Sixto Rodríguez grabó un disco en Detroit, tan pero tan bueno, que después le propusieron grabar otro. De nada sirvió, no vendió más que un puñado de copias.
Más de veinte años después, un periodista de Sudáfrica le cuenta que allá es más conocido que Elvis. Uno de esos pocos discos vendidos había viajado en la valija de una turista, y en tierras africanas la cosa sí había funcionado.
Ícono de la lucha contra el apartheid y banda sonora de su movimiento, Rodríguez no tenía idea de que era un rock star hasta que lo fueron a buscar.
El documental es un lujito como pocos, por la historia y la realización:
Marina Eleonora Rubio
