Guerrillero de sí mismo

Biografías y entrevistas, Cine y Series

Así definió Gonzalo Sáenz de Buruaga a José Val del Omar, el granadino místico del cine, muerto en un accidente de auto en 1982 (Buruaga, además de haber sido su yerno, es uno de los especialistas más reconocidos de su obra). Están quienes definen a este genio como un temblor, una explosión de luz, agua y sonido. Val del Omar decía de sí mismo: “Soy un río cuya alegría es derramarse”, “vinimos por el agua -nos hicieron barro. El fuego de la vida nos va secando”. 

A los dieciséis años fue a estudiar cine a Paris. Diez años después, rueda su primera película (asumiendo los papeles de guionista, productor, montador, fotógrafo y director). No conforme con la factura final, y sin importarle las más de 150.000 pesetas que había invertido (un verdadero dineral en aquella época), quema los negativos y se encierra por un año. Como resultado de tanta reflexión, a los treinta y cinco años, había filmado cuarenta y siete documentales. En 1930 se erige como líder nacional español de la lucha contra la colonización cultural y hegemónica del cine americano. Abogaba por la ‘pedagogía kinestésica’: participó desde 1932 a 1937 de las Misiones Pedagógicas (proyecto de solidaridad cultural patrocinado por el Gobierno de la Segunda República Española) y, ya en Valencia, del equipo de salvaguarda de los miles de cuadros que partieron para del Museo del Prado rumbo a Ginebra en 1936. 

Su forma de trabajar el sonido y las texturas visuales son, junto con los inventos tecnológicos que creó a lo largo de su vida, joyas imprescindibles de la historia del cine, tal como puede comprobarse con su obra: Tríptico Elemental de España (rodada entre 1953 y mediados de los sesenta). 

Marina Eleonora Rubio


Peluquería y psicología

Documentales, Series

Foto: Esquire

Se suele decir que la mejor virtud que debe tener un buen peluquero es ser un buen psicólogo (vale también para femenino, pero no es el caso). En la comunidad negra de EEUU esto no sólo es así sino que las barberías son un centro social fundamental para sus integrantes. Con esta premisa HBO se ha unido con la estrella de la NBA Lebron James para realizar una docuserie interesantísima llamada así: The Shop.

Se suele decir que la mejor virtud que debe tener un buen peluquero es ser un buen psicólogo (vale también para femenino, pero no es el caso). En la comunidad negra de EEUU esto no sólo es así sino que las barberías son un centro social fundamental para sus integrantes.

En realidad, lo único que la emparenta con la mayoría de las series en auge es que son varios capítulos (diez en este primera temporada), pero fuera de eso poco. The Shop no tiene guión ni continuidad, por lo que cada uno de sus capítulos puede verse sin orden ni prevalencia. Con una duración de media hora cada capítulo junta a Lebron y su amigo Maverick Carter -siempre presentes- con toda una serie de figuras del deporte y el espectáculo americano a una cosa muy démodeé y que es… hablar.

Y lo realmente sorprendente (prejuicios afuera) es que el resultado final no sólo no es malo sino que por momentos resulta brillante. Resulta brillante ver a mega stars -y super ricos- hablar sin miedos y con mucha claridad (ok, la edición puede ayudar bastante) de temas que van desde el racismo hacia la población afroamericana hasta el miedo de cómo criar a los hijos o la responsabilidad de ser figuras públicas. Todo ello sin caer en lugares comunes, claro, que es una de las claves del asunto. Además, la dirección de cámaras tiene la habilidad necesaria como para que este diálogo con múltiples voces resulte ágil y entretenido. Tanto, que no es necesario que te guste el deporte para disfrutarla. 

Consideración final: no esperéis grandes disquisiciones intelectuales sobre la existencia ni conclusiones de alto nivel filosófico. Ni lo pretende. Lo cual no significa que no haya profundidad. Se trata de… En fin, cualquiera que haya ido alguna vez a una peluquería de barrio sabe de que estoy hablando.

JB Chorch

Cosas que se rompen

Series

El otro día me he enterado —de nuevo por el ¡Hola!— de la existencia de otro nuevo término creado para designar otra de esas cosas en las que no habíamos reparado hasta que les pusieron un nombre en inglés: la slow life. Aunque probablemente no es tan nuevo, y tampoco necesita que se explique mucho, para los que compartan mi despiste existencial diré que se trata, como estas dos palabras indican y los tiempos presentes sugieren, de huir de la aceleración constante causada por la vida moderna, con sus tecnologías y su megaconsumo, para encontrar la paz desacelerando. Ni madrugones, ni comida de franquicias, ni prisas, ni agobios. Y al parecer engloba toda una serie de aplicaciones slow (comida, cosmética, sexo,…).

Lo que me ha hecho pensar que estoy inclinada a ella es que me molestan mucho las entradas de dos series que merecen ser recomendadas: The Good Fight, el spin-off de The Good Wife, y Press, de la BBC. Tratándose de series que parecen haber sido pensadas para llamar la atención sobre lo frágil que es el mundo en que vivimos —en una a través de un bufete de abogados con especial peso de mujeres y afroamericanos en plena era Trump, en la otra desmontándose la premisa maniquea de que hay un buen y un mal periodismo— se entiende que en ambos casos se haya optado por hacer caer o explotar objetos. Son imágenes efectivas, muy obvias como metáforas y que, por tanto, cumplen bien su función de definir el mensaje; pero siempre me las salto. Observar a personajes de ficción peleando en este complejo presente es casi tan relajante como para un jubilado pasar la mañana pendiente de cómo avanza una obra. El que algo se caiga o explote, sin embargo, tiene otro efecto. Desasosiega.

CV

Cuerpo de Limón

Cine y Series, Danza y Teatro, Documentales

Nací el mismo año en que José Limón murió: 1972.

Bailarín, maestro de danza y coreógrafo, Limón revolucionó la danza moderna. Con todo lo que me gusta bailar, no supe nada de él hasta ayer.

No quiero que a otros les pase lo mismo. Me cae bien Limón. Por eso les traigo este documental: vigoroso, decidido, comprometido. De haberlo visto a mis veinte (la edad en que él empezó a bailar) sería bailarina.

Marina Eleonora Rubio

Derivaciones acerca de lo obvio

Cine y Series, Películas, Videos

Sabemos que no existe consenso posible acerca de las cosas. Ni de los hechos. Todo es interpretación (y azar). Pero las formas en que compruebo una y otra vez esta certeza son para compartir: hace dos días, una persona muy cercana se sorprendió cuando le hablé de los Minions. No sabía de qué le estaba hablando. Tuve que googlear al ‘sujeto’ en cuestión y mostrarle la imagen. No. Nunca había visto un Minion (me gusta usarlo así, en mayúscula, como modo de ofrecerle respeto) en su vida. Es cierto, no tiene hijos. Aunque la maquinaria de Universal Pictures (padres financieros de los Minions) me hacía suponer que no podía existir alguien en una ciudad con acceso a internet, cine, televisión y contacto permanente con gente de todas las edades que estuviera por fuera del alcance propagandístico de su marketing. Existe. Doy fe. 

Por eso hoy recomiendo a los Minions. Son la especie animada más maravillosa que creó el hombre (dejo para otro posteo los aspectos críticos). Los pueden encontrar en cines, youtube, o cualquier sitio de internet (ya quisiera que alguien creara los Minions go para, además, encontrarlos por la calle).

Despicable Me 

Mi Villano Favorito 

Mi Villano Favorito 2

Despicable Me 3

Marina Eleonora Rubio