Todos los caminos conducen a ROMA

Cine y Series, Películas

Alfonso Cuarón, cineasta mexicano director de la premiada Gravedad, inventó con Roma todo un género: la novela audiovisual (sugiero verla como se empieza un libro que nos recomiendan: sin necesidad de saber el argumento).

Quienes no la hayan visto, no pierdan un segundo que su paso por las salas de cine es veloz (y simbólico, para poder participar de premios y festivales, ya que compite con su propio estreno casi simultáneo en Netflix). 

Filmada en blanco y negro, fluye como agua. Cuarón construye una narración tan sólida como un plano secuencia inmenso, repleto de detalles y generoso de sutilezas (¿cómo no ver un homenaje a Abbas Kiarostami y a Roberto Rossellini?).

La película (¿o debería decir ‘la novela’?) teje con hilos de oro prejuicios que se da el gusto de derrumbar, para volverlos a construir, con cemento, en la escena siguiente (la primera y segunda visita al hospital son un ejemplo inverso perfecto).

En Roma todo es fractal, cada escena es más inmensa que el mar, ese que muestra de perfil en una secuencia memorable: nos hace viajar a nuestra infancia (¿quién no se vio con esa abuela yendo al cine?), nos interpela con la naturalidad amorosa que presenta esa vida de esclavitud, esa forma de aceptación, sin adjetivos, de la protagonista. Y nos muestra ese México igualito al de hoy, solo que sin celulares.

Marina Eleonora Rubio

Sobran las palabras

Cine y Series, Películas

Lo hizo de nuevo: Abbas Kiarostami volvió (antes de irse por un tiempo a ese paseo que algunos llegan primero) con 24 Frames, su película del 2017 estrenada en Cannes. 

De visión imprescindible. En homenaje a él, ni una palabra más. 

Marina Eleonora Rubio

Boca a boca

Series

Cuando se cae el sistema, cuando nos perdemos justo la parte del programa donde recomiendan qué ver, cuando el calor (o el frío o el gobierno) hace colapsar el servicio de luz eléctrica, los trovadores de sugerencias nunca defraudan. Desde septiembre, la serie producida (y dirigida en algunos capítulos) por Michel Gondry y protagonizada (y producida) por Jim Carrey, empezó su circuito comercial y yo sin enterarme. Tuvo que ser una compañera de un taller al que asisto, quien entre blanco titanio y azul de prusia, me habló de Kidding. Ni bien llegar a casa la busqué. Ni bien la encontré, degusté su primera temporada sin el conocimiento de la crítica ni otra información que el título. 

Me gustaría que tuvieran la misma sensación, que se atrevan a los supuestos del comienzo y sin otro dato que la curiosidad, surfeen la experiencia de este nuevo encuentro de Carrey & Gondry.

Nota: como todo sabor adquirido, Jim Carrey gana con la constancia de verlo en pantalla y el paso del tiempo. Tanto, que ya es para mí como las aceitunas negras o el cabernet sauvignon.

Spoiler: 

Pero si no pudieron evitarlo, y siguieron leyendo pese a la advertencia, se encontrarán con una parábola de la autobiografía del actor. Y si no le dieron tiempo ni constancia a su risotada, éste es el momento de empezar: no hay risa con mayor tristeza en el mundo.

Marina Eleonora Rubio

The Kominsky Method

Series

La tercera entrada del diccionario de la RAE para la voz ‘recomendar’ reza “aconsejar algo a alguien para bien suyo”. Poético, con un deje arcaico.

Como en el caso de las autoridades parafrasear es seguir sus indicaciones, para el bien de quien lea esto le aconsejo que vea El método Kominsky. Es ‘otra’ serie de televisión concebida para y producida por Netflix, pero no se parece a ninguna. Ocho episodios de poco más de veinte minutos en los que se ríe y llora alternativamente, o al mismo tiempo, desde el primero. Aunque gran parte de los creadores, productores, actores y cameos son conocidos, lo hacen tan bien que eso se olvida al instante. Las metas que debieron plantearse al inicio del proyecto tampoco son evidentes. Lo que probablemente demuestra que las alcanzaron. Es posible que se propusiesen representar, con ambición y humildad, algo tan amplio y complejo como la vida. Eso que los mortales valoramos tanto, de lo que dependemos tanto, y que tanto nos cuesta comprender.  

CV

En un principio, fue The Wire

Series

No recomendé todavía la ciudad de Baltimore (y no me explico por qué) aunque ver The Wire, es empezar a amarla. Pocos saben que tengo el mapa de la ciudad con los puntos más representativos de la serie, esa que se hizo clásica solo con la emisión de su primer capítulo. Pero Baltimore es solo la excusa. 

Pasemos a la serie. Ser ‘la mejor serie de la historia’ estos días no significa mucho, coexisten miles en esa categoría. Los que creen haber visto una, deberían ver The Wire. Si algo la define, es la sutileza (algo que los creadores seriales fueron perdiendo en pos de de tramas complejas, efectos especiales superlativos, giros inesperados y bla bla).

The Wire no. Es una serie sobre policías que persiguen delincuentes. El argumento más trillado de la historia. ¿Qué tiene de diferente entonces? Que los personajes parecen personas. Que la historia no va sobre los personajes sino sobre el sistema. Que el protagonista no es una persona sino una comunidad. Que las historias pasan como nos pasan a nosotros las contradicciones, los conflictos y la insatisfacción. 

David Simon, su creador, hizo lo más difícil: trabajar con matices mínimos, centrarse en historias simples, escapar de victorias y redenciones dramáticas. 

Eso sí, dedíquenle tiempo. No es una serie para apurarse. No se puede adelantar: cada escena importa (inclusive cuando algún personaje, cansado, se queda dormido, porque eso le pasa a las personas con sueño).

Marina Eleonora Rubio