El punto más profundo de la tierra

Danza y Teatro, Links
Ph: Horacio Baltanás

La Veronal es una compañía de danza que hay que fichar (podría recomendarles Voronia, la inmejorable obra que ya lleva cinco años girando por el mundo, pero sería sólo porque la vi anoche -de ahí son las imágenes que ilustran este post-).

La compañía no baila, se esparce sobre el escenario como moléculas. Se desplaza como el amor, llega a un punto y sorprende como un abrazo. Compone la esencia de la idea antes de la idea. Sabe contar. Y cuenta hasta en latín. Habla el lenguaje de los minions mejor que ellos mismos. Domina el código, la invención y la sorpresa. Reviven a Marceau y al breakdance en un mismo movimiento.

No. No es danza. No hemos inventado todavía una palabra (por suerte) que los defina. Que los encierre. La Veronal no necesita eso. Solo a Marcos Morau, su director, y al equipo completo, para que nos sigan regalando al mundo una obra por año.

Marina Eleonora Rubio

http://www.laveronal.com/piezas/

Guerrillero de sí mismo

Biografías y entrevistas, Cine y Series

Así definió Gonzalo Sáenz de Buruaga a José Val del Omar, el granadino místico del cine, muerto en un accidente de auto en 1982 (Buruaga, además de haber sido su yerno, es uno de los especialistas más reconocidos de su obra). Están quienes definen a este genio como un temblor, una explosión de luz, agua y sonido. Val del Omar decía de sí mismo: “Soy un río cuya alegría es derramarse”, “vinimos por el agua -nos hicieron barro. El fuego de la vida nos va secando”. 

A los dieciséis años fue a estudiar cine a Paris. Diez años después, rueda su primera película (asumiendo los papeles de guionista, productor, montador, fotógrafo y director). No conforme con la factura final, y sin importarle las más de 150.000 pesetas que había invertido (un verdadero dineral en aquella época), quema los negativos y se encierra por un año. Como resultado de tanta reflexión, a los treinta y cinco años, había filmado cuarenta y siete documentales. En 1930 se erige como líder nacional español de la lucha contra la colonización cultural y hegemónica del cine americano. Abogaba por la ‘pedagogía kinestésica’: participó desde 1932 a 1937 de las Misiones Pedagógicas (proyecto de solidaridad cultural patrocinado por el Gobierno de la Segunda República Española) y, ya en Valencia, del equipo de salvaguarda de los miles de cuadros que partieron para del Museo del Prado rumbo a Ginebra en 1936. 

Su forma de trabajar el sonido y las texturas visuales son, junto con los inventos tecnológicos que creó a lo largo de su vida, joyas imprescindibles de la historia del cine, tal como puede comprobarse con su obra: Tríptico Elemental de España (rodada entre 1953 y mediados de los sesenta). 

Marina Eleonora Rubio


Todos los caminos conducen a ROMA

Cine y Series, Películas

Alfonso Cuarón, cineasta mexicano director de la premiada Gravedad, inventó con Roma todo un género: la novela audiovisual (sugiero verla como se empieza un libro que nos recomiendan: sin necesidad de saber el argumento).

Quienes no la hayan visto, no pierdan un segundo que su paso por las salas de cine es veloz (y simbólico, para poder participar de premios y festivales, ya que compite con su propio estreno casi simultáneo en Netflix). 

Filmada en blanco y negro, fluye como agua. Cuarón construye una narración tan sólida como un plano secuencia inmenso, repleto de detalles y generoso de sutilezas (¿cómo no ver un homenaje a Abbas Kiarostami y a Roberto Rossellini?).

La película (¿o debería decir ‘la novela’?) teje con hilos de oro prejuicios que se da el gusto de derrumbar, para volverlos a construir, con cemento, en la escena siguiente (la primera y segunda visita al hospital son un ejemplo inverso perfecto).

En Roma todo es fractal, cada escena es más inmensa que el mar, ese que muestra de perfil en una secuencia memorable: nos hace viajar a nuestra infancia (¿quién no se vio con esa abuela yendo al cine?), nos interpela con la naturalidad amorosa que presenta esa vida de esclavitud, esa forma de aceptación, sin adjetivos, de la protagonista. Y nos muestra ese México igualito al de hoy, solo que sin celulares.

Marina Eleonora Rubio

Boca a boca

Series

Cuando se cae el sistema, cuando nos perdemos justo la parte del programa donde recomiendan qué ver, cuando el calor (o el frío o el gobierno) hace colapsar el servicio de luz eléctrica, los trovadores de sugerencias nunca defraudan. Desde septiembre, la serie producida (y dirigida en algunos capítulos) por Michel Gondry y protagonizada (y producida) por Jim Carrey, empezó su circuito comercial y yo sin enterarme. Tuvo que ser una compañera de un taller al que asisto, quien entre blanco titanio y azul de prusia, me habló de Kidding. Ni bien llegar a casa la busqué. Ni bien la encontré, degusté su primera temporada sin el conocimiento de la crítica ni otra información que el título. 

Me gustaría que tuvieran la misma sensación, que se atrevan a los supuestos del comienzo y sin otro dato que la curiosidad, surfeen la experiencia de este nuevo encuentro de Carrey & Gondry.

Nota: como todo sabor adquirido, Jim Carrey gana con la constancia de verlo en pantalla y el paso del tiempo. Tanto, que ya es para mí como las aceitunas negras o el cabernet sauvignon.

Spoiler: 

Pero si no pudieron evitarlo, y siguieron leyendo pese a la advertencia, se encontrarán con una parábola de la autobiografía del actor. Y si no le dieron tiempo ni constancia a su risotada, éste es el momento de empezar: no hay risa con mayor tristeza en el mundo.

Marina Eleonora Rubio

En un principio, fue The Wire

Series

No recomendé todavía la ciudad de Baltimore (y no me explico por qué) aunque ver The Wire, es empezar a amarla. Pocos saben que tengo el mapa de la ciudad con los puntos más representativos de la serie, esa que se hizo clásica solo con la emisión de su primer capítulo. Pero Baltimore es solo la excusa. 

Pasemos a la serie. Ser ‘la mejor serie de la historia’ estos días no significa mucho, coexisten miles en esa categoría. Los que creen haber visto una, deberían ver The Wire. Si algo la define, es la sutileza (algo que los creadores seriales fueron perdiendo en pos de de tramas complejas, efectos especiales superlativos, giros inesperados y bla bla).

The Wire no. Es una serie sobre policías que persiguen delincuentes. El argumento más trillado de la historia. ¿Qué tiene de diferente entonces? Que los personajes parecen personas. Que la historia no va sobre los personajes sino sobre el sistema. Que el protagonista no es una persona sino una comunidad. Que las historias pasan como nos pasan a nosotros las contradicciones, los conflictos y la insatisfacción. 

David Simon, su creador, hizo lo más difícil: trabajar con matices mínimos, centrarse en historias simples, escapar de victorias y redenciones dramáticas. 

Eso sí, dedíquenle tiempo. No es una serie para apurarse. No se puede adelantar: cada escena importa (inclusive cuando algún personaje, cansado, se queda dormido, porque eso le pasa a las personas con sueño).

Marina Eleonora Rubio