Foto: Esquire
Se suele decir que la mejor virtud que debe tener un buen peluquero es ser un buen psicólogo (vale también para femenino, pero no es el caso). En la comunidad negra de EEUU esto no sólo es así sino que las barberías son un centro social fundamental para sus integrantes. Con esta premisa HBO se ha unido con la estrella de la NBA Lebron James para realizar una docuserie interesantísima llamada así: The Shop.
Se suele decir que la mejor virtud que debe tener un buen peluquero es ser un buen psicólogo (vale también para femenino, pero no es el caso). En la comunidad negra de EEUU esto no sólo es así sino que las barberías son un centro social fundamental para sus integrantes.
En realidad, lo único que la emparenta con la mayoría de las series en auge es que son varios capítulos (diez en este primera temporada), pero fuera de eso poco. The Shop no tiene guión ni continuidad, por lo que cada uno de sus capítulos puede verse sin orden ni prevalencia. Con una duración de media hora cada capítulo junta a Lebron y su amigo Maverick Carter -siempre presentes- con toda una serie de figuras del deporte y el espectáculo americano a una cosa muy démodeé y que es… hablar.
Y lo realmente sorprendente (prejuicios afuera) es que el resultado final no sólo no es malo sino que por momentos resulta brillante. Resulta brillante ver a mega stars -y super ricos- hablar sin miedos y con mucha claridad (ok, la edición puede ayudar bastante) de temas que van desde el racismo hacia la población afroamericana hasta el miedo de cómo criar a los hijos o la responsabilidad de ser figuras públicas. Todo ello sin caer en lugares comunes, claro, que es una de las claves del asunto. Además, la dirección de cámaras tiene la habilidad necesaria como para que este diálogo con múltiples voces resulte ágil y entretenido. Tanto, que no es necesario que te guste el deporte para disfrutarla.
Consideración final: no esperéis grandes disquisiciones intelectuales sobre la existencia ni conclusiones de alto nivel filosófico. Ni lo pretende. Lo cual no significa que no haya profundidad. Se trata de… En fin, cualquiera que haya ido alguna vez a una peluquería de barrio sabe de que estoy hablando.
JB Chorch
