un refugiado y de las decisiones que se ve obligado a tomar. Decisiones que marcan su cotidianeidad como muy pocas veces un europeo – y los que se denominan occidentales, en general – deben enfrentar. Entrad al enlace de más abajo y luego me contáis.

JB Chorch

En la piel de un refugiado

Espías sesenteros

Cine y Series, Películas, Series

En los años sesenta, en plena Guerra Fría, una organización internacional obliga a trabajar juntos a un espía ruso y uno norteamericano. Este es el sencillo punto de partida de The Man from U.N.C.L.E., remake de una serie de la época y una de mis películas favoritas. En su día (2015) fue un fracaso en taquilla y gustó poco a los especialistas. A quienes compartan la opinión de la crítica —que vino a decir, grosso modo, que la historia es insustancial e inverosímil— les diría que, precisamente por ser la trama simple y fantasiosa, el ritmo, los diálogos y el estilo tienen todo el protagonismo. Da igual que la hayas visto una o cien veces, que puedas adivinar lo que va a pasar o saber de memoria las letras de las músicas: en cada visionado The Man from U.N.C.L.E. transporta a una deliciosa idealización de la Italia de los sesenta por la que pasean, derrochando estilo y sentido del humor, espías a los que casi todo les sale bien, y acompañarlos es siempre placentero.

Algunas películas van haciendo carrera a medida que pasa el tiempo, y últimamente los actores están dejando caer que puede que esto se convierta en una franquicia. Mientras los grandes estudios deciden si compensa gastar un dineral en una secuela, y a la espera de que Netflix tenga a bien volver a ponerla en la parrilla, la misma plataforma ha producido Au Service de la France. Es Francia en vez de Italia, los espías son más torpes y al principio cuesta —a mí al menos— pillar el sentido del humor galo; pero también recrea ese mundo analógico en el que había menos cosas y menos gente, y lo que había era bonito.

CV

Un tipo llamado Mark

Documentales

Empecé este post recomendando novelas largas. No una en particular, sino atreverse a leer novelas extensas. Escribía sobre la desidia, el miedo o la mala prensa que las acompañan. Era una oda a recorrer ese mundo mágico, como la montaña de Thomas Mann, el quijote de Cervantes, el incansable Ulises de Joyce; o la vida, entre la guerra y la paz, del conde Pierre de Tolstoi.

Estaba en eso cuando una pestaña del escritorio ( sí, los escritorios modernos tienen pestañas) llamó mi atención. La abrí. La noticia de un video sin editar, con sonido y música en alta definición, del momento de la caída de las torres gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, se estaba haciendo viral.  Me sorprendió que la noticia no tuviera análisis. Casi un titular y una bajada que presentaba el link a youtube. Más que un lanzamiento, parecía un video filtrado. Diecisiete años después. Como si las redacciones no hubieran tenido tiempo de analizar. Empecé el post con menos de un millón de reproducciones, ahora lleva cuatro.

No hay morbo, no hay sangre, casi no hay dolor. Son treinta minutos desde el momento en que Mark LaGanga, un camarógrafo de la cadena CBS, enciende la cámara hasta que la apaga, después del colapso de la segunda torre. No tiene voz en off. Como los buenos escritores, no cuenta, muestra lo que ve. 

Se detiene en una paloma, después de que la torre cae, y todo queda negro por minutos (negro y mudo). La paloma está tan aturdida como él, los dos frente a algo que no tienen capacidad de procesar. Polvo, destrucción de todo. Se me vino Michael Haneke a la cabeza y su truco de no contar en las películas lo siniestro que acontece.  

LaGanga deja la cámara encendida, camina y registra. Se mete en el lobby de una de las torres del World Trade Center, se cruza con bomberos, policías, zombies que arrastran lo que queda de su mañana. No grita ni cuando la torre se le viene encima. ¿Sorpresa o profesionalismo?

Lo miré sin preguntarme nada. Dejándome llevar por lo que él vio, mirando dónde él se detuvo, cuando ni él ni nadie de los que se cruzaba, entendía qué pasaba.

El valor del registro es poder:

https://www.youtube.com/watch?v=ECkExPzMANw

(ESTE NO ES EL LINK ORIGINAL)

Marina Eleonora Rubio

Imágenes y palabras

Arte

Uno de los lugares comunes más comunes es aquel que dice que una imagen vale más que mil palabras. No pretenderé en este post deconstruir ese tópico sino más bien, creo, que terminará reforzado.

Gerhard Haderer es un dibujante austríaco nacido en 1951 que lleva ya varias décadas trabajando con ilustraciones satíricas, destacando en ellas de manera muy corrosiva la “imperfección” de la sociedad actual. Como era de esperar, Gerhard ha tenido que enfrentar querellas por sus trabajos, como cuando uno de sus libros, La vida de Jesús, provocó reacciones violentas en Austria, especialmente por parte de la Iglesia Católica. Y, en 2005, fue encarcelado en Grecia por “insultar a la comunidad religiosa”.

Haderer desarrolló su estilo ya en sus inicios, cuando trabajaba como diseñador gráfico e ilustrador para agencias publicitarias; pero no fue 1985 -cuando tuvo que ser operado de cáncer- que dejó sus actividades más publicitarias y se convirtió en caricaturista freelance e ilustrador satírico.

En fin, un poco de información de contexto -fácilmente encontrable navegando por Internet- o, más simplemente, las “palabras” de aquel tópico.

Aquí las imágenes: http://www.misgafasdepasta.com/gerhard-haderer/

JB Chorch